Salto hacia la vida

Publicado el 5 abril, 2021
Categoría: Artículos, espiritualidad
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Recién ha concluido la Pascua Judía y comienza el Tiempo Pascual para los cristianos. Un origen que se señala para la palabra Pascua es salto. Se dice que antes del Éxodo se trataba del salto del invierno a la primavera. Luego denominó el hecho de que el ángel de la décima plaga pasara por alto las casas de quienes habían marcado sus puertas con la sangre del cordero. Y en el contenido del Nuevo Testamento, como salto de la muerte a la resurrección.

La vida es un salto. De todos los elementos inorgánicos que el Big Bang puso en marcha, solo un salto cualitativo profundo pudo haber introducido cambios que consiguieran darle a la vida, las facultades de reproducción, sostenibilidad y crecimiento. Y puestos a pensar en la evolución de nuestra propia vida humana, sin duda el salto más radical ha consistido en pasar de la vida orgánica a la vida consciente, a esa capacidad, que posiblemente no tiene una ameba ni un conejo, de formular pensamientos sobre la realidad, y contrastar su correspondencia con ella y de darnos cuenta de que vivimos, sentimos, tememos, aspiramos.

Todo esto deberíamos presenciarlo con gran admiración, con extrañeza, o sea, con asombro. Esta capacidad de admirarse, de sentirse sobrecogido ante lo que no entendemos, es la emoción básica del científico, y es la primera grada que hemos de escalar en el ilimitado crecimiento personal del cual somos capaces. Que el hecho de tenerlos tan cercanos no nos reste asombro ante un grano de sal, o ante la función tan importante que la sal tiene en nuestro organismo. Las maravillas no solo se encuentran en las estrellas.

Nuestro cerebro tiene una gran habilidad para percibir cambios. Es parte de su tarea de ayudarnos a sobrevivir. Superémoslo. Estemos atentos no solo para percibir lo que cambia sino para maravillarnos de cómo permanece lo que permanece.  Así como aprendimos a leer, que no es indispensable para sobrevivir, podríamos aprender a contemplar y admirar los hechos de la realidad de la que somos parte, lo cual, si bien no es necesario para sobrevivir, sí lo es para tener más plenitud. Hagamos paréntesis en nuestro modo de supervivencia mediante espacios de contemplación… claro, cuando no haya peligro de que nos coma un tigre.  Demos este salto desde la supervivencia al modo de contemplación para no pasar por alto esta maravillosa realidad en la cual estamos inmersos. Intentemos dar saltos del individualismo al amor.

Así iremos completando, a saltos y con asombro, el despliegue del pequeño trozo de ser del cual somos pastores.

 

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