Ecosistemas empresariales

En un ecosistema existen individuos de distinta naturaleza y aun los que son de la misma naturaleza, tienen distintas habilidades para sobrevivir, pero todos contribuyen a la supervivencia de los demás. En el ecosistema económico ocurre lo mismo. Existen empresas maduras, desarrolladas, con grandes capacidades estratégicas, tecnológicas, de talento humano, con contactos de alto valor.  Otras no tan maduras ni tan desarrolladas. Y también existen micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES). ¿Cómo aumentar la contribución de todas a la supervivencia de las demás?

Podríamos pensar en que las empresas más desarrolladas, pusieran sus logros y talentos al servicio de otras menos desarrolladas, en un singular esfuerzo de vasos comunicantes, en el cual, según ocurre en las transferencias de conocimientos, el nivel del que aprende crece, lo mismo que el de quien promueve el aprendizaje. Habría que crear la oferta, representada por empresas dispuestas a abrirse a la observación y aprendizaje por parte de otras, y de la mejor forma de propiciar ese aprendizaje. Y crear la demanda, es decir, la formalización de las necesidades de las empresas que estarían dispuestas a aprender. Esto no es una gestión trivial, sino que debe ser acometida robustamente para con el menor costo se logre el mayor impacto.

A veces, lo que hay que transmitir no son conocimientos. Basta con señalar estándares superiores a los que operan en el medio. Eso ocurre como una valiosa contribución no intentada por las empresas de Zona Franca (ZF). La mayoría compiten a nivel mundial. Para que una empresa local se convierta en proveedora de una empresa de ZF, debe transformarse profundamente en sus sistemas de abastecimiento, de producción, de control de calidad, de información y en la forma como selecciona y desarrolla su capital humano. Las empresas llamadas de régimen definitivo, o sea, las que no son de ZF, enfrentadas a esos estándares cuando desean aprovechar la oportunidad de encadenarse productivamente a las de ZF, deben alcanzarlos y este desafío, es una oportunidad para que se transformen radicalmente.

La ganancia que obtienen las empresas locales de régimen definitivo, no se concretan a la utilidad obtenida en la relación. Las ganancias principales se extienden a la transformación que han de experimentar en su cultura empresarial en la forma de mejoras en sus sistemas de producción, de información, de control de calidad y de gestión del capital humano.

La gestión de crear incentivos para que esto ocurra la deberían realizar los gobiernos interesados en el desarrollo económico del país, pero podrían ser iniciadas por las empresas privadas, las cuales tienen más cercanía y conocimiento de estas oportunidades y circunstancias. El esfuerzo podría ser individual de una empresa o preferiblemente desarrollado por varias, agrupadas en clústeres por especialidades o por destrezas.

Este esfuerzo podría dar lugar a la aparición de injertos estratégicos, entendidos como buenas prácticas de una empresa que pasan a ser parte de la gestión de otras. En estos tiempos de responsabilidad social corporativa, estamos ante una oportunidad digna de ser explorada.  

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