Debates como pruebas

Publicado el 6 septiembre, 2021
Categoría: Artículos, Política
Etiquetas: , ,

Pienso que una comparecencia conjunta de candidatos es una prueba (test) para percibir trazas de algunos rasgos de los candidatos. Todas las comparecencias son mejorables. Y un buen punto de partida es que tenga los objetivos correctos. Pienso en Russell Ackoff y en su famosa categorización de contenidos de la mente, todos necesarios para la acción eficaz. Dice Ackoff que una persona puede acumular datos. Cuando los integra, habrá convertido esos datos en información. Cuando es capaz de utilizar esa información, entonces tiene conocimiento. Y cuando se supera ese conocimiento, y puede tomar buenas decisiones con base en él, entonces ha llegado a tener buen juicio. Lo que queremos de un presidente de la república es que tenga buen juicio para resolver los asuntos con los que tiene que lidiar. Si solo tiene datos, o solo tiene información, o solo tiene conocimiento, nos quedará debiendo. Lo que queremos es que tenga buen juicio. 

Una comparecencia puede darnos una idea de los datos que alguien tiene. Si la comparecencia se diseña a base de preguntas puntuales, obtendremos datos. A los candidatos se les podrían dar cifras sobre asuntos nacionales por parte de expertos y preguntarles qué harían con ellas. Esto daría idea de cómo transforman datos en información. O si les planteamos opciones constituidas por información, y les pedimos que saquen conclusiones, estaríamos abriendo la oportunidad de que muestren conocimientos. Cuando por ejemplo los pusiéramos ante la tarea de convertir los conocimientos en políticas públicas y defenderlas, ahí sí que estaríamos haciendo una prueba de buen juicio. Aquí podría surgir una sugerencia para futuros debates. ¿Es esto complicado? Sí. ¿Convendría intentarlo? Creo que sí.  Ah, y deberíamos empezar por cambiarle el nombre a los debates. Un debate sería una discusión entre los candidatos sobre las políticas públicas que hubieran concebido a partir de su conocimiento basado en información.

Escuché la primera comparecencia pública de cuatro candidatos en UCCAEP. Para lo que produjo estuvo muy bien diseñada y conducida de manera excelente. Seguramente habrá otras en otros foros. Como todavía la campaña política no calienta, es buen momento para algunas reflexiones.

¿Qué muestra una comparecencia de candidatos? Me parece que lo más importante que muestra es la cantidad y calidad de información que los participantes tienen en su memoria, sus habilidades retóricas (la capacidad de explicar, de discutir, de convencer) y la creatividad o novedad de sus propuestas. Muestra también -dadas las circunstancias adecuadas- el control de impulsos del candidato, esto es, el tono de ecuanimidad que es capaz de mantener y cómo reacciona ante sorpresas desagradables como un ataque verbal o no.   En una comparecencia se pueden obtener muestras de la jovialidad, la cortesía, la elegancia en las interacciones, el humor y la chispa.

¿Pero lo anterior, con ser importante, sirve de base para formarse un juicio sobre quién de los participantes podría ser un mejor presidente de la república? Creo que no.

La presidencia de la república traducida en funciones, debe producir una lista muy larga, pero ¿Será posible escoger las funciones de mayor impacto? Voy a aventurarme a señalarlas:

  • Nombrar a los ministros y controlar su desempeño.  
  • Comandar el esfuerzo del poder ejecutivo para lograr unos determinados resultados en el campo de acción en el cual no se requieren cambios legislativos, esto es, hacer que funcione el MOPT, el MEP, por ejemplo.
  • Gestionar acuerdos con los diputados para obtener aprobación a los cambios en los cuales tiene interés y para que no aprueben iniciativas que perturben su plan de acción.
  • Seleccionar adecuadamente a los directores de los entes autónomos, por ejemplo, del ICE, de la CCSS, del BCR. Removerlos cuando sea necesario.
  • Mantener o acrecentar el capital político de su gobierno
  • Ya sé que hace otras cosas, pero por ejemplo ¿Cuándo hemos visto naufragar un plan de gobierno porque se haya nombrado un embajador inadecuado? ¿O cuándo ha sido un presidente tan insensato como para no disponer adecuadamente de la fuerza pública?

El efecto halo es un sesgo cognitivo, es decir, una distorsión de nuestra manera de juzgar a una persona, según la cual, a partir de un rasgo positivo, tendemos a atribuirle otros rasgos positivos que la persona no necesariamente tiene. Así a una persona simpática, de buen decir, bien presentada se le podrían atribuir por ejemplo otros rasgos positivos intelectuales, morales y de acción. Recordemos que el primer debate televisado ocurrió en Estados Unidos en la campaña en la cual Kennedy derrotó a Nixon. Se decía entonces que Nixon lucía inseguro, mal encarado, con el maquillaje estropeado por el sudor. Kennedy ganó el voto popular por un 0,17% y muchos autores le atribuyen gran importancia al debate en el cual lució físicamente mejor y que posiblemente dio lugar a que se le atribuyeran otras virtudes según el efecto halo.

Entonces, conviene que seamos espectadores de este tipo de eventos, con conciencia del riesgo que corremos, de dejarnos influir por la forma como el candidato se desenvuelve, para atribuirle capacidades que no tiene, para desempeñar las funciones de alto impacto del presidente de la república.

Veamos los así llamados debates con atención, pero sepamos que la información que ahí obtenemos no es concluyente como para tomar la decisión de por quién votar y continuemos buscando mejores formas de vislumbrar las capacidades significativas de los candidatos.

Otros artículos relacionados

Deje una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *