Sensatez y campaña política

Publicado el 28 junio, 2021
Categoría: Artículos, Política
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Estamos en campaña política. Percibo en las redes sociales mucha superficialidad, tendencia al irrespeto y la agresión y en algunos casos, el dejo de que esto no hay quien lo arregle. Me parece útil reflexionar sobre algunos contenidos de un pequeño libro de Julián Marías, escrito en 1980 denominado ¨La guerra civil ¿Cómo pudo ocurrir?”. Julián Marías fue un filósofo español, autor de la conocida “Historia de la filosofía” y discípulo de Ortega y Gasset y de Xavier Zubiri.

La guerra civil española ocurrió entre 1936 y 1939 y luego instauró la dictadura franquista hasta la muerte del dictador en 1975. Los efectos de la guerra en la política y la vida españolas son patentes hasta el día de hoy. El libro sostiene que la guerra hubiera podido ser evitada y señala las actitudes y acciones que la hicieron posible. A continuación, he seleccionado algunos párrafos de la obra y resalto en negrita lo que me parece esencial:

Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra. Y entiendo por discordia no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del “otro” como inaceptable, intolerable, insoportable.

Cuanto peor, mejor”, fue la consigna que se acuñó por entonces. Como disposición a desear y esperar que el adversario lo hiciera muy mal porque entonces eso justificaría la reacción de este lado.

A mi juicio, lo mas peligroso fue el ingreso sucesivo de porciones del cuerpo social en lo que se podría llamar oposición automática. La función de la oposición ha solido entenderse en España de manera elemental y simplista; se ha creído que consiste en oponerse a todo, automáticamente… (así) la oposición viene a ser maniática, apriorista y sin significación concreta; pasa a ser mera fricción, obstáculo, desgaste … y se fueron formando grupos que ingresaban en la categoría de los mutuamente “irreconciliables” … Nunca se juzgaba nada por sus méritos objetivos, sino por quién lo hacía… Se retenía solo la parte negativa, lo que podría tener de hiriente, de agresión, de agravio, y se incubaba en incansable hostilidad.

Nada de esto hubiese sido suficiente para romper la concordia si hubiese existido en España entusiasmo, conciencia de una empresa activa, capaz de arrastrar como un viento a todos los españoles y unirlos a pesar de sus diferencias y rencillas. La falta de entusiasmo es el clima en que brota la desintegración; por eso, los que la desean y buscan, cultivan el “desencanto”, la “desilusión”, la “decepción”, el “desaliento” y esperan sus frutos, agrios primero, amargos después.

La infinita variedad de lo real quedó, para muchos, reducida a meros rótulos o etiquetas, destinados a desencadenar reflejos automáticos, elementales, toscos. Se produjo una tendencia a la abstracción, a la deshumanización, condición necesaria de la violencia generalizada.

Pereza, sobre todo, para pensar, para buscar soluciones inteligentes a los problemas; para imaginar a los demás, ponerse en su punto de vista, comprender su parte de razón o sus temores. Más aún, para realizar en continuidad las acciones necesarias para resolver o paliar esos problemas, para poner en marcha una empresa atractiva, ilusionante, incitante… en otras palabras, las vacaciones de la inteligencia y el esfuerzo.

La guerra fue consecuencia de una ingente frivolidad…políticos … intelectuales … empresarios … dirigentes de sindicatos se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían.

La idea de transcribir los anteriores párrafos del libro de Julián Marías es la de alertar en cuanto a la responsabilidad que tenemos sobre la manera como los habitantes nos conducimos en una campaña política, ya que los comportamientos individuales disfuncionales cuando se generalizan pueden contaminar la campaña, la gobernabilidad y tener consecuencias sociales y políticas de gran impacto. Participemos. Invirtamos energía. Pero hagámoslo, candidatos, dirigentes y votantes, con la responsabilidad de contribuir al robustecimiento institucional del país y estemos muy claros de cuáles son las líneas rojas que no se deben cruzar en una campaña.

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Un comentario
  1. Muy interesante y atinado el analisis; yo resaltaria un parrafo del penultimo tracto: “sin el menor sentido de responsabilidad”. Gracias tambien por enseñarnos historia.

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