Empresas revitalizadas

Publicado el 9 noviembre, 2020
Categoría: Artículos, Excelencia
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Una empresa con alma produce buenos resultados económicos; genera aprendizaje y energía para hacer crecer permanentemente su capacidad productiva; genera valor para sus terceros interesados, a saber, consumidores, personal y comunidades con las cuales tiene conexiones.

Para descubrir el alma de la empresa hay que mirar más allá de sus activos fijos. Hay que ver con cuáles actitudes se relaciona con sus terceros interesados. ¿Con qué actitud entrega su producto? Pienso en un extremo, en las empresas que producen un producto que tiene demanda, que deja buenas ganancias pero que es dañino para la salud. En este caso, y en otros no tan extremos, la actitud es: aquí está este producto. Lo pongo en tus manos porque eso me produce ganancia. En el otro extremo, pienso por ejemplo en las que están trabajando al máximo para encontrar una vacuna contra el Covid-19. Claro que acabarán recibiendo una ganancia, pero le están resolviendo al mundo uno de los grandes problemas del momento.

Si vamos a buscar el alma, busquémosla en la dimensión humana de la empresa. ¿Se ve la empresa a sí misma como un mecanismo, como un organismo o como una entidad humana, miembro vivo de la comunidad?  Una máquina, un mecanismo, puede producir cosas valiosas para la comunidad, pero no aprende, no crece, no puede aspirar al bien ni hacer un mal. Una empresa es una entidad cuasi-humana que tiene una voluntad, puede distinguir lo bueno de lo malo, toma decisiones y por tanto puede elegir actitudes que guíen su acción.

Esta elección que la empresa hace tiene consecuencias en su hacer habitual. Una “fábrica de utilidades” tiene menos alma que una empresa con un producto que tiene mucho sentido para sus consumidores y que por esa razón tiene excelentes resultados económicos (interés de los stockholders), pero que además contribuye a mejorar el medio ambiente y la sociedad en la cual opera, comenzando por los grupos de interés con los cuales se relaciona (sus stakeholders, a saber, consumidores, proveedores, colaboradores). Eso es lo que se denomina responsabilidad social empresarial y que podríamos resumir como la contribución de la empresa al bien común.

Se pueden aprovechar o desaprovechar oportunidades. Una fábrica de golosinas -producto de poca trascendencia- podría tener mejores estándares de responsabilidad social que un colegio privado -producto de mayor trascendencia-.

¿Cuáles son algunas de las manifestaciones del alma? Visión desafiante, esperanza, entusiasmo, actitud ante el reto, actitud innovadora, resiliencia, solidaridad, sinergia.

Palpita el alma en las razones que motivan a sus colaboradores a hacer un trabajo eficaz. Si las razones son totalmente extrínsecas como las retribuciones económicas, menos alma. Si las motivaciones tienen más que ver con el crecimiento personal y grupal, la satisfacción por el trabajo bien realizado, más alma. Pero todo esto se ve sobrepasado cuando las motivaciones son trascendentes, por ejemplo, relacionadas con el bien que el producto puede hacer a terceros. Ejemplos: una empresa de productos alimenticios, que se desvive por la salud de sus consumidores. O una universidad que se desvive por entregar a la comunidad graduados con conocimientos, destrezas y hábitos de alto valor para esa comunidad. Desvivirse, dice la Real Academia es mostrar incesante y vivo interés, solicitud o amor por alguien o algo.

¿Cómo revitalizar el alma de una empresa?  Lo primero es plantearse el asunto con seriedad. Luego indagar cómo la empresa se visualiza a sí misma. Descubrir qué la motiva y qué motiva al grupo humano que la compone. Después evaluar las manifestaciones del alma. De ahí, si se está seriamente interesado en el tema, brotarán planes de acción.

 

Esta nota está muy influenciada por “Fundamentos de la dirección de empresas” de J.A. Pérez López. Suyos son los conceptos de motivación trascendente y la perspectiva esencialmente humana de la empresa. Mía es la audacia de ponerme a hablar del alma.

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