Democracia, empresas y municipalidades

Entiendo más de empresas que de política, pero ambos temas me interesan profundamente. Las empresas son plantas generadoras. Producen bienes y servicios. A nadie se le ocurriría pensar que están ahí para engordar el ego de sus dueños o conductores.

Los grupos, los partidos, las entidades políticas también tienen que producir algo. Son para producir bien común. Pero parece ser que a muchos actores de esas entidades sí se les ocurre que están ahí para servicio de su ego o de sus intereses particulares. Eso es corromper el sentido de la política.

A las empresas se les pide que sean eficaces. La eficacia consiste en alcanzar objetivos que valgan la pena de forma tal que la empresa mejore su salud y su capacidad, o sea, que vaya siendo capaz de aceptar mayores retos. Si un partido político, en ejercicio o no de funciones de gobierno, pierde de vista la eficacia, está en camino de declinar, o peor, está en camino de causar daño. La eficacia de un partido político consiste en alcanzar unos objetivos que valgan la pena. El primer criterio que dichos objetivos deben tener es el de ser coherentes con el bien común.

¿Qué significado tiene la inmortal descripción de Lincoln, de que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? Empecemos de atrás para adelante. Para el pueblo significa que los actores en una democracia tienen como objetivo superior el bien común.

Gobierno del pueblo quiere decir que cada ciudadano tiene el derecho de aportar a la conducción de los asuntos públicos en la misma medida. Si alguien, por las razones que sea, quiere tener una cuota de poder mayor que los demás, habrá quebrado la definición de democracia.

Las empresas no son democráticas. Tienen dueños y los dueños tienen la última palabra. Las entidades políticas, como los partidos, deben ser democráticos, pero el ejercicio de la democracia es laborioso y muchas veces a sus actores les da por sentirse dueños de los partidos. Son las situaciones de aquí yo hago y deshago, que es el comportamiento del gamonal. Según la Real Academia un gamonal, en Costa Rica y otros países latinoamericanos, es un cacique, una persona que ejerce excesiva influencia. Si hay gamonales en un partido, éste dejó de ser democrático. La democracia se basa en que el poder esté bien repartido.   

Por el pueblo, significa que el poder lo ejercen todos. Claro que como no todos pueden ser ministros o alcaldes, el pueblo delega su poder en ellos. ¿Cómo se escoge a quiénes delegarles poder? Aquí hay un invento que Lincoln no imaginó. La meritocracia. Se escoge, según ciertas reglas, a los mejores para que ejerzan el poder. Se los escoge por méritos. Los méritos consisten en conocimientos, destrezas o hábitos. No solo hablamos de méritos académicos. También de logros. De formas de ser. De sensibilidad para percibir y enfrentar retos. De responsabilidad, capacidad para entusiasmar, disposición a servir.

En el poder ejecutivo, lo usual es que el partido triunfante, nombre a todos sus funcionarios. En una asamblea legislativa, o en un Concejo Municipal, lo usual es que haya representación de varios grupos políticos. Y aquí es donde nuestra democracia tiene todavía mucho que aprender. Un partido que tiene mayoría puede olvidarse de que en una democracia gobierna el pueblo, es decir, sus representantes. Puede desatender a las minorías. Olvidarse de la parte del pueblo que éstas representan. Pero si tal hace, se habrá convertido en una dictadura de mayoría, que no por ser de mayoría deja de ser dictadura. La esencia de la democracia consiste en incorporar a las minorías a la toma de decisiones. Y eso se hace mediante otro invento que no sé si Lincoln lo conocía. Es la búsqueda de consenso, lo que denomino la gestión de acuerdos. Esto demanda una mentalidad que a veces vemos y a veces no, en el panorama político. Gestionar acuerdos es encontrar intereses comunes. Apabullar a la oposición solo porque tiene menos votos que la mayoría, no es una actitud democrática. El parlamento, el concejo municipal, son órganos de la palabra. Según su origen parler = parlar = hablar. Porque como se dice, hablando se entiende la gente.   

¿Para qué cuento todo esto? Estamos a días de la elección de autoridades municipales. Miremos esta ocasión como una escuela cívica. Participemos en ella como se participa en un acto educativo. En un acto educativo no se alcanza la perfección, pero en varios actos educativos se obtiene un mejoramiento personal y en este caso, comunitario.

Llama la atención la cercanía física que tenemos con el cantón y sus asuntos. Por ejemplo, el cantón de Desamparados, con 118 kilómetros cuadrados de territorio, representa un poco más de dos milésimos del territorio de Costa Rica. Goicoechea tiene un cuarto del tamaño de Desamparados. Y Curridabat es de la mitad del tamaño de Goicoechea. Así que, para miles de costarricenses, lo que ocurra en las elecciones municipales nos afecta cercanamente.

Vivenciemos esta cercanía, esta inmediatez de los asuntos cantonales. Informémonos. Votemos. Y luego vigilemos. Así robusteceremos nuestra democracia.

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