Instinto y convivencia

Publicado el 18 octubre, 2021
Categoría: Artículos, Convivencia
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De tiempo en tiempo, todos nos encontramos en conversaciones en las cuales alguien exclama ¿Por qué será que los seres humanos son tan complicados; por qué es tan difícil la convivencia? La última vez que me ocurrió propuse que pensáramos en una canción infantil sobre el jaguar. Como solo la ponen en el kinder, tuve que recordárselas:  El jaguar sabe lo que quiere /como una flecha va hacia el lugar / no se detiene por el camino / porque el jaguar sabe a dónde va.

Ni en los jaguares, ni en los ratones, ni el virus del Covid 19 hay contradicciones. Saben a lo que van. No se detienen por el camino. Están equipados por instinto a hacer lo que deben hacer para su supervivencia y la de su especie. En contraste, en el ser humano sí hay contradicciones, debidas, pienso, a que el ser humano tiene un trío de facultades singulares que son libertad, racionalidad y voluntad.  Esto quiere decir que puede elegir -no todo- pero sí que puede hacer elecciones. Puede comparar opciones. Puede pensar, esto es, discurrir para encontrar lo que le parece verdadero o valioso. Puede ejecutar. Puede posponer la ejecución. Y puede hacer cosas con las tres facultades simultáneamente. Por ejemplo, puede fingir, puede afirmar falsedades creyéndolas o no, es decir, puede intentar engañar. A la vez, es capaz de amar, de ser altruista; de motivarse por cosas que lo benefician material o emocionalmente, o por puro afán de beneficiar a otros. O sea que el repertorio de acciones y comportamientos de un ser humano es ilimitado y es desarrollable. Mientras que el de los jaguares y los ratones es muy estrecho y de desarrollo muy limitado. He visto a osos bailar. Pero son excepciones.  

¿Cómo hacer para que esas facultades de los seres humanos no se conviertan en productos negativos, para que el ser humano no cultive anti-valores, no busque lo que lo daña o daña a la comunidad? La disciplina, la educación, formal o informal, la legislación, la constricción social, la cultura tienen por finalidad lograr eso. Y otra pregunta semejante pero que va más allá ¿Cómo hacer para que esa riqueza del ser humano sea debidamente gobernada, y se oriente por ejemplo hacia el bien común?

El ser humano puede entrar en contradicciones. El ratón no. Además, el ser humano se puede inventar cuentos equivocados, contárselos a sí mismo y creérselos. Imagino que un ratón nunca se imagina que es el Super Ratón, pero todos en algún momento -unos más que otros- nos hemos sentido Supermán.  El instinto le sirve al jaguar para no entrar en contradicciones: hambre-comer, ataque-lucha (o huida), inclemencias-guarida, hembra-reproducción. El ser humano es complejo en parte por su capacidad para inventarse y creerse sus cuentos. Todo lo que Freud llama sublimación, son cuentos que le cuentan al ser humano o él se los cuenta y se los cree. Eso no está mal. Así es como a pesar de nuestros instintos -no a lo jaguar, pero también fuertecillos- podemos andar por la calle civilizadamente, estableciendo amistades y noviazgos, y siempre potenciales transgresores del Código Penal, pero generalmente bien portados. Caín y su quijada de burro no pienso que haya sido en el fondo menos violento o envidioso que cualquiera de nosotros. Y no quiero ni imaginar qué sería de nosotros sin esa maravilla que se denomina funciones ejecutivas.

Así que, si los seres humanos somos complicados y la convivencia interpersonal o comunitaria son tan complicadas, en vez de añorar haber sido ángeles, en vez de esperar a que un día nos convirtamos en tales, dispongámonos a contribuir al mejoramiento de esa convivencia con los medios disponibles que son muchos y potentes. Esta humanidad que ha sido capaz de inventar la familia, el derecho y el estado subsidiario, ha de sorprendernos con otras genialidades semejantes.   

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