Cito a la Dra. María L. Ávila Agüero: La vida es un estado altamente improbable de la materia. De los mismos elementos que forman el polvo, el agua y las estrellas, surgió algo capaz de respirar, sentir, recordar, amar y preguntarse por su propia existencia. El biólogo Ludwig Bertalanffy escribió que los organismos vivos se mantienen en un estado “fantásticamente improbable”. Existir es, en sí mismo, extraordinario (Foro de La Nación, 16/09/2026)
Tenemos una rara inclinación a no apreciar lo valioso abundante. El agua, el oxígeno y la vida, son abundantes. ¿Cuál ejercicio, cuál reflexión, cuál meditación nos ayudaría a valorar la vida? ¡Cuán ricos nos sentiríamos si tuviéramos la conciencia del valor de la vida! La vida es un don. Es un regalo. No hicimos nada por merecerla y hacemos muy poco por conservarla. Abrámosla hacia otros. Esa sería una forma de agradecerla. Una forma justa de corresponder al regalo.
Me gusta mucho una alabanza de Rabindranath Tagore que leí hace tiempo: Oh Tú, que te expresas a Ti mismo, exprésate en mí. Me dice cosas. Ser es expresarse. Lo que somos, cómo somos, son formas de expresión. Así como una semilla no tiene como propósito seguir siendo semilla, sino expresarse en planta y frutos, lo que somos no es el final del camino, es el tramo del camino en el cual nos encontramos. Lo que Maslow llama auto-realización, es llegar a ser lo que somos capaces de ser. Es lo que en lenguaje de hoy se denomina llegar a ser la mejor versión de sí mismo.
Un gato siempre es un gato autorrealizado. No puede llegar a ser un gato más compasivo, generoso, prudente o amoroso. Los seres humanos, dotados de conciencia, nos damos cuenta de que nos damos cuenta. Conocemos nuestra posibilidad de elegir y elegimos. Por eso un ser humano nunca agota sus posibilidades de auto-realización. Siempre hay espacio para ir un poco más allá en las posibilidades de expresar el potencial que encierra.
Para un ser humano, vivir no es existir. Vivir es expresar su potencial. Pero como somos seres sociales, nuestra posibilidad de expresión depende de otros. Directamente de quienes cuidaron de nuestra temprana infancia. Y de todos los que indirectamente contribuyeron. Seguramente hubiera aprendido a leer de cualquier manera, pero la dedicación y dulzura de quienes nos lo enseñaron estarán ahí para siempre como un gesto primitivo y tal vez instintivo de solidaridad, de comunión humana.
Sería por lo menos mala nota rebelarme y no querer devolver algo de todo lo recibido, de parte de quienes han apoyado el despliegue de mi ser. Además de mala nota, universalizar esa rebeldía, podría comprometer la continuidad de la civilización y de la vida humana. La generalización de una actitud de cada uno centrado en lo suyo, acabaría con la dinámica que nos ha traído hasta aquí como civilización. En la cultura judeo-cristiana, las diversas manifestaciones del amor han tenido efecto civilizatorio. El amor se puede ver como un mandamiento o también como una regla de juego funcional, es decir, propicia al desarrollo de la humanidad.
La gratitud por la vida llenaría de significado nuestra propia vida individual. Valoramos la salud y la agradecemos, pero pienso que más como manifestación del bienestar que como conexión con el concepto de vida. Un centenario himno cristiano anglosajón, que nunca he cantado, se refiere a esto: cuenta tus dones, nómbralos uno por uno.
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