Cómo acciona una persona eficaz

Publicado el 23 agosto, 2021
Categoría: Artículos, Eficacia
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Cuando hablo de personas eficaces, me refiero a gerentes, ejecutivos, administradores, gestores, jerarcas. Ellos tienen como ocupación permanente la conducción de unidades de acción. Pero no me refiero únicamente a ellos así que quienes no pertenecen a esos subconjuntos, no se desconecten y abandonen la lectura, porque creo que podrán encontrar aquí cosas importantes. Hay obreros y agricultores, profesionales y amas de casa eficaces.  Por eso, a partir de aquí, hablaré de personas eficaces.

En la página Web donde se encuentra este artículo (alvarocedeno.com), posiblemente se encuentren muchos otros sobre el mismo tema, o sea, que este tema seguramente ya lo traté en pedacitos. Ahora lo abordo en un solo artículo. Pero todos juntos forman una red, forman un conjunto.

A un gerente se le contrata para que conduzca una entidad de manera productiva y sostenible. A una persona eficaz no se la contrata. Adquirimos el uso de la razón entre los 7 y los 9 años, lo cual implica que dejamos de tener un pensamiento mágico para regirnos por la lógica (Neuropediatra.org). Entonces quedamos a cargo de una entidad, que es nuestra propia vida, para conducirla de manera productiva y sostenible. Productiva quiere decir, que vayamos alcanzando logros que valgan la pena. Y lo de sostenible consiste en que nuestra capacidad para alcanzar esos logros no disminuya, sino que vaya aumentando con el paso del tiempo.

Una primera consideración básica útil a personas interesadas en su eficacia: la conducción de esa entidad -de la entidad o de nuestra vida o de un proyecto o una unidad organizacional- no es solamente un desafío cognitivo. No basta con tener muchos conocimientos para tener éxito. Es necesario también poner en juego destrezas, habilidades, formas de accionar o de hacer.  Y también es necesario tener unos hábitos de acción que tengan raíces en actitudes. Esos hábitos deben darle funcionalidad a nuestra acción, es decir, han de hacerla útil, beneficiosa para la comunidad y para quienes tienen una relación cercana con nosotros. No es exitoso el gerente o la persona que para lograr sus metas resulta perjudicial a su familia o a sus colaboradores.

Los hábitos de acción son por ejemplo el descubrir el sentido futuro de las acciones presentes, la consideración de los condicionantes y las consecuencias de las acciones que se ejecutan, la consideración de las varias opciones que hay para lograr algo y la búsqueda de óptimos y sub- óptimos. Estos hábitos de acción se anclan en virtudes como la diligencia, la prudencia, la fortaleza, el sentido de la equidad, de la armonía.

Uno de los grandes aportes de las personas eficaces a la conducción exitosa de su vida o de su encargo, es la concepción y aplicación de un sueño realizable. En los libros de texto a eso se le llama visión. Una meta es diferente a un sueño. Para una persona, graduarse de ingeniero es una meta. Dedicar la vida de manera fecunda a resolver problemas, a modificar la realidad para hacerla más vivible, es un sueño realizable. Si no fuera realizable para quien se lo plantea, entonces sería una quimera.  Las metas son comunes, muchas personas tienen las mismas. Hay también sueños y visiones comunes. Parecen sacadas de un folleto sobre cómo vivir una vida exitosa.  Pero un sueño bien formulado es una cuidadosa creación individual dinámica en el cual la persona va expresando sus anhelos, su visión del mundo, sus conocimientos, su ética de bien común. No que a los veinte años haya que haber elegido una visión, sino que, sobre las circunstancias de los veinte años, se enriquece la visión que se tiene para transitar otros tantos años y con las nuevas luces de ese transitar se vuelve a enriquecer la que se tiene. Por eso decimos que la visión es un sueño dinámico realizable. 

