Pensamiento estratégico

Todas las entidades de acción sean personas, empresas, países, vamos haciendo nuestro recorrido por el tiempo con el propósito explícito o implícito de hacer un mejor uso de nuestros recursos. Esto para ir alcanzando objetivos que valgan la pena, para nuestra cuenta corriente, para los interesados en nuestro accionar para nuestras aspiraciones superiores, para nuestra familia o para la sociedad. A eso podríamos llamarle eficacia. Hay recursos genéricos, como el tiempo y la energía. Y recursos específicos como el talento, la salud, los contactos, el capital.

Cada entidad de acción dispone de unos recursos y enfrenta unas carencias, de manera que podríamos decir que cada una es un caso singular. También enfrentan un conjunto singular de circunstancias que las rodean. No todas las personas ni todos los países tienen las mismas oportunidades, ni las mismas amenazas.

Pensar estratégicamente es enfrentar el conjunto de circunstancias internas al conjunto de circunstancias externas, a fin de hacer un mejor uso de los recursos.

Con ese fin, las empresas y algunas personas hacen planes estratégicos. Hace muchos años que cambié el chip desde la formulación de estrategias o planeamiento estratégico, hacia el pensamiento estratégico. Elaborar un plan es una cosa, pensar estratégicamente es algo más amplio y a mi juicio, más importante. En algunas empresas en cuyas juntas directivas he participado, me he empeñado en que uno de los puntos de agenda cada mes sea el observatorio estratégico lo cual es un espacio de reflexión sobre los cambios que están ocurriendo en las circunstancias de la empresa, aplicando la mirada cuidadosa a las señales débiles que, si se consolidaran como tendencia, obligarían a hacer cambios. Se pondrá atención también a las circunstancias del entorno, y a la desviación entre resultados esperados y resultados obtenidos y cuáles son las opciones de acción que tendrían sentido para optimizar los resultados y para asegurar la sostenibilidad. Esto aplica, casi textualmente, al accionar de las personas

Tener un plan estratégico es importante, pero no para que se llene de polvo en un estante, sino para que se convierta en la brújula y el sextante con los cuales se empuña el timón todos los días. Como dice un autor, en el dorso de un sobre podemos señalar su contenido fundamental. Pensar estratégicamente es, figurativamente, tener un plan de bolsillo. Es decir, contar con una síntesis del rumbo que estamos recorriendo y con unos criterios que nos digan en todo momento cómo conviene accionar. Uno de esos criterios como dice Drucker, es estar consciente del sentido futuro de todas las acciones cotidianas. ¿Cuál es el sentido estratégico de cultivar a los mejores proveedores? ¿De conservar y entusiasmar a los colaboradores que son críticos para la creación de valor? ¿Cuál es el sentido estratégico de la capacitación? ¿Cuál es el sentido de la red de conexiones que estamos construyendo? ¿Cuál, el de estimular o desestimular tales o cuáles prácticas? Otros criterios podrían provenir de esta pregunta crítica inspirada en Gary Hamel ¿Cuáles cosas, muy difíciles de hacer, si las hiciéramos producirían una ventaja extraordinaria en nuestra capacidad de obtener resultados que valgan la pena?

Buenas prácticas para pensar estratégicamente:

  • Mire hacia el futuro
  • Cuestione la sabiduría convencional, lo que comúnmente se acepta. Ejercite el pensamiento crítico.
  • Baraje los componentes de los problemas para verlos desde distintos ángulos y llegar a descubrir sus raíces.
  • Descubrimos soluciones conectando diversos puntos de un problema. No se conforme con el primer patrón, siga intentando conectarlos para formar otros patrones.
  • Cuando su éxito depende de otros, alinéelos en la dirección que ha elegido.
  • Aprenda todo lo que pueda sobre las circunstancias internas y externas.

Además,

  • Hay que tener noción y ejercitarse sobre el pensamiento sistémico, entendido como la constatación de que todo depende de todo. Todo está interrelacionado.
  • Entendamos que la realidad es compleja. Y que cambia con el paso del tiempo, o sea, que es dinámica.
  • Sepamos que nuestra capacidad cognitiva es limitada. Que tenemos sesgos. Que agregar personas a la toma de una decisión agrega perspectivas.
  • No hay que tener prisa para rechazar una idea. Muchas veces creemos que entendemos lo que otros dicen pero no los entendemos plenamente.
  • Querer o pensar no es lo mismo que hacer. Para lograr resultados, no hay sustituto para la acción.
  • Hay logros que requieren esfuerzo cuidadoso y largo tiempo y no por eso hay que descartarlos.

Hay entornos, como el presente, que demandan que nos reinventemos. No lo hagamos de cualquier manera. Hagámoslo pensando estratégicamente.

Las 6 primeras buenas prácticas para pensar estratégicamente proceden de la autora Samantha Howland https://chiefexecutive.net/six-key-elements-of-strategic-thinking-for-ceos/amp/ . Los siguientes, se me han ido pegando como murisecos en el camino.  

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