El girasol

Heliotropismo o tendencia hacia el sol, es un comportamiento de muchas plantas de crecer u orientarse hacia donde está el sol. En el caso de los girasoles, les ha merecido su nombre. Para hablar figurativamente miran hacia el sol y van girando en su dirección.  Esto todos lo sabíamos.

Lo que ahora llama mi atención es que, se anda hablando del síndrome del girasol, para denominar un comportamiento el cual consiste en que los participantes tienden a sumarse a la opinión de los miembros que tienen un mayor nivel jerárquico o a la de quienes tienen mayor prestigio o mejor imagen en el grupo.

Se denomina pensamiento grupal (traducción flojita de group think) a la tendencia de que el pensamiento en un grupo se homogenice por las razones apuntadas, cuando lo deseable es que el pensamiento en un grupo sea algo como la resultante de una suma de vectores, o mejor, una síntesis de los pensamientos individuales, horneada con discrepancias aceptadas, acuerdos razonados y convencimientos mutuos.

En los grupos de trabajo, desde hace mucho tiempo sigo la práctica de que para garantizar que no haya pensamiento grupal pido a los participantes que antes de compartir sus posiciones, la anoten brevemente. Eso les toma un par de minutos y promueve que, al externarlas, las posiciones que primero se van aireando, no vayan produciendo un efecto imitación en los demás miembros.  Otra práctica complementaria es solicitar primero la opinión de los colaboradores y dejar los últimos a los jerarcas.

El síndrome del girasol impide la emisión de múltiples y diversas posiciones, lo cual causa no solo la menor calidad de los contenidos que pasan a formar parte del proceso de toma de decisión, sino que también causan la frustración, que encuentra salida en los baños o en la fuente de agua fría, donde dos o tres miembros se encuentran y comentan yo iba a plantear tal cosa pero vi que ya había un acuerdo. Para discrepar, para plantear ideas disruptivas, se necesita mucha energía personal, y a veces las personas no están dispuestas a invertir esa energía o tienen una mal concebida sensibilidad política y se dicen a sí mismos mejor no hacer olas o mejor machete estate en tu vaina… ¡Y eso sí que es una vaina!

Hay otros dos aspectos interesantes del síndrome del girasol. Uno trata del liderazgo de quienes se sienten más cómodos si sus grupos de trabajo son un sello de hule, al cual le presentan sus asuntos para que sin mayor análisis o crítica, le estampen el sello y luego se van a ejecutarlos como si se tratara de acuerdos grupales. Un grado mayor de manipulación hay en lo que antes se denominaba operación embarre: el jerarca lleva un asunto al grupo, sabedor de que le van a poner el sello, a fin de que, si algo sale mal en el futuro, poder tener co-imputados. Otro aspecto importante es de la responsabilidad personal y profesional de quienes aceptan esta situación. ¿Cómo explicarnos a nosotros mismos o cómo explicarles a terceros interesados que no ejercimos el análisis o la crítica debidos, simplemente porque la costumbre en ese tipo de reuniones era confirmar la propuesta del conductor del grupo? En el caso de las juntas directivas privadas o públicas, esta falta de cuidado o de valor, puede acarrear responsabilidades civiles y penales.

Se trabaja con menos estrés en un grupo de trabajo armonioso. Pero el objetivo superior de los grupos de trabajo es que sean eficaces. Lo de armoniosos hay que desarrollarlo a lo largo de toda la vida del grupo, pero nunca a costa de la eficacia.

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