El tiempo vuela

Como el tiempo vuela, el futuro, ese que vemos como muy lejano, está más cerca de lo que creemos. Entre ahora y cuando ese día llegue, tenemos la posibilidad de prepararnos. Muchos llegan al futuro sin haberse preparado. Así como existe una defensoría de los habitantes, se habla de la necesidad de un defensor para la protección de los intereses de las futuras generaciones. Porque como las generaciones futuras aún no se hacen notar y ciertamente no se hacen escuchar, el presentismo de las generaciones activas lleva a olvidar el significado que a futuro tendrán las acciones u omisiones del presente. Algún país ya ha creado dicha institución. En Costa Rica el Dr. Antonio Vítola ha fundado el Instituto de Diseño del Bienestar https://indibi.net/   uno de cuyos propósitos es el diseño del futuro por parte de personas, empresas y entidades públicas.

Creo que los seres humanos estamos diseñados para vivir al día, por la razón de que como el gran objetivo de los seres vivos es la supervivencia, concentramos toda nuestra atención en el presente, porque es en el presente donde nos podría comer un tigre o aplastar una roca. Nuestros sentidos se enfocan en el presente. No se puede oler el futuro.  Pero el futuro llegará. Pensar que olerá igual que el presente, es una exigencia de nuestro presentismo.

¿Qué prefiere usted, helado hoy o la promesa de un helado que le darán dentro de un año? Si usted quiere comprar un electrodoméstico y no tiene el dinero, puede conseguir crédito, pero tendrá que pagar intereses, a un banco o al almacén que los vende. A eso se le llama el valor presente. Mil colones hoy, tienen más valor que mil colones dentro de un año. De ahí viene el dicho de que vale más pájaro en mano que cien volando.  Y eso funciona en las dos direcciones. Si usted tiene una cuenta de ahorros y lleva mil colones al banco hoy, dentro de un año le devolverán un poco más que lo que llevó. El Dr. Luis Mesalles nos dice en una reciente columna (La Nación 29/4/2023) que cuando se pospone una obra pública útil, se incurre en una pérdida debido al bienestar que no se disfruta durante el tiempo de la posposición

Herbert Simon, Premio Nobel en Economía de 1978 dice que los asuntos importantes, como la consideración del largo plazo, son sacados de nuestra atención, por los asuntos urgentes, aunque no sean importantes. Por eso le dedicamos más tiempo a los deportes y a las notas rojas de los periódicos, que a sus páginas de opinión. Y sobre el tubo que gotea, todos en casa nos llaman la atención, y todos esos asuntos rutinarios, más la seriedad con la cual se necesita pensar en el futuro, nos llevan a poner la atención en el presente. Y a veces, cuando se pretende llamar la atención sobre la importancia del largo plazo, nunca falta quién invoque a Keynes y repita, fuera de contexto, su frase de que, a largo plazo, todos estaremos muertos.

En las empresas, el pensamiento estratégico lleva a pensar en el largo plazo … mientras se concluye el plan estratégico. Luego, en muchos casos, éste suele olvidarse por ahí y volvemos a poner toda la atención en los asuntos del día, los cuales siempre tienen sus abogados que exigen les prestemos atención.

En la vida privada, Goleman nos dice que un rasgo de inteligencia emocional es la posposición del placer. Nos hala más una hora adicional de sueño por la mañana que una hora de caminata o trote. Se nos hace la boca agua ante ese trozo de queque y no pensamos en la diabetes ni en el sobrepeso. El fumador no se inmuta con los daños futuros que el cigarrillo le causará. Y en el estudiante la angustia futura de no poder responder en el examen, se hace chica ante el placer presente de seguir pegado a las redes sociales. Por un mecanismo semejante, debidamente sociabilizado, la lucha a favor de la regeneración del ambiente es tan difícil. Caer en la tentación, es siempre preferir el presente al futuro.

Sabemos que, en la crisis económica de los ochentas tempranos, el abandono de la escuela por parte de muchos tuvo como consecuencia su precaria situación económica de hoy. Pero eso no nos lleva a pensar en las consecuencias económicas familiares que el apagón educativo causará o de cuál costo futuro tendrá el deterioro de la seguridad social.  ¿Se necesita un defensor de las futuras generaciones? A lo mejor lo que se necesita es que habitantes y ejecutivos públicos se vayan convenciendo de que el bienestar futuro, se va cocinando a fuego lento hoy, para consumirlo dentro de diez años. Que el año 2033 llegará. Y que somos responsables, unos más que otros, de cuán buenos cocineros estemos siendo hoy. 

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