Tolerancia a la ambigüedad

Publicado el 14 noviembre, 2022
Categoría: Artículos, Eficacia

Imagine que una familia muy amiga lo invita a una fiesta cuya última invitación usted tuvo que declinar con justas razones, pero pareció que sus amigos no habían recibido bien la declinación. A la misma fecha y hora lo invitan unos vecinos que recién han venido a vivir al lado de su casa. Se trata de una familia muy ocupada que hace unos días le hicieron saber a usted que lo estaban pero que querían reunir a los vecinos cercanos, de manera que usted entiende que disculparse de asistir e invitarlos en una próxima ocasión, no sería una buena solución. Ahí está la necesidad de tomar una decisión. La situación es ambigua del tipo que el pueblo llama de si la ensartas pierdes y si no también.

Si usted es una persona de baja tolerancia a la ambigüedad, entrará en ciclos obsesivos sobre lo que conviene hacer del tipo y si les digo; y qué me dirán; y si piensan; y si se molestan. En ese estado emocional es posible que el proceso de tomar la decisión sea de inferior calidad. En esas circunstancias se eleva la posibilidad de tomar la peor de las decisiones, la cual sería la de no atender ninguna de las dos invitaciones.

¿A qué llamamos tolerancia a la ambigüedad? Es la capacidad de desenvolverse con éxito en ambientes inciertos, imprevisibles y desconocidos. Recordemos que hoy se afirma que el entorno es volátil, incierto, complejo y ambiguo, por lo cual se le denomina entorno VICA.

Se dice que una de las características de un buen ejecutivo es la de tener tolerancia a la ambigüedad, esto es que sepa transitar por situaciones ambiguas sin que se vea reducida su capacidad. No que esté feliz con la ambigüedad, pero que sepa mantener la mano en el timón para navegar por esas aguas.

¿Qué deberán hacer las personas comunes o quienes ocupan cargos ejecutivos para enfrentar esas situaciones ambiguas? Son importantes estas prácticas o actitudes:

Hay que aceptar la incertidumbre. Tener la claridad de que sobre el futuro no sabemos nada. Que el efecto de las decisiones es hacia el futuro y no hacia el pasado. Y que ese futuro es incierto. Que podemos hacer esfuerzos por hacer que la decisión sea más sensata, pero que esto lo hacemos interpretando o suponiendo cosas sobre el futuro, las cuales pueden resultar incorrectas.

Conviene reconocer que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Que debemos aspirar no a que la decisión sea perfecta sino a que sea suficientemente buena. Hay óptimos. Sabemos encontrarlos en algunos problemas matemáticos, pero la realidad es mucho más compleja e impredecible. Por eso, aunque apuntemos a la óptimo debemos estar listos para obtener sub-óptimos. Un subóptimo es el dicho popular de obtener del ahogado el sombrero.

 Que todas las convicciones anteriores no nos impidan distinguir entre lo que es una decisión común y corriente y una decisión de calidad. Una decisión de calidad es una jugada maestra, lo que en billar se llama una carambola a tres bandas. Es una decisión cuyo resultado se podría describir como miel sobre hojuelas. En el ejemplo del inicio, sería que el vínculo con la familia a cuya invitación no se asistirá, no solo no sufra a raíz de la decisión y su ejecución, sino que se robustezca.

Y esto nos lleva a tener en cuenta que la decisión puede ser mejorada por la forma de ejecutarla. Ya decidimos no acudir a la invitación X. Ahora hemos de plantearnos cómo ejecutar esa decisión. ¿Será mediante una llamada telefónica? ¿Una nota escrita? ¿Una nota escrita con un regalo? ¿Flores para el día de la invitación declinada? Aquí lo que estaríamos aplicando es la distinción entre esencia y accesorios. No es lo mismo disculparse que disculparse con notable cordialidad.

Según Simon Sinek y su idea de que el mundo sigue su marcha; que no hemos de enfrentarnos a ciertas cosas como si fueran a terminar mañana o este año; que el juego continúa. Eso nos ha de llevar a la aceptación de que cometer un error no es el fin del mundo. Que no todo se termina con esta decisión. Que la relación continúa y se la puede seguir robusteciendo.

 

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