Caminar, renacer, crecer

Publicado el 18 abril, 2022
Categoría: Artículos, Desarrollo
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Tres grandes religiones del mundo están celebrando fechas señaladas de su calendario. Los musulmanes celebran el mes del Ramadán durante este mes de abril. Del Ramadán me dice la Wikipedia, entre otras cosas, que es el mes de la misericordia y el perdón divino. El pueblo judío está celebrando el Éxodo, la liberación de la esclavitud en Egipto y la marcha conducida por Moisés hacia la Tierra Prometida. Y los cristianos conmemoran la resurrección de Jesús. Todas estas fiestas me parece que se refieren a cambios, crecimiento, desarrollo y todas están ubicadas en la primavera del hemisferio Norte.

¿Son posibles cambios personales tan profundos que pudieran merecer el nombre de crecimiento o desarrollo? Claro. Algunas personas los han presenciado en sus vidas. Pensemos en la adolescencia, o en la instalación de la adultez, y en lo que se llamaba la crisis de los cuarenta, y que ahora, en vista de los cambios en la expectativa de vida, se han convertido en la crisis de los cincuenta o más. Y quienes hemos tenido suerte, hemos visto también la llegada de la tercera edad y hasta de lo que se denomina la cuarta edad, situada a partir de los ochenta.

Además de esos cambios comunes a todos los seres humanos, ¿son posibles cambios personales señalados producto de circunstancias individuales, internas o externas? Un cambio en el estado civil, un cambio de ocupación, una renovación profesional, causan cambios personales de tal magnitud, semejantes a los otros cambios que tienen más bien causas biológicas.

Tres consideraciones sobre el cambio personal. En primer lugar, hemos de tener muy claro que somos seres dinámicos, que estamos en continuo cambio en función de nuestras circunstancias internas y externas. Pensar que ser adulto es quedarse congelado en cuanto a comportamientos, cognición, espiritualidad no se apega a la realidad y limita las posibilidades de crecimiento. La frase de yo soy así, (con o sin y si no les gusta, ¡salados!) es una tapadera puesta a nuestra posibilidad de mejoramiento permanente. Somos pro-yectos, realidades lanzadas hacia adelante. Nuestras potencialidades son inconmensurables. El arte de vivir consiste en desplegar esas potencialidades.

Una segunda consideración es que somos seres multidimensionales. Tenemos potencialidades de pensamiento, afectivas, sociales, espirituales, para solo mencionar algunas. Tenemos sueños y anhelos, nuestras habilidades son modificables, aprendemos, desarrollamos nuevos gustos, nuestro nivel de conciencia se puede ir ampliando. Percibirnos en todas esas dimensiones, deja abierta la posibilidad de fijar objetivos de crecimiento personal en todas ellas. Hay crecimiento en tener más amigos o amistades más profundas. En darle espacio a una mayor sensibilidad estética. En encontrarle nuevos significados a la participación ciudadana. En hacer más robusta la relación con lo otro, con lo trascendente, con lo que está más allá de lo que se puede contar y medir. Si nos viéramos solamente como seres productivos que tienen una cuenta bancaria, la vida podría reducirse a unas pocas aspiraciones como aumentar la eficiencia para aumentar el ingreso.

Una tercera consideración es que el viejo consejo de conócete a ti mismo ha de llevarnos a darnos cuenta de cómo somos. Con apego a la realidad, con apertura, sin narcisismo, sin falsa humildad hemos de hacer el reconocimiento, primero, de nuestras fortalezas y luego de nuestras áreas de mejora. Y de ahí saltar a la formulación de propósitos, pocos, de impacto, coherentes con las circunstancias.

Padres, maestros, jefes, psicólogos, coaches tienen la responsabilidad de ayudar a otros a crecer. Pero todos tenemos la oportunidad de hacerlo. A veces equivocamos el camino. Recurrimos al reproche, al sermón, a la amenaza y nos olvidamos de otros métodos más eficaces, como el ejemplo, la pregunta, el desafío amoroso y sobre todo la escucha amplia, comprensiva, aceptante.

Hay oportunidades explícitas de crecimiento en el Movimiento Scout, en Alcohólicos Anónimos, en una buena psicoterapia, en un taller de crecimiento personal, en un campamento de CISV, en un programa de capacitación exigente, en un empeño formal de desarrollo físico, en algunos deportes practicados en serio, en la cercanía habitual con otros, en algunas actividades de formación espiritual y en el hábito de irnos tomando en serio la realidad que presenciamos, haciéndonos preguntas, agradeciendo sus manifestaciones e indagando sobre su sentido, el que nos es obvio y conocido, y el que todavía nos es oculto y desconocido. 

No podemos ser hoy diferentes a como fuimos ayer. Pero sí podemos continuar el viaje con un poco más de control de nuestra parte.  Y según transcurra el tiempo y avance el recorrido, nos encontraremos viviendo una nueva vida. Esa es una aspiración que podría tener motivaciones narcisistas, o egoístas. Pero también las podría tener solidarias y hasta amorosas. Nuestro amor sería más fecundo, si fuéramos mejores. Es abril. Es primavera. Es tiempo de nuevos brotes.  

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