Creencias políticas perniciosas

Publicado el 31 enero, 2022
Categoría: Artículos, Política
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El próximo domingo iremos a votar. Todos estamos de acuerdo en que la madurez electoral del país es un signo saludable de la democracia. Pero esta democracia tiene otros signos que no son saludables. No hay que dejar de votar en vista de esas imperfecciones. Precisamente hay que votar con el propósito de que se corrijan. Desde luego, su corrección no depende solo de los ciudadanos. Depende en gran medida de los poderes de la república, concretamente del Ejecutivo y del Legislativo.

No es este el espacio para señalar lo que hay que corregir, lo cual ha sido amplia y seriamente expuesto por otras personas. Lo que haré ahora, es mirar por una rendija para subrayar algunos defectos raíz, es decir, que alimentan las imperfecciones del sistema.

En pocos días sabremos quiénes son los diputados integrantes de la Asamblea Legislativa, y en un par de meses ellos empezarán a verse a sí mismos como miembros de la oposición o del oficialismo. Me comentaba un amigo que esta es una simplificación que constituye un defecto raíz de las democracias. Los diputados que no forman parte del partido gobernante, deberían verse a sí mismos como miembros críticos de la función de gobierno, puesto que no comparten por ejemplo el plan de gobierno, pero al denominarse oposición, ¿No están afirmando que se opondrán a lo que el gobierno plantee sea esto beneficioso o perjudicial para el país? El llamarse oposición es un conmigo no cuenten, posición perniciosa para la eficacia del país.

Es equivocada y perjudicial la creencia de que un gobierno dura cuatro años. Las buenas o malas decisiones perduran más allá del período constitucional. De ahí la necesidad de que el pueblo se mantenga vigilante y participativo. La mira de los cuatro años deja por fuera desafíos fundamentales. ¿Cuál grupo gobernante sería capaz en cuatro años de resolver el problema educativo, o el de las pensiones, o el robustecimiento de la seguridad social, o el del aprovechamiento sostenido de las inmensas oportunidades que se ofrece a nuestro país?

Existe una manera tradicional de hacer política, la cual se ha diseñado para beneficio de los políticos y de los partidos, pero que en determinadas gestiones puede resultar perjudicial al bien común. Un elemento de esa forma tradicional es el concepto de capital político. Los gobiernos necesitan para gobernar de imagen, influencia, apoyo popular. A eso se le denomina capital político, pero gobernar deslumbrado por la necesidad de mantener ese capital político lleva a la omisión, a la inacción. Imaginemos si el Presidente Carlos Alvarado o los diputados que han promulgado las respectivas leyes, hubieran querido conservar su capital político y no hubieran llevado adelante las medidas para atender la crisis fiscal. El capital político es para invertirlo en los desafíos más significativos. De poco nos sirve un gobierno con buena imagen y sin logros, especialmente cuando el entorno es tan volátil, incierto, complejo y ambiguo (VICA)

Ni el presidente ni el diputado son zares. Esta es una democracia representativa, lo cual quiere decir que no se nos debe consultar todo a los ciudadanos, pero es una regla de sana prudencia saber que hay que escuchar y dialogar. Hay que crear mecanismos para hacerlo y debería ser visto como mala calidad de la acción política el escuchar y dialogar solo con los grupos de presión.

La democracia puede mejorar o puede empeorar. En esto tenemos responsabilidad los votantes, pero mucho más los políticos. La forma tradicional de hacer política, tan visceral, tan egoísta, a veces tan descuidada del bien común, tal vez tan divertida para quienes la practican, solo causa ineficacia y retraso al país, frustración a los habitantes y daño a la democracia. Esa es la responsabilidad principal de quienes resultarán electos.

Aprestémonos a votar. Cumplamos con nuestra parte del contrato, pero preparémonos para exigirle a los electos que no se vean como apoderados absolutos, que no sean omisos, que apunten con sus acciones a dejarnos un país mejor que el que reciben. Para esta exigencia no hay medios institucionales adecuados. Innovemos. Luchemos para crearlos. Y utilicemos todos los otros medios consabidos para que el país no sufra retrasos, para que los grandes problemas no queden sin atención, y sobretodo para no dejar pasar las grandes oportunidades económicas, científicas, tecnológicas, culturales, políticas, ambientales que se ofrecen al país. Este no es cualquier país. Es un país singular, así que no merece ser gobernado de cualquier manera. 

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