Ese sueño, como es complejo, no se puede lograr en un solo salto. Hay que señalar un conjunto de aspiraciones que vayan amarradas a ese sueño, que sean como orientadoras de la acción porque sabemos que siempre que estemos dirigidos hacia esas aspiraciones, nos vamos acercando al sueño, a la visión. Esas aspiraciones, esas nociones de lo que es deseable son los objetivos. Pero el camino hacia los objetivos tiene sus estaciones, que son las metas.  Antes de ser ingeniero, debe hacer una carrera de ingeniería, y antes hay que ser admitido a la carrera. Así que la persona que cursa el cuarto año de bachillerato sueña con unas cosas, tiene el objetivo de ser ingeniero, pero la meta más próxima, a la que debe dedicar su tiempo y su energía, es la de ser admitido en una buena carrera. Pero eso no se logra sin esfuerzo, sin acciones concretas. Podemos tener objetivos orientados hacia la visión, tener metas claras, pero si no desarrollamos esas acciones concretas, nunca realizaremos el sueño. Hay que asistir a clases, construir una red de aprendizaje, estudiar para los exámenes. Y hay que desarrollar otras acciones que no parecen tener tanta relación con el sueño, pero la tienen, por ejemplo, utilizar bien el tiempo y mantener una buena salud física y un buen tono emocional, porque somos seres complejos para quienes la armonía va ligada a la eficacia.

Y ya a la hora de los tiros, cuando los objetivos se tienen que convertir en acciones, cuando ya pasamos de los planos dibujados en un papel y tenemos que empezar a verter el concreto en las formaletas, ¿cómo ejecuta una persona eficaz?  Ha de accionar con seriedad. No hace a medias. Pone todo lo que hay que poner en la acción. Está comprometida con la excelencia, con el mejoramiento. Le pone ilusión a lo que hace. Tiene formas de lidiar con el estrés y con el desaliento. Sabe pedir ayuda. Espera lo mejor pero no niega la posibilidad de que ocurra algo indeseable. No se hace ilusiones sobre los resultados, ni sobre el tiempo y los costos que requerirán, ni sobre las dificultades que se presentarán. Sabe insistir, devolverse, reevaluar, buscar otras opciones. Sabe dialogar de tú a tú con las múltiples singularidades de la realidad.

 Y así echamos a andar. Pero todos sabemos que por más buenos que sean nuestros planes, la naturaleza, el ambiente, la vida, tienen sus formas de responder no de la manera como nosotros esperamos que lo hagan, sino a su manera. Y que nuestras acciones, más ordenadas y más robustas, pueden producir resultados que no son los esperados. Por eso tenemos que mantener una permanente atención sobre cuáles van siendo los resultados. Sobre qué nos va saliendo bien y qué no. De ambas cosas debemos aprender y enriquecer nuestra capacidad de formular planes y de accionar. Y de lo que no sale como lo esperábamos, tenemos que extraer las señales con las cuales hemos de elaborar acciones correctivas.    

Los resultados inadecuados de nuestra acción se pueden prevenir. Podemos crear automatismos que nos induzcan a mantenernos en el rumbo elegido. Si una persona tiene un grupo de amigos que tienen propósitos y conductas semejantes, eso la ayuda a mantener su rumbo. Si en una empresa se evalúa permanentemente a los colaboradores, eso también la ayuda a mantener el rumbo.  

Si hubiera tenido que explicar cómo se hace para andar en bicicleta, posiblemente hubiera tomado más espacio y la explicación hubiera resultado más complicada. Lo mismo ocurre con la acción eficaz. Una vez que estamos puestos en la situación, una vez que nos montamos en la bicicleta, el inter-juego entre nuestras facultades y las circunstancias nos van resolviendo una parte del problema. No toda. Pero todos hemos tenido la experiencia de hacer cosas con eficacia. Eso está en la naturaleza del ser humano. Todo lo que hay que hacer es mediante el estudio, los buenos modelos, la experiencia, ir mejorando esa capacidad.

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