Espíritu emprendedor No. 3   

Este artículo, como ha venido ocurriendo desde que comenzó la Pandemia, dará origen al diálogo número 200 entre el autor y uno de sus hijos. Los diálogos, al igual que este artículo aparecen en la página web alvarocedeno.com 

Si miramos los diálogos transcurridos, representan en total unas 600 horas de trabajo. Algo así como un total de 15 semanas de 40 horas.  Y hemos pensado que dan lugar a algunas reflexiones sobre el espíritu emprendedor, lo cual intentamos hacer en esta nota e intentaremos hacer en el diálogo que le dedicaremos próximamente. Lo hacemos con el ánimo de entusiasmar a quienes tienen un proyecto, o una idea, a que la echen a volar.

Todo acto emprendedor nace de una chispa de iniciativa. En este caso, uno de nosotros tuvo la idea.  El otro, aunque no lo dijo para no desalentar la chispa, no estaba muy convencido de la utilidad. Y esta es una primera lección útil: la aspiración y la visión de los miembros de una generación que está a 35 años de distancia de la otra, son diferentes. La fuerza vital que permite a todos los organismos vivos adaptarse a las situaciones que la vida les pone en su camino, es diferente en diferentes estadios de nuestra vida, así que una primera lección es que ignorar a los miembros de otra generación puede dejar inéditas, posibilidades de acción que estaban destinadas a ser valiosas.

Todo acto emprendedor es un acto de responsabilidad. Hacemos lo que hacemos, porque en un determinado momento elegimos hacerlo. La acción y sus resultados no son cosas que nos ocurren, sino que son cosas que hacemos que ocurran. Esta chispa de acción y su posibilidad de producir algún cambio, está presente en todos los seres humanos sanos.

Ambos valoramos de diferente manera el producto logrado. Valoramos mutuamente los ratos de diálogo, los incansables aportes del otro. Tenemos archivadas más de 130 horas de conversación, sobre temas muy diversos, las cuales podrían ser materia prima para aplicaciones de inteligencia artificial que podrían producir no sabemos qué productos. En este sentido hemos producido los diálogos, con algún nivel de difusión y una materia prima cuyas posibilidades apenas vislumbramos.

Nunca nos propusimos llegar a 200 diálogos, y esto podría ser útil a otros emprendedores: se construye paso a paso. O sea que la perseverancia es importante. Pero también lo es que el camino recorrido, hace más fácil el próximo trecho que hay que recorrer. O sea, que la mayor dificultad para perseverar está al inicio. Luego la estabilización del hábito va liberando a la voluntad. La acción es un fenómeno dinámico: según hacemos, más fácil va resultando hacer.  

Hacemos estos diálogos sin ningún planeamiento ni acuerdo previo. Y esto podría señalar en la dirección de la espontaneidad, lo cual es una de las formas de la creatividad. No es posible emprender en ambientes donde no exista libertad personal o detalladas restricciones. No es posible emprender si la aspiración es crear un producto perfecto. Estamos convencidos de que aspirar a un producto suficientemente bueno pero mejorable, es preferible a aspirar a uno perfecto.

Dialogamos sobre los temas que uno de los dos escribe, los cuales no están sometidos a ninguna restricción y esta es tal vez otra lección sobre emprendimiento: la importancia de la apertura. Crear entre varios es igual que dialogar. En ambos casos la regla para construir es tener amplias reglas de admisión y no de rechazo. Eso hace más útil el sí y además, que el sí, pero. O sea que la mejor actitud es, antes que ordenar y desechar, acoger los insumos de una y otra parte y luego ver qué hacer con ellos.

Cuando se escribe, se escribe de manera experimental: nunca se sabe para dónde vamos. Las ideas van surgiendo y se van reconfigurando según se avanza. Lo mismo cuando se dialoga. En ambas actividades, por así decirlo, vamos creando prototipos, productos provisionales. La actividad emprendedora, especialmente al inicio, en la etapa de start-up, es tentativa, exploradora. Nada de lo que se produce es un producto acabado que pudiera ser producido en serie. Se trata más bien de lo que se denomina productos mínimos viables. Y aquí hay otra lección para los emprendedores. Un prototipo es más que una idea, pero menos que un producto. Puede ser manipulado, es decir mejorado. Hay que pasar de la idea al prototipo y seguir avanzando hacia el producto mínimo viable. Así que manos a la obra, conviertan la idea en una versión concreta y luego mejoren esa versión.  

No hemos hecho pruebas de mercado. En un proyecto emprendedor son necesarias las pruebas de mercado, especialmente si se trata de proyectos de finalidad lucrativa: ¿Cuántas personas pueden encontrar utilidad en el producto? En nuestro caso, recibimos retroalimentación positiva esporádica, la cual agradecemos, pero no la buscamos porque la finalidad no es lucrativa.

Bienvenidos los emprendimientos que tienen fines de lucro. Este nuestro es un emprendimiento social. Queremos agregar ideas, puntos de vista, perspectiva, a asuntos cotidianos relacionados con la empresa, la sociedad, la función pública, el mejoramiento personal y comunitario.

Otra lección es la de que los gustos e inclinaciones profundas orientan la búsqueda de oportunidades. En nuestro caso, obtener insumos de pensamiento, procesarlos, intentar hacerlos de utilidad para otros, es parte de nuestros gustos y naturalmente nos han llevado al proyecto que hemos venido desarrollando. Los gustos tienen un sitio en el proceso emprendedor.

Emprender es salirse de la zona de confort. Es poner tiempo y energía en un asunto. Es aceptar el riesgo de que algo salga mal. Es enfrentar la incertidumbre con espíritu de aventura: las cosas pueden salir mal, pero vamos a querer que salgan bien. Es aceptar nuestra ignorancia y nuestras otras limitaciones, y a pesar de eso, continuar produciendo. Cuando pensamos en cómo un inquilino ve la casa que habita y cómo un arquitecto ve la casa que está diseñando y que aún no existe nos parece que el emprendedor se comporta más como un arquitecto. No se inmoviliza ante la realidad, sino que intenta modificar un trocito de esa realidad.  

Y finalmente, toda acción emprendedora debe estar impulsada por la ilusión que alimente al entusiasmo. Nuestra ilusión es poder estar haciendo algo útil para alguien.   

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