Planos construibles

Publicado el 27 septiembre, 2021
Categoría: Artículos, Eficacia
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Un ciempiés sufrió un accidente y quedó con multitud de pies dañados, así que fue a buscar sosiego para su infortunio ante todos los cienpodólogos del reino. Y no lo halló. Entonces alguien le recomendó consultar a un economista. Esos tienen un refinado aparato analítico y una gran visión del mundo. Así que fue a consultarlo. Y la respuesta que recibió fue de su entera satisfacción: Conviértase en conejo.  Y no fue sino cuando ya se despedían, que vino a su mente la pregunta clave y así se la transmitió al economista: ¿Y cómo me convierto en conejo?   Ah. Eso no lo se, contestó aquél. Yo le doy el plan, pero es usted quien debe ejecutarlo. 

Un plano no es un dibujo. Es un dibujo construible. Escher ganó fama perdurable con sus dibujos. Pero algunos son un buen ejemplo de dibujos no construibles. Podemos engañar al ojo con una ilusión óptica, pero no podemos engañar a la realidad intentando construirla.   

En la constructibilidad de un plano opera la física. Sustituya los triángulos equiláteros por cuadrados y en vez de estructuras tendrá mecanismos, o sea que en vez de una construcción estable tendrá una que solo espera la ocasión para caerse. Entonces su profesor de diseño le pondrá un cero. Eso me contó un estudiante de diseño estructural.  

Los planes que hacemos en nuestra vida habitual son algunas veces tan importantes como los planos que hace la arquitecta. Pero no tienen el auxilio de la física. Los hacemos por instinto, por intuición. Y por eso fallan tanto. El ejemplo que más me gusta: Marcos Ramírez ve un pajarito que posa en la reja de una gran ventana de vidrio de una farmacia. Alista su flecha y piensa: pego al pajarito. Él le sirve de almohadilla a la piedra. Y aquí paz y después gloria. Pero el plan falla porque el pajarito se mueve (que fue seguro lo que Marcos dio como explicación) o porque el tiro no fue tan certero (que fue lo más probable)

¿De qué disciplina debería venirnos el auxilio para la formulación de planes? Pensar es más que imaginar. Implica más orden, más enfoque sistémico, más interconexión entre los elementos. Cuando imaginamos, todo es posible. Cuando pensamos, barajamos afirmaciones determinísticas (todo lo que cae causa un impacto) y las hay probabilísticas (el aerolito, con alguna probabilidad, causará un daño). Imaginamos sin supuestos. Cuando hacemos planes, tenemos que explicitar los supuestos. (El pajarito de Marcos Ramírez no se moverá). Y armar un plan no es el fin de la tarea. Hay que someterlo al pensamiento crítico para ver cuáles afirmaciones son débiles o falsas. Hacer planes es interrogar al futuro para descubrir cómo debemos articular las acciones de hoy.  

En los planes públicos o privados hay sabiduría convencional de por medio. Ejemplo: no se puede hacer chocolate sin cacao.  Hay normas jurídicas: si no está en el presupuesto no se puede hacer.  Hay ciencia política: si el costo político es alto o si el capital político es reducido, no habrá quién ejecute el plan. Hay teoría organizacional: encárgueselo a una burocracia que considere que el plan perjudicará sus rentas o su status, y la ejecución del plan siempre encontrará razones para ser diferida. Hay economía: ¿Quién va a elegir cargar con un costo real mayor que el beneficio esperado? Hay psicología: Es cuando planes de muy difícil ejecución no le ofrecen ninguna ganancia a los ejecutores. ¿Quién se va a comprar ese pleito?

Afirmo, sin pensarlo muy profundamente, que todo lo que se enseña en las escuelas de negocios, son conceptos para aumentar la probabilidad de que los planes tengan resultados exitosos. El Arte de la guerra de Sun Tzu y  De la guerra de von Clausewitz son manuales sobre cómo ganar una guerra, negocio en el cual afortunadamente no estamos, aunque en las buenas escuelas de negocios, se los estudia. ¿Pero a la persona común cuál conjunto de conceptos la ayudan para decidir si sustituye el auto por una motocicleta o si prescinde de los dos vehículos y se hace cliente del transporte colaborativo? ¿O si busca un puesto con mayor futuro? ¿O si se casa ya o se va a estudiar un postgrado?

Hay planes de mentirillas. Muy bien estructurados. Bien escritos. Pero huérfanos. No hay quien esté dispuesto a invertir tiempo, energía y prestigio en ellos.

Entonces en este terreno, quienes hacen planes formales, o las personas que hacen planes cotidianos, están en desventaja. Un arquitecto puede diseñar un edificio. La construcción puede realizarse ahora o dentro de cinco años. Pero cuando se hace un plan personal para lograr algo, la oportunidad cuenta y con frecuencia, el paso del tiempo borra la oportunidad. Usted recibe una oferta para abandonar su puesto y asumir otro. Formule un plan y deje que pase el tiempo. Cuando reaccione, ya el puesto estará ocupado. ¿Por qué han fallado tantos intentos bien intencionados para reformar nuestra educación pública?

Una ventaja tienen sobre los arquitectos las personas que hacen planes privados: hay planes personales de baja probabilidad de éxito, que si se les pone muchas ganas en la ejecución, producen buenos resultados. En cambio, un mal plano, por más entusiasmo que ponga el constructor, dará un mal resultado.

Cuando hablamos de que a nuestros jóvenes deberíamos darles una educación para la vida, en parte de lo que estamos hablando es de esto. Estos son algunos elementos para formular un plan, el cual debemos diseñar. Y luego ejecutarlo. En el diseño y ejecución exitosos nos jugamos el futuro del país.

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Encuentre ejemplo de dibujo no construible de Escher en este link

https://www.wikiart.org/es/m-c-escher
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