Minimalismo humanístico

Cuando se ven venir profundos cambios en la convivencia humana, y seguro de que lo que vemos es apenas una parte, pienso en educación esencial, en un contenido minimalista. Sobre lo fundamental que deberíamos custodiar y enriquecer para trasladarlo a las nuevas generaciones. Creo, con optimismo, que lo científico y tecnológico se abrirá paso por si solo. Casi nadie ignora hoy lo que se puede hacer con un teléfono celular o la importancia de la educación STEAM. Pero esto ha venido creando sobre lo humanístico, una presión expulsiva, de la vida común y de la vida académica. Posiblemente haya diferentes mínimos, según diferentes personas y diferentes momentos de cada uno. Este es mi mínimo hoy. Me parece que conduce a la plenitud individual y a la buena convivencia sostenibles. Vamos viendo noción por noción.   

Una de las características de los seres humanos es aspirar a la felicidad. No aceptemos negociar aspiraciones menores y aprendamos a gestionar esa aspiración.

Todos los seres somos interdependientes. Aun la microbiota que nos habita influye en cómo somos. Esa es la realidad que habitamos.

Los seres humanos tenemos dos recursos distintivos. Uno, la capacidad de elegir. Tenemos muchas limitaciones pero en un amplio rango de la acción humana, tenemos capacidad para elegir, es decir, somos libres. Libres para pensar. Libres para querer. Libres para hacer.  El otro recurso distintivo es nuestra racionalidad, la capacidad de encontrar sentido, de descifrar cómo opera la realidad. Esa racionalidad es limitada, pero nos ha llevado muy lejos en la ciencia, en la filosofía, en la política. Nuestro cuerpo y ambos recursos distintivos nos permiten hacer, es decir, operar sobre la realidad para obtener resultados. Hemos creado instrumentos y técnicas.  Somos muy poderosos pero no omnipotentes. La realidad es compleja. En los resultados que produce nuestra acción, en mayor o menor grado opera el azar o lo que aún no entendemos y que llamamos azar.

Nuestra experiencia histórica evidencia los frutos abundantes que la colaboración con otros seres humanos ha producido para la humanidad.

Nuestro pensamiento ha evolucionado desde el pensamiento mágico, al mítico y estamos en plena fiesta del pensamiento científico. No todo está a la vista. Los sentidos no dan cuenta de toda la realidad. No todo es proteína ni energía. Vibramos ante la belleza, la bondad, la verdad. Eso nos da un barrunto de que somos seres espirituales, pero no agota nuestra espiritualidad. Tanto como llegamos a explorar el universo y el átomo deberíamos explorar nuestra espiritualidad. Un día la exitosísima ciencia palidecerá ante los logros de la mística. Ocuparnos en serio del fenómeno del ser y del fenómeno de la vida, nos lleva al umbral de la mística. Pasaremos ese umbral.

Como humanidad hemos venido construyendo el concepto de la dignidad de la persona. Ese es un logro del cual podemos ufanarnos. Este camino hay que profundizarlo.

Somos capaces de producir mejoras hacia adentro y hacia afuera. Podemos mejorar el ambiente que nos rodea, podemos mejorar nuestras capacidades, nuestra sensibilidad. Hasta podemos llegar a estados de conciencia superiores. Somos perfectibles.  

La psicología positiva ha enseñado por años la relación entre el amor y la felicidad. Esta apertura hacia el otro, es un camino promisorio. Responsabilizarnos por el prójimo es una forma superior de ser seres humanos. Como también lo es la relación del ser humano con lo Otro, con lo Trascendente, con el Misterio, con lo Desconocido. Nuestra tentación radical y fatal es la soberbia, es decir no reconocer que de manera directa o indirecta somos creaturas.  

La crisis climática nos ha alertado sobre la responsabilidad del ser humano con el planeta. En ello posiblemente está en juego el futuro de la vida en el universo.

Una nueva versión del amor a sí mismo es la responsabilidad del ser humano con el despliegue del propio ser. No hay límite para lo que podemos llegar a ser y somos actores en ese mejoramiento.

Estas nociones, convertidas en mensaje, en práctica, en cultura, me parece que garantizarían el progreso humano, el bien común, la buena convivencia, la sostenibilidad de lo que vale la pena sostener.

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