Apalancamiento

Publicado el 9 agosto, 2021
Categoría: Artículos, Eficacia
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Cuando Arquímedes formuló el principio de la palanca, imagino lo ufano que se sintió. ¿Recuerdan el principio en su aplicación en el playground?  Un niño sentado a suficiente distancia del punto de apoyo del subibaja, puede equilibrar el peso de un adulto sentado muy cerca de ese punto.  Pues tan ufano se ha de haber sentido que soltó aquella fanfarronada: Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo. Fanfarronada válida solo idealmente porque todavía no hemos encontrado ese punto … y la verdad, tampoco la necesidad de mover el mundo.

Encuentro en los medios, principalmente en los escritos, personas que escriben artículos con objetivos realizables, con clarísimas buenas intenciones, con conocimientos bien fundamentados, pero los cuales un par de días después, caen en el olvido sin casi producir efectos positivos. Y digo casi porque no se puede negar que unas cuantas personas siguen reflexionando sobre el asunto y alentando buenas intenciones, lo cual ya es un efecto positivo, aunque sin que ello conduzca a resultados, por algunas de las mismas razones que el artículo original no los produjo.

Imagino que las buenas intenciones respaldadas por conocimientos son fuerzas. ¡Cuánto se beneficiarían si se las aplicara mediante una palanca! A eso es a lo que llamamos apalancamiento. ¿Cuál sería la palanca y cuál sería el apoyo? Ejemplo: un microempresario que no tiene acceso al crédito tiene que poner toda su platita en un proyecto de manera que, para hacerlo crecer, va reinvirtiendo en él lo que se gana. En cambio, cuando llega un momento en que ya su marca se conoce, los bancos lo consideran confiable y tiene un conjunto de clientes satisfechos, los próximos crecimientos los puede ejecutar con dinero que le prestan los bancos, gracias al patrimonio que la empresa ha venido acumulando. Se dice entonces que ya no necesita reinvertir sus ganancias porque el crecimiento puede financiarse a base de apalancamiento. En general, lo que hacemos en una empresa genera más ingreso que si lo hacen varios individuos separadamente porque la empresa es un campo de apalancamiento donde pequeñas contribuciones crean mucho valor.

Pensemos en una educadora quien escribe un artículo sobre cómo mejorar el aprendizaje de los niños que reciben sus lecciones virtualmente. Nos da una serie de buenos consejos sobre cómo motivar a los niños, cómo mejorar su atención, cómo complementar los contenidos que reciben. Pero pasado el proverbial par de días, los propósitos se abandonan y los resultados no llegan. ¿En qué consistiría en este caso el esfuerzo de apalancamiento? Si el artículo pide que los padres interesados escriban a la autora, ella podría construir una pequeña red de apoyo mutuo la cual mantenga alto el entusiasmo, sirva para intercambiar otras ideas referidas al mismo tema, ayude a re entusiasmar a quienes van desfalleciendo. Eso como primer paso. Porque el apalancamiento es un territorio sin límites. ¿Por qué no puede este primer grupo de apoyo apersonarse ante alguna universidad para convencerla de que su programa de trabajo comunal se beneficiaría de apoyar esta iniciativa?

De esta misma manera podríamos abrir camino hacia los resultados a muchas ideas beneficiosas que con frecuencia vemos por ahí. Entonces, en vez de solamente ayudar a alguien, deberíamos crear un grupo de ayuda. En vez de dar un buen consejo privadamente, colocarlo también en Facebook. Además de apoyar iniciativas aisladas de bien común, diseñar una plataforma para intercambio mutuo de información y aliento, útiles a otras iniciativas semejantes.

Y, apreciados lectores. Apalanquemos. Envíenme sugerencias sobre cómo aumentar el impacto de las buenas ideas. 

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