Escribir y pensar

Comencé a trabajar al año siguiente en que terminé el colegio. Posiblemente eso me llevó a ver a mis jefes más como maestros que como autoridades. Así que aprendí mucho de ellos. Uno, memorable, siempre que tenía que explicar algo, lo hacía ilustrando para otros y para sí mismo, mediante trazos en una hoja de papel periódico, con pluma de fuente y tinta de un color que no era azul ni negro sino algo como verde aqua. De ahí arrancó mi valoración por la participación de manos y ojos en el ejercicio de pensar. En mis tiempos de docente cuando la vitalidad alcanzaba para llenar una pizarra de anotaciones, me gustaba mucho contemplarla y darme cuenta de cómo quedaban en ella todas las incidencias de dos horas de clase interactiva. Y no entiendo cómo en las salas de reuniones las pizarras permanecen inactivas hasta que de vez en cuando algún espontáneo se lanza a tratar de graficar su pensamiento. Hay conexiones que vamos imaginando y que, si no las graficamos, se pierden en medio de nuestro propio discurrir y el que van haciendo otros.

El otro gran instrumento de pensamiento es escribir. Creo que escribo mucho en mi trabajo de todos los días. Y me ocurre siempre que cualquier idea sobre la cual escriba, según lo voy haciendo, se va desarrollando ante mis ojos. Mostrando otras aristas, otras dimensiones, otras posibilidades. Y a veces mostrando las limitaciones, los puntos ciegos o los errores que contenía. Sin escribirla me hubiera quedado con la primera impresión. Escribirla da la posibilidad de disecarla, ver sus partes, manipularlas. Pensar sin escribir se convierte muy pronto en imaginación, lo cual, parafraseando a Teresa de Ávila, es como dejar suelta la loca de la casa. Y lo dice una señora con gran eficacia, cuyos logros son proverbiales.

¿Por qué sustituiremos el escribir cuando le podamos pedir al ChatGPT, esa maravilla de la inteligencia artificial, que nos redacte desde un recado, una carta de amor o un ensayo académico? Como dice mi contertulio en los diálogos semanales, la actitud correcta no debe ser la de desconfianza y menos de negatividad ante ese inconmensurable paso tecnológico, sino la de ver cómo adaptamos nuestras viejas prácticas probadas a ese salto cualitativo, para enfrentar problemas crónicos, como el de la exclusión, el aprendizaje, la enfermedad y para enfrentar problemas nuevos como el cambio climático, el desencanto con la democracia liberal y la crisis de salud mental.

Herramienta de inteligencia artificial:

https://chat.openai.com/auth/login

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