Juego o jueguillo

Dice el pueblo que “el que nunca ha visto un altar, en cualquier horno se santigua”. Se habla del juego político para denominar al estira y encoge, al toma y daca propios del ejercicio de la política. Pero deberíamos tener claro que existen versiones del juego político cuando una jugada tiene el carácter de jueguillo político o peor, cuando una pertenece al rango de jueguillo politiquero.  Distingamos entre hornos y altares.

Es bueno distinguir. No me hago ilusiones. Siempre habrá de los tres. Pero sería corrupto confundir uno con otro y aquí me rijo por la RAE que dice que corromper es echar a perder, depravar, dañar, pudrir, estragar o viciar. En torno a la elección de directorio legislativo, vi a diputados de la Asamblea Legislativa en esas, con serio irrespeto a la independencia de poderes. Don Alberto Cañas decía con añoranza, que en el país hubo épocas en las cuales la argumentación prevaleciente para combatir lo incorrecto, se concretaba a decir ¡eso no se hace!

A mí, como ciudadano cuyo único contacto con estas cosas es la información que circula para el público, me parece que la Presidencia de don Rodrigo Arias ha sido un ejercicio de decencia y señorío. Entonces sustituirlo, me parece un esfuerzo de cuarta o quinta prioridad. Y, sin embargo, no puedo dejar de darme cuenta de la energía y el tiempo que se invierte en su sustitución. Agravantes: vamos por la mitad de la duración del encargo de diputados y presidente de la república y tenemos problemas acuciantes cuya posposición a todos nos cuesta, no solo en gasto público, sino en cuanto a su agravamiento y al perjuicio que todos los días nos causan.

Entiendo que, en una asamblea legislativa democrática, el pan nuestro de cada día es la gestión de acuerdos. Imagino esa gestión realizada en torno a asuntos que valgan la pena y con medios que no causen sonrojo. Imagino que hay formas de realizarla. Con miras al bien común, con conocimiento de las formas superiores de negociar, con la guía del ganar- ganar. Aunque también existe como camino posible la forma como negociaría Tío Conejo con afán de tirarse al otro. Pero eso no es decente ni de señores.  

No espero un cambio en el comportamiento de los actores políticos. No para ya. Pero me preocupa que ellos o algunos espectadores, estén muy tranquilos pensando que así es la política. Me ilusiona pensar que por algo se comienza. Y creo que en estas cosas se comienza por distinguir lo espurio de lo correcto. Como Lot buscando un justo, me encantaría saber que, en algún partido político, alguien se toma en serio estas distinciones y sueña con un día en el cual proscribamos lo uno y cultivemos lo otro. Si no nos da lo mismo, hay esperanza.

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