Acción intuitiva

La semana pasada estaba conduciendo un taller de planteo y resolución de problemas y surgió el tema de la toma de decisiones intuitivas.

Algunas cosas las razonamos paso a paso. El mundo sabe que derrotar a Rusia en Ucrania es indispensable para evitar nuevas agresiones de potencias negadoras de la libertad. Y que por eso el fortalecimiento de la OTAN es un plan conveniente, desde luego garantizándole al mundo que la OTAN no se convertirá nunca en una potencia agresora.

Así como existe el silogismo en lógica, existe el silogismo en la acción. El pulpero o el tendero sienten cuándo un producto va a tener gran demanda. Los departamentos de compras también sienten cuando un artículo se va a poner de moda.

Supongo que el estudiante de medicina va paso a paso en la elaboración de un diagnóstico y luego también paso a paso en la elaboración de la intervención terapéutica. Pero el médico experimentado desarrolla lo que se denomina ojo clínico y con menos evidencias llega a diagnósticos correctos. De igual manera en otras profesiones se aplican las llamadas reglas de dedo, para no tener que ir paso a paso a través de largos razonamientos.

De niños aprendimos los cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Entonces hablábamos de que hay personas con un sexto sentido.  Ahora hablamos de  más sentidos, y cuando queremos hacerle a alguien el homenaje de que es muy perceptivo, deberíamos decir de esa persona que tiene un octavo sentido. Eso porque se ha incorporado a la lista de sentidos  al menos dos muy importantes. Uno que es la percepción del propio cuerpo y otro que es la percepción de nuestros movimientos y su relación con el espacio.

Hay un sentido que nos lleva a movernos adecuadamente en el espacio. Es el que hace que no andemos pegando con todo. No tenemos que ir concentrados mirando nuestro camino. Algo en nosotros sabe a qué distancia caminar de las cosas, a qué velocidad, para discurrir sin tropiezos. ¿Se le ha caído el jabón en el baño y sin que medie el pensamiento ha movido su mano hasta atajarlo? El jugador de ping pong ¿acaso tiene que ir pensando momento a momento cuáles movimientos hacer? Muestra ese sentido la persona que baila o que sabe jugar futbol sin bola y sin mirar suele lanzar el pase correcto a quien está desmarcado.

Otro sentido nos da percepciones de nuestro propio cuerpo.  Sentimos cuando tenemos una articulación inflamada, cuando tenemos hambre o cuando comimos demasiado. O cuando estamos en una posición singular y algo nos alerta de que podríamos causarnos una contracción muscular. El músculo esternocleidomastoideo se extiende desde el esternón hasta el cráneo pasando por detrás de la oreja. Pero esto no es necesario saberlo para saber que hay que evitar mirar fijamente hacia un lado durante un período prolongado porque podríamos desarrollar una tortícolis (de tortis, torcido y collis, cuello)

El estadio calla. El jugador avanza a cobrar el tiro de penal. Tal vez pensó cómo tirarlo. Razante. A media altura. Hacia derecha o izquierda. Pero en la fracción de segundo antes del impacto decide hacerlo de tal otra manera, y el portero se lanza a la izquierda mientras el balón recorre la trayectoria por la derecha. ¿Pensó el lanzador? ¿Razonó? ¿Qué lo llevó a la decisión final? Todos hemos visto tomadores de decisiones que van paso a paso. Y tomadores de decisiones intuitivos.

¿De dónde viene la intuición? Muchos años de educación tradicional nos han llevado a pensar que el conocimiento reside en la memoria. Pues no. El reflejo patelar -golpe en la parte inferior de la rótula, a lo cual sigue esa patadita automática- es algo que nuestro cuerpo sabe en otra parte que no es la memoria. ¡Cómo resultaban de sorprendentes los reflejos primitivos de los bebés en esas consultas a las que asistíamos con los ojos muy abiertos y gran admiración por el pediatra! Recuerdo particularmente el reflejo de marcha: esos pasitos que da el bebé de semanas cuando se ponen sus pies en contacto con una superficie teniéndolo en posición inclinada hacia adelante. Y en la bañera, introducido el niño en el agua, el reflejo natatorio que nos lleva a predecir que un día será campeón de natación.

Toda experiencia provoca un cambio neuronal. Pienso que el sedimento de todos los cambios neuronales queda en nosotros como conocimiento no verbalizable y tampoco visualizable. Está ahí sin que nos demos cuenta de él. Sin que podamos contárselo a nadie. Al igual que las rutinas en la elaboración de softwares están ahí para responder a estímulos y retos sin que medie nuestro razonamiento, nuestra memoria o el programa principal.

Un viejo profesor enseñaba que todo el aprendizaje que hacíamos sobre la empresa, su funcionamiento, sus detalles, tenía la finalidad de convertirse en intuición. Que llegaría un día en que no tendríamos que sentarnos a lidiar con un caso sino que más o menos, a golpe de vista, sabríamos cuál era la mejor solución.  He visto empresarios y gerentes hacer eso de manera sorprendente. Así como cuando tocamos algo caliente, retiramos la mano con presteza sin esperar a que la sensación llegue al cerebro y el cerebro emita la orden de retirar la mano, ante determinados estímulos cognitivos. sabemos qué hacer sin darle mucha vuelta. Herbert Simon decía que el buen jugador de ajedrez no va prediciendo las próximas jugadas, sino que percibe un patrón y sabe si se suma en la próxima jugada a ese patrón o no. Pienso que un gran ejecutivo de empresas, un buen político, un estadista, pueden resolver muchas cosas por intuición, lo cual no los exime de hacer la tarea de aplicar algún método racional para determinar lo que es preferible. Que el recurso a la intuición sea un plus y no el resultado de la pereza mental.

Hay un gran riesgo en confiar en la intuición cuando el problema no es de la misma naturaleza que aquellos para los cuales tenemos conocimiento intuitivo. Por eso, aunque nuestra experiencia nos haya llevado a desarrollar una excelente capacidad intuitiva, conviene, antes de saltar a soluciones, hacerse preguntas críticas del tipo de ¿En qué difiere este problema de otros conocidos? Y esta pregunta, en épocas de cambio o cuando hay cambio de época, hay que volverla a plantear por más experiencia que tengamos.

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