Parques y bien común

Publicado el 14 junio, 2021
Categoría: Artículos, Convivencia
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Hace unos meses encontré en un parque de Curridabat un aviso que decía más o menos esto: Este árbol será talado debido a sus condiciones. Su materia orgánica será destinada a mejorar la calidad de los suelos. Y será sustituido por una especie nativa. Me gusta el aviso. Me previene. No me gustaría encontrar el árbol talado. Me da a entender que la Municipalidad entiende el apego de los habitantes con sus árboles. La explicación hace más suave la despedida. Se sabe que alguien ha pensado que el árbol ha llegado al final de su vida.  La información de que será sustituido hace menor el impacto de la pérdida. Habrá que esperar algunos años, pero se sustituirá el árbol viejo para que el ecosistema no sufra una pérdida neta. Un árbol en un parque es un bien público. En esa comunidad, los árboles están rotulados con su nombre común y su nombre científico y hay la posibilidad de acceder a más información mediante el teléfono celular a través de un código QR.

Los parques son bienes públicos. Los espacios de los cuales se dispone en las viviendas van siendo cada vez más reducidos lo mismo que nuestra posibilidad de contacto con la naturaleza. Nos encaminamos hacia ciudades como la mayoría de las ciudades europeas donde los jardines privados son inexistentes. Por eso es de alto valor que las municipalidades, instituciones públicas muy cercanas que deben patrocinar el bien común, tengan una visión de gestión de bienes y servicios públicos que aumenten el bienestar de la comunidad.

Las municipalidades pueden desarrollar múltiples experimentos de buena convivencia en los cantones y la sintonía de los habitantes está asegurada debido a la cercanía que los habitantes tenemos con ellas. Y qué mejor actividad en ese empeño que ponernos en contacto con la posibilidad de contribuir al bien común, fundamento de la buena política.

En un país con tanta sensibilidad ambiental como el nuestro, los parques son la mejor circunstancia para mostrar y reflexionar sobre nuestros deberes como habitantes y sobre las satisfacciones que podemos obtener de esos bienes públicos. Son además un espacio donde las comunidades podríamos, con diversas iniciativas de vecinos empeñosos, ejercitar nuestra creatividad a fin de fortalecer el capital social necesario para aumentar el bien común. Esto no solo en aspectos tan concretos como el descanso y la diversión, sino también tan abstractos, y hoy en día un poco nebulosos, como el fortalecimiento institucional del país, especialmente en cuanto al estado de derecho, la solidaridad y la posición democrática. ¿Podrían llegar a ser los parques, la caja de arena en la cual aprendamos a robustecer la institucionalidad que tanto fruto nos ha traído? Quede esto dicho con motivo del Día del Árbol, el cual se conmemora el próximo 15 de junio, conmemoración instituida durante el Gobierno de don Alfredo González Flores, en 1915, por lo cual se la considera como una de las primeras leyes de carácter ambientalista del país.

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