Pongámonos serios

Publicado el 28 septiembre, 2020
Categoría: Artículos, Política
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Escribo con gratitud para este país. Siempre ha sido un espacio de paz y de libertad. Me ha dado oportunidad de crecer.  Ha sido un ejemplo de respeto al derecho. Y durante decenios fue un espacio de equidad. Aunque ya no. Así que me dirijo a quienes como yo pueden sentir gratitud con estas circunstancias y también a quienes se sienten estrujados por ellas.

Enfrentamos un agudo problema fiscal. Tenemos que sacar la Verónica a la procesión, y no tenemos con qué comprarle tafetanes. Si no hacemos algo no habrá ni procesión. Hemos venido viviendo de a prestado. Pero ahora eso se conoce tanto, que ya nadie nos quiere prestar.

¿De qué naturaleza es el problema? Tenemos que hacer que los gastos de gobierno sean menores a los ingresos. El gobierno se propone lograr eso en el 2024. También se propone reducir la deuda pública en el 2034 para que llegue a ser solo la mitad de lo que el país produce cada año. Ahora es mucho más de la mitad. Por eso, porque se sabe que estamos hasta las orejas de deuda, quienes nos prestan suben el interés que nos cobran y entonces cada año tenemos que sacar más platita para pagar intereses y queda menos para mejorar puertos, carreteras, puentes.

¿Cómo podemos lograr eso?  Aumentando los gastos mediante impuestos, lo cual a todos nos duele porque nos saca plata del bolsillo y reduciendo los gastos del gobierno. El gobierno presentó una propuesta el 17 de setiembre, pero todos los expertos coinciden en que la propuesta ofrece sacarnos más plata que lo que el gobierno propone reducir sus gastos. Y piensan que eso no se vale. Realmente, hay varias cosas que no se valen. No se vale estrujar más a quienes menos tienen. Tampoco se vale gastar sin eficiencia los impuestos que pagan pobres o ricos, que para el caso da igual.

Vamos a negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI), una institución que atiende a los países en problemas. Ver llegar al Fondo, hace sentir lo que sentíamos antes cuando veíamos llegar al cura con los santos óleos. El gobierno le está proponiendo al Fondo resolver ese problema urgente de gastos mayores a los ingresos, pero algunos quieren que también le proponga otras cosas importantes. Para empezar, un sólido plan de reactivación de la economía, esto es, cómo hacer para que las empresas vuelvan a producir, para que nuevas empresas produzcan otras cosas que no producíamos, de manera que esto cree empleos y reduzca el horrible problema de desocupación que padecemos.  Querrían también que se aumente la eficiencia de las instituciones públicas. Que el Ministerio de Hacienda le cobre a todos los que deben pagar impuestos. Que se revisen estrictamente las exenciones, esto es, a quienes se les perdonan impuestos. Que los chicos aprendan más en las escuelas, colegios y universidades públicas. Que se tarde menos tiempo construyendo una carretera o un puente y que una vez construidos, no se los lleve el agua en el próximo invierno. Que los trámites no desanimen a quienes quieren meterse a producir un producto nuevo. Que quienes tienen que hacerlo velen por que no haya empresas y empresarios “ordeñando al consumidor”. Porque está bien que las buenas empresas ganen plata. Pero no está bien que ganen plata porque se les garantiza que otras empresas no competirán con ellas. Quieren también que las oportunidades estén mejor repartidas, porque hoy no lo están. Y por eso hay quienes se sienten estrujados por las circunstancias. No estoy soñando. Tal vez no todas las cosas importantes se pueden resolver totalmente. Formulemos grados. Para algunas propongamos soluciones A, para otras B y para otras C. Pero todas deben ser atendidas. Unas de estas cosas hay que hacerlas por técnica hacendaria, otras por ética política y algunas hay que hacerlas por mínima decencia. No hacer estas no es un asunto de conocimiento o de técnica. Es un asunto de estómago. De haber aprendido a aguantarse las náuseas.

Este es el problema de estas semanas. Si solo se le propone al Fondo apagar el incendio de ingresos y gastos del gobierno, o si nos comprometemos además a mejorar el país.

Yo pienso que, ante un problema como este, se puede pensar en pequeñito, en poquitos, en pañitos de agua tibia o como ticos corrongos. O se puede pensar con audacia, con generosidad, con esperanza. Podemos salir de esta apenitas salvados por la campana o podríamos excedernos. Ir más allá. Pensar no en como salir del paso sino en qué es lo que este estupendo país merece.

Para variar, estamos contra el tiempo. Y entonces me temo que el gobierno va a argumentar que no se puede meter en todo lo que digo en el párrafo anterior y que agradezcamos que por lo menos resuelva el problema inmediato. Pero ¿qué tal si obtenemos más tiempo? Al principio se pensaba tener la propuesta lista a principios de octubre. Eso no será posible. ¿Por qué no trasladarla a diciembre y atacar no solo el problema urgente sino también los problemas importantes? ¿O qué tal si le proponemos al Fondo que hagamos un ejercicio conjunto de innovación?   Planteemos la solución al problema urgente, pero en el mismo documento en el cual nos comprometemos a resolverlo, nos comprometeríamos a presentar a corto plazo unas soluciones para los problemas importantes.  Innovemos. Co-creemos con el Fondo una solución robusta, nunca vista.

Es necesario mejorar la propuesta del gobierno sobre el problema urgente. Pero si de esta no quedamos comprometidos a resolver los problemas importantes esto es lo que ocurrirá:

  • Quedaremos encaminados hacia convertirnos en un país corrientón. Dejaremos de ser lo que hemos sido.
  • Seguiremos heredando pobreza desde cada generación a la que sigue.
  • Seremos un país de bajo desafío. Donde la gente vive sin esperanza, sin ilusión.
  • Seremos un país del cual emigrarán nuestros jóvenes. Y si no pueden emigrar mirarán con ansia y resignación el éxito de otros países.
  • Los mayores quedaremos con la goma moral de lo que no fuimos capaces de hacer.

Los ciudadanos comunes podemos contribuir a evitar esto. Unos más que otros, porque unos son más escuchados que otros. Pero no hay duda de que quienes más pueden contribuir son las autoridades del poder ejecutivo, del congreso y de los partidos políticos. Es a ellos a quienes los habitantes comunes nos quedaremos señalando cuando miremos lo que pudo haber sido y no fue.

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