Dignidad y puentes en mal estado

Imagino un taller de formación cívica. Tocaría el tema de deberes y derechos de los ciudadanos. Discurriría sobre las funciones del estado, una de ellas señalar los deberes de los habitantes para que la convivencia sea civilizada. Y reflexionaría sobre la debida eficacia de las funciones del estado, esto último, con varios fundamentos, uno de ellos, la dignidad de los habitantes. El estado debe funcionar bien no porque eso es de buen tono, sino porque la dignidad de los habitantes lo requiere así ineludiblemente. Pienso que un paradigma torcido en nuestra convivencia es el de que cuando el gobierno es eficaz nos está haciendo un favor que deberíamos aplaudirle. Me parece que lo correcto es que cuando así lo hace, está cumpliendo con su obligación con nosotros. Los ciudadanos no somos piedras, que por inertes no deberían aspirar a ser bien tratados. Tampoco somos plantas o animalitos, que por ser seres vivos merecen un nivel de atención. Somos seres humanos con todo lo que eso implica de respeto a su dignidad.

Un titular de La Nación del 3 de enero de 2024 informa de la falla en un puente peatonal que concluyó con su retirada de la vía. Dice la nota que Lanamme advirtió sobre posible tragedia en Circunvalación.  ¿Qué ocurrió entre el señalamiento de Lanamme, órgano técnico de la Universidad de Costa Rica y el fallamiento del puente? Imaginemos. ¿Alguien visualizó lo que podría ocurrir?  ¿Alguien decidió qué hacer pero falló el sistema para convertir esa decisión en resultados?  ¿Alguien tomó el papelito que representa el asunto y olvidó darle seguimiento? ¿Alguien se puso a hacer estadística rudimentaria y concluyó que la caída del puente no ocurriría jamás? ¿O alguien en un acto de religiosidad mal entendida exclamó Ay Diosito que no ocurra una tragedia?

Si la caída del puente hubiera causado daños o pérdida de vidas humanas ¿quién hubiera tenido cuáles responsabilidades civiles y penales? ¿Cuál sistema de control funciona para detectar riesgos en estos casos? Lanamme señaló el problema en mayo 2022. La Defensoría de los Habitantes intervino ante CONAVI en agosto de 2022. ¿Tiene dientes la Defensoría? ¿No es esta una cuestión gruesa sobre seguridad de los habitantes? Me parece que la Constitución Política no dice nada expresamente sobre los derechos de los habitantes a la seguridad en general, aunque el artículo 46 que se refiere a los monopolios privados sí señala que los consumidores y usuarios tienen derecho a la protección de su salud, ambiente, seguridad e intereses económicos. ¿En cuáles otros temas tiene el habitante vulnerabilidades descubiertas?

El puente no se cayó, pero para todos los efectos, la negligencia grave ocurrió. No me gustan las sanciones cuando las miro desde el lado de la pena que tienen para alguien. Pero es muy perjudicial la impunidad. Y vivimos en un mundo en que la letra sola no es ejemplarizante. Y necesitamos ejemplos de que hay que vivir con las pilas puestas.

Pero el asunto no concluye aquí. La Nación informa del estado de los puentes según Lanamme: 828 en condición deficiente; 462 en estado alarmante; 51 en falla inminente; y solo 38 en condición aceptable. Alguien tiene que dar la cara por esto. Creo que debe ser el Ministro de Transportes. ¿Qué va a hacer? ¿Qué sugiere que hagamos los usuarios? ¿Dejar de usar todos los puentes? ¿Averiguar el estado de todos y publicitarlo en el sitio? ¿Colocar en algunos puentes un rótulo que diga Este puente fue declarado en estado alarmante por el Lanamme, por tanto, usted transita por aquí por su cuenta y riesgo? ¿Qué ocurriría a nuestros ingresos provenientes del turismo si la información sobre esta situación se difunde?

¿Y qué dirá el público, los habitantes?  Podrían decir tonterías como que esto se debe al Gobierno actual. Los diputados podrían crear ooootra comisión para hostigar al gobierno. O podrían decir que en Costa Rica todo anda mal, lo cual sería una inexactitud. O decir que no hay nada que hacer, lo cual es resignación de la peor calaña.

Ya el puente fue desmontado. No hubo víctimas mortales. Sesenta mil usuarios diarios sufrieron incomodidades y retrasos durante los días que duró la vía cerrada en ese punto y no sé cuántos peatones habrán tenido que sustituir el paso peatonal por otros de menor comodidad o asumir el riesgo de cruzar las vías por media calle.

¿Cuál sería un buen proceder de personas como usted y como yo?  Debería hacerse una encuesta para dejar constancia ante los responsables de esta ineficacia, de que se tiene conciencia y sensibilidad como para mostrar el malestar. Las manifestaciones de malestar son un mecanismo de control, es decir, son un mensaje negativo que, en un órgano sensato, deberían producir aprendizaje y enmienda.  ¿Un país con más iniciativa colocaría una gran antorcha en el sitio con un grupo encargado de mantener el fuego vivo por varios días?

¿Cómo es que nadie encara al CONAVI por descuidar las funciones que realiza con fondos de los habitantes?

En un proceso de excelencia, los estándares de exigencia crecen cuando se van logrando éxitos. Puesto que hemos alcanzado tal logro, ahora aspiramos a más. Es la función de las olimpiadas: más rápido, más alto, más fuerte. En un proceso en deterioro, los estándares se encogen a raíz de los malos resultados. Como no logramos aquello, ahora lo que nos hemos de proponer es menos rápido, más bajito, más debilucho, incompleto, de menor calidad, con retraso. Con todo y la gravedad del incidente del puente, mucho más grave es determinar si el aflojamiento es general.  

Lo más grave sería que todo esto contribuyera a reducir nuestros estándares de exigencia, porque eso sería menoscabar nuestra dignidad de habitantes. Nuestra relación con el estado no debe ser como si fuéramos seres de segunda. Somos seres humanos de pleno derecho, no siervos menguados. Que nuestra actitud ante el estado sea la misma con que se nombraba a los reyes de Aragón: “Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”.  Cuando pagamos impuestos no regateamos. ¿Por qué toleramos que el gobierno regatee en el cumplimiento de sus funciones? Que la potestad de imperio de la Administración dialogue de igual a igual con nuestra dignidad de seres humanos.

CONAVI nos ha atropellado y nos sigue atropellando. En un acto de pensamiento paradójico, saquemos de aquí energía para hacer bien lo que cada uno ha de hacer. Pero desde un punto de vista cívico, no creo que debamos llegar hasta ahí. Hemos de empeñarnos y retroalimentarnos unos a otros, sobre la aspiración de que nuestra dignidad como habitantes esté intacta o sea recuperable. Y esto no depende ni de la actitud de los servidores públicos, ni de la legislación que nos ampara. Depende primordialmente de la noción que cada uno tenga de su propia dignidad.  

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