Los candidatos

Comienzo en nota idealista, es decir, con la mirada puesta en las estrellas. Faltan veinte meses para las elecciones del 2026. Ya escucho sobre precandidaturas. ¿Qué es lo primero que debería hacer un candidato? Imagino que ver si tiene lo que se necesita. ¿Será posible hacer ese ejercicio cuando algunas personas vienen y te dicen en distintos tonos que eres presidenciable? Si eso le suena a música conmovedora, ya está comenzando a ser mal juez de sus atributos. Creo que la insinuación a ser candidato debería sonar a llamado al sacrificio y nadie aplaude cuando tal cosa ocurre. Si suena a gusto, a placer, a honor (peor si suena a honor merecido), es hora de ir al desierto a aclararse cosas.

Ha de ser conmovedor ser electo. Y seguramente la conmoción nos puede mover hacia un lado o hacia el otro. El candidato debería estar consciente de si anda buscando un masaje al ego, o si se siente suficientemente invulnerable a esa inclinación. Y saber que siempre deberá estar vigilante al respecto.  Un puesto de liderazgo es un puesto de entrega a la misión. Memento mori -Recuerda que has de morir- le decía un siervo a los victoriosos generales romanos que recorrían triunfalmente las calles de Roma.

Partamos de los célebres pilares de Jacques Delors sobre la educación. Dice que la educación tiene estos pilares: aprender a saber, aprender a hacer, aprender a ser, aprender a vivir juntos.  Centrémonos en el de aprender a ser. ¿Qué es saber ser? Es saber lidiar con lo que venga. La inteligencia emocional es para eso. Especialmente en cuanto a escuchar a los demás y tener la capacidad para aceptar estar equivocado.

 Pero también la formación del carácter. No se le debería confiar mucho a quien no haya tenido experiencia con la ascética, en su sentido original: entrenarse para perseverar, para tener coraje, para ser fuerte, para resistir, para aguantar, para evaluarse a sí mismo.

No califican para el cargo los paranoicos. Esos que en todo ven enemigos y preparación de ataques. En el otro extremo, tampoco calificaría alguien que se chupe el dedo. Que no vea cuando le están preparando una emboscada o que no sepa quiénes son sus enemigos ni cómo lo podrían atacar. Gobernar es un continuo gestionar acuerdos y la plataforma sobre la cual se construyen acuerdos es la confianza. La confianza que la persona que gobierna pueda tener en otros y la confianza que otros puedan tener en ella.

En muchos puestos, las personas se pueden desentender del bien común. El panadero no tiene que hacer grandes ejercicios de reflexión sobre el bien común. Hace su pan y lo tiene que vender. Y esa es su forma de contribuir al bien común. Pero si el presidente de la república no tiene una sólida posición favorable al bien común, estaría mal ubicado en el puesto. Preguntémonos entonces si tiene el deseo de contribuir al bien común. Prueba de ácido de su respuesta: ¿Sacrificaría su candidatura por una coalición que asegurara más plenamente el bien común que la suya?

Si para mostrar estas cosas debe hacerse mucho maquillaje y a veces hasta cirugía estética, mal asunto.

No basta con tener buenos deseos. No basta con el qué. No es necesario que nos diga el cómo. Podría tener sus razones para no querer decirlo o podría querer estar en las circunstancias para meterlas en el diálogo. Basta con que sepa que sin el cómo no se alcanza el qué y que haya dado muestras de haber sabido operativizar qués articulando cómos. Esto para evitar una eventual acción política más poética que eficaz.

Es elemental que distinga entre mandar y entusiasmar. El mando proviene de la autoridad. La autoridad sirve para menos cosas que la capacidad de entusiasmar. Se entusiasma a otros, no para que las encuestas nos favorezcan. Se los entusiasma para influir en ellos. Para que se sumen al sueño realizable.

Ojalá sepa que se va a ofrecer en un concurso no solo para ejecutar cosas. Ojalá no tenga por ahí en su inconsciente que se encontrará con una descripción del puesto. Se le contratará para conducir, para inspirar, para plantear desafíos. Por tanto, toda su campaña habrá de consistir en la transmisión de un sueño realizable de bien común.

Siempre hemos sabido que no es igual verla venir… Un buen candidato debe saber eso. Y poder encontrar en su vida pasada eventos adversos ante los cuales fue perseverante u oportunidades que convirtió en logros. Circunstancias adversas de las cuales logró salir mediante la gestión de acuerdos. Problemas complejos que logró resolver gracias a su apertura al consejo y a su capacidad para encontrar caminos. 

No siempre se navega en aguas calmas. Habrá borrascas. ¿Ha mostrado en el pasado la fortaleza para enfrentar borrascas? ¿Tiene ejemplos de reciedumbre en su pasado de los cuales pueda sacar confianza para futuras adversidades?

Y termino con los pies en la tierra. Nadie cumplirá con todos esos requisitos. Todos deben valorarlos. Todos deben tomárselos en serio y ojalá puedan mostrar algunos, pero lo mínimo es integridad y decencia. Todo puesto de liderazgo y especialmente éste tan singular, requiere de coraje, entendido como presencia de ánimo, como valentía que no es lo mismo que bravuconada. Y que se manifiesta en calma ante la adversidad, serenidad ante la amenaza y entereza ante los intentos de seducción.  

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