Sigue corriendo el reloj

El excelente artículo publicado en El Financiero de esta semana por la periodista María Luisa Madrigal, me conduce a las siguientes reflexiones:

Participación

  • El gobierno no podrá sacar adelante una propuesta unilateral de solución al grave problema fiscal.
  • Se requiere participación popular, aunque esta participación popular no podría aspirar a llegar a un consenso, básicamente porque son múltiples las razones que distintos grupos sociales tienen para oponerse a las eventuales medidas, de ahí que lo natural es la divergencia y no la convergencia. Así que, como dice Abril Gordienko, de lo que se trata es de alcanzar acuerdos y no necesariamente, consensos.
  • La gestión de acuerdos obliga a una flexibilización de los intereses, dentro de lo que las restricciones planteen. Las restricciones, preferentemente originadas en criterios expertos, deberían ser explicitadas. Así podría disminuir la radicalidad de la oposición de quienes no logren ver sus posiciones reflejadas en los acuerdos finales.
  • Debemos tener en cuenta que la participación popular tiene grados. Ser informado ya es una forma de participar. Tener la posibilidad de aportar ideas, también. Lo mismo que conseguir que algunas ideas formen parte de la solución. Pero no debemos olvidar las circunstancias. Podemos informarnos sobre qué sostiene en el aire el avión en el cual viajamos. Podemos manifestar nuestro deseo de viajar sin turbulencias. Pero no podemos pretender decirle a la tripulación lo que debe hacer.
  • Estas y otras saludables reglas de juego tienen que estar claras. Este es un caso en que el alcance del diálogo y las reglas de juego deben ser cuidadosamente elegidos y ampliamente publicitados para que nadie tenga expectativas inexactas.
  • Es excelente la idea consignada en el artículo de El Financiero de contar con observadores externos en el proceso de gestión de acuerdos, preferiblemente con función de garantes de la calidad del diálogo y no de la cantidad de modificaciones que se haga a la propuesta de la cual se partirá.
  • El gobierno debe ejercer la representación política que la población le otorgó y no intentar en tema tan singular y de tan graves consecuencias, hacer un ejercicio de democracia participativa.

Planteo del asunto

  • La situación, el problema, su gravedad, las opciones de solución deben ser planteadas por el gobierno de manera didáctica, objetiva, sin demagogia a fin de que el mayor número de personas lo entiendan. No todos entendemos de desarrollo económico, pero sí todos entendemos de una economía familiar sin ingresos suficientes para atender los gastos; de los efectos de haberse venido endeudando para hacerles frente; y de cuándo los acreedores nos suben el interés y ya no están tan dispuestos a prestarnos.
  • Tanto el planteo del problema, como las características y objetivos del diálogo y la visión política y técnica del gobierno, deben ser ampliamente difundidos.
  • Hay que plantear, también de manera muy didáctica, para que la mayor parte de la población lo entienda, escenarios de “qué pasaría si” no solucionamos estos problemas en un tiempo dado. Sobretodo debe dejarse claro a la población que el tiempo corre y de cuánto nos queda disponible antes de entrar en perjuicios irreversibles.
  • En una negociación clásica, nunca se debe revelar la urgencia que se tiene por llegar a un acuerdo. Pero esta es una negociación singular. El equipo gubernamental no debería asumir la responsabilidad de ocultar eso. Es preferible mostrarlo, aunque algunos pretendan utilizarlo en contra de su posición. Allá ellos. Es preferible enfrentar la eventual posición insolidaria que asumen, que mantener a la población en la ignorancia.

Procedimiento

  • A estas alturas el Gobierno dispone de una buena cantidad de retroalimentación sobre la fallida propuesta original, y aunque esta ya fue retirada, es con esa retroalimentación que debería formular el mejor borrador posible para que sirva de base de un nuevo proceso de diálogo.
  • Los elementos componentes de este nuevo borrador deben ser explicados con amplios análisis y razonamientos sobre sus objetivos, sus ventajas y sobre la imposibilidad o costo de sustituirlos por otros elementos que logren lo mismo.
  • Esa segunda propuesta debe ser abierta a la revisión de un número amplio de partes representativas, no en un foro, sino en un proceso de análisis donde las partes dialoguen sobre los análisis y razonamientos, objetivos, ventajas, restricciones y costos que aparecen en la propuesta gubernamental. Aquí no se vale oponerse a secas sino proponer opciones de mejora. En una gestión de acuerdos una tarea de las partes es ayudar a la otra a encontrar puntos de acuerdo aceptables.
  • Al igual que en el planteo del asunto, en el manejo de la segunda ola de retroalimentaciones, el gobierno debe tener voluntad de claridad y voluntad de reflexionar sobre las virtudes y deficiencias de su posición. Tiene que hacer todo lo que esté a su alcance por convencer, pero debe saber que no lo logrará con plenitud ni con todas las partes. Y que está obligado a proceder. No podrá diseñar un plan totalmente indoloro, pero sí debe gestionar su mayor aceptación política.
  • El proceso debe contar con tiempo suficiente, pero no debe ser interminable. Eso también debe ser comunicado con claridad con regla de juego.

Aspecto político

  • La solución al asunto debe contener una propuesta que resuelva de manera sostenible el problema fiscal. Esta no es la parte complicada. Existen reglas y restricciones que sugieren la solución.
  • Pero debe contener también un conjunto de planes sobre la reactivación. Esta parte del asunto es complicada, aunque en los últimos años se han venido señalando obstáculos al emprendimiento y a la productividad. Por ahí habría que empezar. También, con ocasión de la pandemia, se han expuesto ideas innovadoras sobre cómo reubicar al país en los negocios internacionales (nómadas digitales, transformación del turismo). Y además las nuevas evidentes tendencias mundiales deben ser atendidas (Revolución Industrial, cambio climático, economía verde, reshoring)
  • Es indispensable un planteamiento político sobre el mejoramiento de la equidad con suficientes garantías de cumplimiento. Esta parte del asunto es compleja, pero no debe ser evitada. Es la parte de la gestión gubernamental con la cual se podría estimular la esperanza.
  • Un gran desafío en la formulación de la propuesta es la interconexión entre los tres componentes. Para hablar de lo obvio, si el PIB crece, los costos de resolver el problema fiscal y el problema de equidad se reducen. Lo urgente es lo fiscal, y en eso hay que ir al detalle. Los otros dos componentes son políticos y posiblemente no se pueda ir al detalle debido a su complejidad, pero el pronunciamiento político aspiracional debe ser fehaciente y se debe hacer el esfuerzo para que tenga el carácter de política de estado y que su vigencia vaya más allá de la vida del presente gobierno.
  • El propósito de la gestión gubernamental es el bien común. Habrá grupos a quienes perjudicarán ciertos elementos de la solución, pero la no solución perjudicará a grupos más amplios y de manera más intensa. Sobre esto, lo mismo que sobre la explicación del problema, el gobierno debe agotar su capacidad de comunicación didáctica y esto no es un tema trivial que pueda ser atendido con la primera idea que surja por ahí.

Nota: Este artículo fue concluido antes de conocer el texto del «Planteamiento del diálogo social» emitido por el Programa Estado de la Nación.

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