Metámonos en algo

Publicado el 25 septiembre, 2020
Categoría: Artículos, Emprendimiento
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La semana pasada vimos cómo se podía aplicar el pensamiento estratégico a una persona. Hoy podríamos ver cómo se aplica al nacimiento de una empresa. Pensemos para eso en una persona que trabaja en mantenimiento industrial en una fábrica y que a raíz del encogimiento que padecen muchas economías en el mundo, se queda sin trabajo. Esta persona podría llevarse las manos a la cabeza y lamentarse por lo que le ha ocurrido, o podría decir ¡ahora es cuándo! Esa persona siempre ha tenido el sueño de trabajar por cuenta propia. Podría hacer las cosas como ella sabe, sin tener que pedir permiso a sus jefes. Podría hacer cosas, aunque no estuvieran en el presupuesto y podría hacerlas a su modo sin que “le cayera la auditoría”. Ese es su sueño. Y por ahí va a empezar su pensamiento estratégico, alimentando ese sueño. Se ve a sí misma trabajando muchas horas, ganando dinero según la cantidad de trabajo que realice. Se acabó el sueldito seguro … pero también se acabó el sueldito limitado “porque si te aumentamos a vos, le tenemos que aumentar a muchos otros”. Sueña con clientes a los cuales atender con esmero.

Luego pasa a hacer una lista de las circunstancias que tiene: la platita de las prestaciones, unos conocimientos de mantenimiento de equipos, buenas cartas de recomendación de su empresa, una imagen de persona responsable y trabajadora y además está sin trabajo. A eso es a lo que se denomina fortalezas. ¿Se ve a sí mismo poniendo un bar, una venta de comida, o una librería? Cada vez que piensa en eso, algo dentro de sí le dice “zapatero a tus zapatos”. Y es que soñar no es dejar volar la imaginación, sino tener un sueño realizable. Entonces se ve más bien, con un taller de equipo industrial o con un taller automotriz o reparando electrodomésticos. De pronto, ve claro algo que no había visto: debido al mismo encogimiento de la economía que lo dejó sin trabajo, también las familias van a tener que reparar los electrodomésticos que antes tiraban con facilidad. Esto es lo que se denomina una oportunidad. Y con estos tres elementos, el sueño realizable, las fortalezas y la oportunidad, se pone a armar una idea que originalmente es poner un taller para reparar electrodomésticos no electrónicos. ¿Por qué sólo esos ? Porque reconoce que tiene la debilidad de que conoce poco de electrónica. A eso se le denomina un punto débil.

Ahora ya su pensamiento estratégico está en marcha. Empieza a producir opciones: aliarse con un colega que sí es muy bueno en electrónica y que está a punto de perder su empleo. No concretarse a poner un taller sino dar servicio a domicilio, con una vanette que sea un taller móvil en la cual se desplaza a casa del cliente mientras en la contestadora de su celular van registrándose las llamadas. Pero, claro, ya otros están haciendo esto desde hace tiempo y eso es una amenaza para su proyecto. ¿Cómo hacer para “salirle adelante” a la competencia? Ah, trabajando más horas, dando atención más pronta, haciendo un trabajo de alta calidad, tal vez garantizando la calidad de los trabajos … y hasta se le ocurre una pequeñez que le parece que sería valiosa para los clientes: dejar el lugar de trabajo más limpio y ordenado que como lo encontró, porque ¡Quién no ha sufrido el desorden y la suciedad que dejan tras de sí quienes vienen a hacernos un trabajo a la casa! A todas estas ideas de cómo “salirle adelante” a la competencia, se les denomina ventajas competitivas.

¡Qué bien! Ahora está mejor que al principio. Ya ha hecho un FODA – un análisis de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas, perfiló un sueño realizable y sacó en claro una idea de negocios, con todo y sus posibles ventajas competitivas. Todavía le falta. Pero ya no es simplemente un desempleado. Ahora es un capullo de empresario.

 

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