“No me gusta la política”

Publicado el 15 febrero, 2021
Categoría: Artículos, Política
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En menos de un año, seremos convocados a elecciones nacionales. No se ha iniciado la campaña, pero ya se sienten los esfuerzos de quienes quieren llevar agua hacia sus molinos. ¿Cómo debemos prepararnos los ciudadanos comunes?

Partamos de la posición de quienes dicen que no les gusta la política e intentemos analizar esa posición. ¿Están hablando de contienda electoral; de la carrera para llegar primero; del pulso entre candidatos o partidos; de la miopía del fanatismo partidista; de la manipulación; de la pugna permanente entre nosotros y los demás?   ¿O están hablando de politiquería; de oponerse y bloquear todo lo que venga de la otra acera; de poner un filtro delante de los ojos y ver todo del color que lo ven los nuestros? ¿De valorar el pequeño paso de nuestro grupo y no mirar el gran retroceso que causa en el país?

Porque si hablamos de política en serio, eso no es materia de me gusta o no me gusta. Es asunto de responsabilidad. Existen unas determinadas circunstancias institucionales que pueden mejorarse o pueden deteriorarse. No es serio permanecer indiferente ante tales opciones.  ¿No te interesa el futuro de la seguridad social, de los derechos humanos; quieres avanzar hacia ser un país más moderno o te da lo mismo si para hacer un retiro de fondos hubiera que ir de nuevo al banco? ¿O si para hacer una llamada internacional hubiera que pagar diez dólares? ¿Te da lo mismo una educación pública de calidad que una debilucha?

Son decisiones políticas, las que afectan a grandes grupos.  Esas decisiones se toman de una u otra manera, según la orientación o las creencias de quienes ejercen el poder político. ¿Votaría usted por alguien que no tuviera valores democráticos? ¿Por alguien que no creyera en las libertades individuales? ¿Por alguien que menospreciara los derechos humanos? ¿Por alguien que no va a respetar la Constitución Política?

¿Cuáles serían buenas actitudes de los habitantes durante este año electoral?

  • Reconozcamos que los problemas políticos son complejos.
  • Que producir resultados valiosos para el país es difícil, pero que es más probable que lo logren grupos serios y responsables.
  • Aceptemos nuestras propias limitaciones de conocimiento.
  • Recordemos que en una democracia el voto de un erudito vale igual que el voto de una persona con pocos conocimientos.
  • Seamos suficientemente prudentes como para escuchar a quienes más saben y buscar explicaciones cuando las necesitamos.
  • Discutir nos lleva a aferrarnos a nuestra posición. Por eso es preferible reflexionar.
  • La reflexión mejora si nos informamos.
  • Hagámonos preguntas que nos lleven a buscar información.
  • Un gran instrumento de la reflexión es hacer preguntas.
  • Para reflexionar con provecho, hay que escuchar y esforzarse en entender a los otros.
  • Estemos atentos para percibir cuando la pasión nubla nuestra mente. Si nos apasionamos hablando de fútbol, eso no es grave. Si lo hacemos hablando del futuro del país, eso sí que lo es.
  • Guardémonos mucho de los juicios rotundistas (Todos los políticos son …; esto no hay quien lo arregle …; no importa quien gane las elecciones y otros semejantes).
  • Distingamos: Las discrepancias políticas se asientan en ideologías y en razones. Ejemplo: La idea de que el estado debe ser pequeño (o grande) es parte de una ideología. La idea de que el gasto público imprudente produce inflación es una razón.
  • Reconozcamos que entre quienes buscan ser electos habrá algunos que lo deseen por servir al país, porque sienten que tienen unas ideas útiles y realizables. Habrá otros que lo hacen por narcisismo o porque quieren tener poder. Y hasta podría haber algunos que piensen “a mí no me den, pero pónganme onde aiga
  • Reconozcamos que para una república es indispensable que existan personas que quieran servir en cargos públicos.
  • Pensemos que la corrupción es un gran mal para la conducción de los países. Y que en este país hay muchos controles que hacen difícil, aunque no imposible la corrupción.
  • Pensemos que, a pesar de algunos comportamientos, todas las personas a quienes elegimos son funcionarios públicos, servidores del país y están obligados por las leyes a determinados comportamientos. Afortunadamente, a ninguna de las personas a quienes vamos a nombrar le vamos a dar poderes absolutos.
  • Estemos conscientes de que una poderosa tendencia entre las personas que buscan ser electas es decirle al elector cosas que le agraden, así que cuestionemos críticamente todo lo que dicen y especialmente las ofertas y promesas que hacen. Como se decía antes cuando el periódico era el gran medio para circular noticias, el papel aguanta lo que le pongan.
  • En estos meses debemos utilizar mucho el pensamiento crítico, las preguntas incómodas. No es época de chuparnos el dedo. Ni de desentendernos de lo que unos y otros digan.
  • Hagamos esto sin inhibirnos por razones de escolaridad. No es excepcional escuchar preguntas sensatas de personas con baja escolaridad.
  • Valoremos este sistema democrático del cual disfruta una minoría de la población mundial.

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