Rumbo de colisión

Don Gustavo Román Jacobo en su artículo publicado en el periódico La Nación el 25 de febrero último, denominado El Virilla 2026, nos recuerda la tragedia ocurrida el 14 de marzo de 1926, hace 98 años, cuando un tren que partió de Alajuela con rumbo a Cartago, repleto de personas quienes iban a una feria de beneficencia descarriló a pocos kilómetros del actual Estadio Saprissa.

Señala la ominosa coincidencia de que en el año 2026 tendrán lugar las elecciones nacionales de presidente y diputados y dice al respecto que en ese año podríamos descarrilar como país de manera definitiva. Señala, en respaldo de su temor, el retroceso de la democracia … en todas partes, la agresión a Ucrania, la venganza de Netanyahu contra Hamás, la cual tanto ha afectado al pueblo palestino y el peligro de que Trump regrese a la conducción de los Estados Unidos.
Me parece que un artículo como éste debería tener tracción, es decir, desatar en muchos lectores intensos propósitos de acción. Estamos perdiendo oportunidades para mejorar la salud de nuestra democracia si el efecto que nos produce es simplemente admirarnos del buen juicio del autor o si nuestra vibración interior se queda sin ser concretada en ninguna acción que cambie lo que podría ser un destino.

El artículo señala las siguientes falencias que nos afectan y las cuales podrían conducirnos a una tragedia. Cito casi textualmente:

  • Un sistema de partidos políticos que en realidad no agrupan a casi nadie
  • No ser capaces de debatir y en muchos casos ni de comprender, lo que nos está pasando
  • Nuestra incapacidad para formalizar grandes propuestas para ser negociadas políticamente
  • Nuestros espíritus están cubiertos por un profundo sentimiento de derrota

Y luego pasa a señalar formas de desaprovechar las elecciones del 2026, primero atribuibles a los candidatos:

  • El perjuicio causado por candidaturas de los figurantes, quienes se inscribirán como candidatos, aunque sepan de antemano que no obtendrán ni el 1% de los votos, y que vendrán a nublar las posibilidades de tener un debate razonable de opciones viables.
  • Y el causado por candidaturas de charlatanes, quienes tomarán parte en la contienda sin tener idea de los problemas nacionales ni de cómo resolverlos.

Y luego señala los prototipos de votantes que también malograrán los resultados posibles:

  • Los votantes desenfocados que elevan temas tangenciales al centro del debate público lo cual podría desaprovechar la campaña política como espacio para un proceso de construcción de acuerdos.
  • Los ayatolas, quienes con su actitud de yo o los de mi grupo somos los únicos que podemos salvar al país, y de esa manera bloquean de antemano la posibilidad futura de gestionar acuerdos.
  • https://alvarocedeno.com/2018/01/22/sociedad-civil-involucrada/Los votantes hinchas, quienes no atienden razones ajenas a su divisa y no tienen capacidad crítica para ver los defectos de sus conductores.
  • Los exquisitos, quienes al no ver candidatos perfectos, deciden abstenerse de votar.

Lo anterior representa, para todos quienes sientan el runrún de proponer o dejarse proponer como precandidatos, y para todos los ciudadanos con derecho al voto, un espejo de responsabilidad en el cual mirarse y una fuente de energía para no quedarnos cruzados de brazos en los próximos veintidós meses. Durante muchos años, hemos creído que nuestro máximo deber con la democracia era ir a votar. Ahora las democracias, la local y la mundial, nos necesitan. Es hora de contribuir a su sostenimiento y desarrollo.

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