Silencio y soledad

Publicado el 29 marzo, 2021
Categoría: Artículos, Desarrollo
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La comunicación instantánea nos tiene condicionados. Antes saltábamos a atender el teléfono fijo en las relativamente pocas ocasiones en las cuales recibíamos llamadas. Hoy recibimos más llamadas, correos, whatsapps, mensajes de Facebook, Instagram, Linkedin, Twitter. ¿Cómo hacemos para conservar la atención en lo que hacemos? Porque atender a todas esas interrupciones y concentrarnos en lo que hacemos implicaría ser personas multi-tareas, lo cual está demostrado que causa ineficiencia.

Se dice que la inmediatez y lo atractivo de las pantallas están provocando adicción. Se recomienda por ejemplo que, si se quiere dormir bien por la noche, no se vean pantallas (televisor, teléfono, tableta, computadora) desde un par de horas antes.  Algunas personas han promovido ayunos tecnológicos, en la forma de no saltar a ver los mensajes según van llegando, o no mantener la computadora encendida cuando no se está trabajando en ella. Como resultado se reporta más tranquilidad, más capacidad de concentrarse, más eficacia en el trabajo. Es natural, porque el control sobre el entorno produce menos estrés y ansiedad que ser controlado por él, y aunque creemos que controlamos las pantallas, debido a la adicción, son ellas las que nos controlan.

Podríamos ir más allá e indagar en los efectos que las interacciones personales tienen en nuestra atención y en nuestro silencio interior. Necesitamos silencio interior para seguir el hilo a nuestros pensamientos, para reflexionar, para resolver problemas, para crear, o simplemente para presenciar la realidad y disfrutar de su complejidad, de su armonía, de su interdependencia.

La soledad puede ser elegida o impuesta por las circunstancias. Cuando es elegida puede ser utilizada como fuente de silencio externo e interno, con los mismos resultados que los del ayuno tecnológico. En Corea del Sur, por ejemplo, ha surgido una práctica llamada Honjok la cual cultiva la soledad. (Hon= solo y jok= tribu)

La soledad y el silencio son indispensables para la maduración y el desarrollo personales. Tan indispensables como las interacciones y la intercomunicación, lo cual no es una paradoja, ya que su solución se encuentra en armonizar las interacciones con la soledad y el silencio, silencio que ha de ser, ante todo, silencio interno. Erick Barker dice en su blog que cada minuto nos decimos a nosotros mismos 4000 palabras, así que de poco nos serviría la soledad si no logramos reducir ese barullo interno.

La otra consideración es a qué dedicar ese tiempo de soledad y silencio. Silencio y soledad deben tener un propósito. Deben abrir espacio a otras actividades. Si no abrimos esos espacios, la rutina, lo cotidiano, nos van llenando de ocupaciones. La rutina es nuestro default. Vamos accionando, pero al final del día, nos damos cuenta de que estuvimos haciendo cosas corrientes, iguales a las de todos los días. Hablamos de abrirle espacio a lo extraordinario, a considerar el rumbo que llevamos, el para dónde vamos, qué es lo que verdaderamente queremos, qué somos y cómo llegamos a ser esa persona que somos.

En concreto, ¿qué podríamos hacer con el tiempo dedicado a la soledad y al silencio? Podemos dedicarlo a no pensar. Esa es una forma elemental tal vez incompleta de definir la contemplación de nuestra mente (mindfulness). Dejar la mente vacía y ver qué pasa. Hay argumentos de que ocurren cosas muy positivas a nivel cerebral, mental y emocional.  O podríamos dedicarlo a conocernos mejor a nosotros mismos. Describir lo importante que nos ocurre desde el punto de vista de los resultados o de las emociones. ¿Por qué nos sale bien lo que nos sale bien y por qué otras cosas nos salen mal? Así podríamos ir mejorando la eficacia de nuestra acción ¿Por qué sentimos los sentimientos que sentimos? Ojo. No se trata de preguntarnos si debemos o si es conveniente sentir lo que sentimos, sino qué hay detrás de lo que sentimos. Otra cosa importante es reflexionar sobre el sentido de nuestra vida. Básicamente si la forma como estamos viviendo es la que nos parece más satisfactoria, más desarrollante. Conviene pensar en eso para ir haciendo ajustes.

Todos estos ejercicios de reflexión, lo mejor es hacerlos por escrito, a menos que se tenga una gran disciplina mental para que a las palabras no se las lleve el viento.

Para muchas personas esta semana está libre de trabajo. Podríamos convertirla en semana de tele, playa y mariscos. O abrirle espacio al silencio y a la soledad.

 

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En la sección Libros de la página Web AlvaroCedeño.com  busque el libro “El ser humano en la empresa”, ahí puede revisar los siguientes temas:

 

El diario del gerente                           pp. 162

Planes personales                                pp. 173

Temas para una estrategia personal    pp. 191

 

La alusión a Eric Barker tiene relación con su artículo

https://mail.google.com/mail/u/0/#search/Barke/FMfcgxwLswHJJghdDVTZzGjvXWjQLjWP

 

 

Un comentario
  1. Hay tantas preguntas que surgen por su comentario. Como lograr que los jovenes y en general, las personas de cualquier edad, como nosotros los viejos, no seamos adictos a la TV, el telefono y la tecnologia? Algunos practicamos la meditacion, yoga, la lectura, pero a veces no es suficiente. A veces el morbo nos traiciona.

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