Ideas y resultados

Publicado el 5 julio, 2021
Categoría: Artículos, Cambio
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Las personas leen artículos de opinión y se dicen qué buena idea. Eso sí que le haría bien al país. Y hasta ahí llegamos. Leemos un buen blog sobre cómo ser más eficaces y nos decimos, eso sí que tiene sentido. Pero hasta ahí llegamos. Una persona escucha un buen sermón en el cual se plantean perspectivas éticas, espirituales. Siente que se le moviliza su aspiración de bien, pero solo se dice a sí misma solo espero contárselo a mi tía a quien sí que le hace falta esto.

Una receta culinaria es una idea con suerte. Su suerte consiste en que cuando se la lee, muchas personas se dicen voy a hacerla. No ocurre lo mismo con los contenidos de opinión de un medio de comunicación, ni con los sermones de los domingos, ni con los consejos que los buenos maestros intercalan en sus lecciones. Pienso que es baja la probabilidad de que alguien se diga, esto hay que hacerlo. ¿Qué ocurriría si encontráramos la manera de darle tracción a las buenas ideas que se difunden en los espacios de opinión de los medios?

Nos preocupa que los alimentos se desperdicien. Que los materiales cojan polvo y humedad hasta que se vuelven inútiles. ¿Estamos conscientes de todo el bien que queda sin realizar cuando una buena idea todo lo que recibe es una interjección admirativa? Imaginemos una realidad en la cual las buenas ideas, por serlo, se convirtieran en resultados. La realidad mejoraría día con día.

Pero no vivimos en esa realidad. Vivimos en una realidad en la cual para que el sentimiento de me gusta esa idea y ese autor se convierta en resultados se necesita decisión, resolución, tiempo, energía. ¿Cuál sería una buena actitud cuando encontramos algo que nos parece muy valioso de ejecutar o ayudar a ejecutar?   ¿Cómo hacer para que la energía de nuestra adhesión o de nuestra admiración por una idea sea como la combustión de la pólvora que lleva lejos al proyectil?

Lo que nos interesa de las ideas no es solo su aspiración ni su formulación. Nos interesa que se conviertan en resultados. Nuestra admiración siente necesidad de los resultados que aún no son. Nuestra mente nos engaña, nos pasa la bola por horquetas, haciéndonos creer que basta con que estemos de acuerdo con la idea o la aplaudamos, para que la idea produzca el bien que ha de producir. 

Me parece que hay que ir más allá. Es necesario tener presente que existe una concatenación idea-acogida-propósito-acción-resultado. Somos criaturas. No somos dioses. No podemos obtener resultados con solo quererlos. Vivimos en una realidad de esfuerzo y de sudor. Nuestra paradoja es tener una mente sin límites y un cuerpo con límites, para lidiar con una realidad que es como es y tiene las reglas que tiene. Nadie puede sustituirnos en operar esa concatenación. Solo cada uno es capaz de hacer lo que cada uno ha de hacer. Esa es la importancia de la iniciativa, o como también se la llama, del espíritu emprendedor.  ¿O creíamos que el espíritu emprendedor es solo para que se nos ocurra poner una venta de garaje en la cochera? La iniciativa, el emprendimiento, es una actitud proactiva que no se contenta con estar de acuerdo con que algo es bueno o deseable, sino que se dispone a ponerlo en práctica. Y cuando vemos que algo es bueno o deseable para la comunidad, para el país, para la humanidad, ¿No tenemos el compromiso ético de arrimarle el hombro para que se convierta en resultados?

Ante esta realidad podemos elegir llevarnos las manos a la cabeza y renunciar a hacer. O podríamos agradecer la posibilidad grande o pequeña de ser eficaces. Podríamos ser como los animalitos que no tienen forma de ser eficaces. La eficacia es la capacidad de lograr lo que vale la pena. Y no tengo noticias de ningún animalito que sepa lo que vale la pena.

Autores: la palabra no es omnipotente, por más buena que sea su retórica. Quienes ponemos ideas en circulación no deberíamos abandonarlas. Nuestro compromiso debería ser, no solo el difundirlas, sino aumentar la probabilidad de que se conviertan en resultados.

No extraviemos las buenas ideas. Impidamos que se las lleve el viento o que se las lleve el tiempo.  Guardémoslas, difundámoslas, cuidémoslas. Intentemos encontrar otras personas que resuenen con la misma idea. Si cada uno hace algo, la suma de los quehaceres de muchos puede cambiar la realidad. Y en cuanto a esperar a que a una idea le llegue el tiempo oportuno, ese tiempo no es cronológico. A las ideas les llega su momento cuando muchas voluntades deciden que les ha llegado. 

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