Bibliotecas humanas

Publicado el 21 junio, 2021
Categoría: Artículos, Convivencia
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En Dinamarca surgió en el año 2000 la idea de una biblioteca en la cual, además de prestar libros a los visitantes, les prestan seres humanos… para que los lean. Vas ahí y en vez de buscar un libro sobre desocupación, pides hablar con un desocupado. “El objetivo de las bibliotecas humanas es ayudar a construir la comprensión desde la diversidad, proporcionando un marco para conversaciones reales sobre cuestiones importantes. Se trata de establecer conversaciones abiertas que lleven a una mayor aceptación, tolerancia y cohesión social de una comunidad. Es un enfoque innovador que intenta desafiar los estigmas, los estereotipos y los prejuicios a través de una conversación amistosa”.

¿Cómo se hace la lectura de un ser humano? Escuchándolo. ¿Y cuál es el propósito? Verlo un poco más como es y un poco menos como imaginamos que es. Pensemos por ejemplo en lo útil que este ejercicio resultaría para un cristiano o un budista sostener una conversación con un musulmán.

Me traslado a nuestro medio. Alguien se da cuenta de que sabe muy poco de lo que es un sindicalista, un empleado público, un capitalista, un nicaragüense o una persona que se opone a vacunarse. Iría a algún lugar, como una biblioteca y pediría un rato de conversación con una persona que obedezca a esa denominación. La conversación no podría ser a la manera usual. La manera habitual de conversar es dejar al otro medio empezar y luego soltarle lo que nosotros creemos, sentimos, deseamos. No somos escuchas. Somos predicadores porque además mucho de lo que hablamos no son descripciones de hechos, preguntas al otro o exteriorización de nuestras dudas para realizar una búsqueda juntos. No. Una buena parte de nuestra conversación es predicación: te voy a decir cómo soy yo, con el fin de que tú me imites.  O peor, te voy a decir cómo es la realidad para que, entendiéndola, tengas éxito.

No se puede leer un libro sin abrirnos a su contenido. Tomemos figurativamente, el libro de personas cercanas, pareja, colaboradores, vecinos, alumnos. Busquemos las páginas donde se encuentran sus temores, sus aspiraciones. Dejemos que exprese cuál ha sido su biografía, esa historia que hace a esa persona ser como es. Qué creencias tiene. Cuál es su teoría sobre la vida, sobre el trabajo. Qué es lo que a su juicio vale la pena y cómo alcanzarlo.

Las etiquetas que le colgamos a nuestros congéneres son superficiales y para empeorarlas, son bastante permanentes. Que alguien pierda los estribos en una reunión, no nos da derecho a calificarlo de iracundo. Ni quien dio una excusa falsa es un mentiroso. Cuando asumimos una posición basada en prejuicios, en etiquetas, la probabilidad de que nuestra posición esté equivocada es muy alta. Eso sería como que los científicos decidieran dejar de buscar evidencias y procedieran basados en creencias e inclinaciones. La ciencia ha progresado lo que ha progresado, porque se basa en evidencias. ¿Avanza así nuestra forma de vivir en comunidades?  ¿Nos sentimos cómodos con la forma como nos conducimos en el seno de nuestra familia? ¿Estamos satisfechos con la forma como tomamos decisiones sobre seres humanos en las empresas? ¿Creemos que avanzan la tolerancia y la sensatez de nuestra comunidad nacional? ¿Nos acercamos a una campaña política de diálogo o de minusvaloración de los otros? Las etiquetas crean fosos que nos dividen. Esos fosos deterioran los procesos de búsqueda de acuerdos. Son lo contrario de sostener una conversación con el disidente, con esa persona que no estuvo de acuerdo con esa idea tan brillante que recién presentamos.

Para franquear los fosos que encontremos en esta materia, tenemos que mejorar la comprensión de quienes nos rodean, lo cual no quiere decir que tenemos que llegar a conocerlos completamente porque sabemos, que ni ellos mismos se conocen. Esa no es la tarea. La tarea es movernos una micra en la dirección acertada en nuestras interrelaciones. Esta mejora puede lograrse si hacemos más preguntas que afirmaciones, si en vez de usar en nuestros intercambios la amenazante frase de ¿por qué?, invitáramos a nuestros interlocutores a que nos dijeran más que lo que nos han dicho. Si en vez de esto no se hace así, utilizáramos la pregunta ¿Si volvieras a estar en la misma situación cómo lo harías? Si en vez de ser como jueces listos a dictar sentencia, sintiéramos que nuestra función es facilitar el crecimiento del otro.

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Un comentario
  1. Interesante, pero complicado. Talvez en otras latitudes funcione segun la idea expresada. Aqui, conversar con un sindicalistam defendera su punto de vista hasta la muerte. La discusion o analisis del sindicalismo, seria muy complicada.

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