Ingeniería y contemplación

Publicado el 24 agosto, 2020
Categoría: Artículos
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Una persona dedicada a la ingeniería trabaja en modificar la realidad, en mejorarla para determinados fines. Un contemplativo, se ocupa de aceptarla, de saborearla, de agradecerla y si es religioso, de alabar. De interpretar la conexión que la realidad tiene con lo trascendente, lo inmutable.

El ingeniero está sujeto a presupuestos monetarios y de tiempo. Pienso que el contemplativo no tiene cronograma. La moción, la epifanía, la iluminación no tienen que venir antes de que termine este mes. La búsqueda justifica su actividad.

Enfrentada a fechas límites y a presupuestos, la ingeniera podría desarrollar ansiedad. La ansiedad proviene de querer que las cosas no sean lo que son. Si había que gastar cien y gastamos doscientos, o si algo había que terminarlo hace dos semanas y todavía no concluye, la ansiedad toma la forma de por qué, de si hubiéramos hecho o no hecho tal o cual. E igual es la naturaleza de la ansiedad que sentimos cuando vamos a las diez, ya casi llegando al lugar donde tendremos una reunión a las diez. Aquí la ansiedad consiste en el torpe deseo de que no fueran las diez sino más temprano.

La ansiedad nos acelera el ritmo cardíaco. Nos da mal sabor de boca. Nos hace sentir tensión en varios músculos. Enfocarnos en una sola cosa y no mirar lo demás. Nos pone irritables. Nos quita razonabilidad. Porque de otra manera sería fácil que el razonamiento de que es imposible que sean las nueve y cincuenta cuando ya son las diez, serviría para tranquilizarnos, y no nos tranquiliza. La ansiedad puede presentarse sola o mezclada con culpabilidad no trasladable ¿Por qué me levanté tarde? ¡Debí haber desayunado más rápido! O con culpabilidad trasladable. Si no me hubiera atrasado el vecino con su pregunta. Si en la gasolinera me hubieran atendido más pronto.

Me gusta una idea de Tony de Mello: Serenidad es aceptar incondicionalmente la realidad. Se dice fácil. Habría que empezar por tomarnos en serio nuestra propia racionalidad, lo cual es difícil en caso de culpa o ansiedad. Por ejemplo, deberíamos tener clarísimo que el pasado no se puede modificar. Si salí de casa hace diez minutos, no es posible haber salido hace media hora.  Pero ese es el pensamiento irracional que nos acompaña en toda la presa de tránsito. El querer haber iniciado el viaje antes. La culpabilidad es, darme un azote mental, en cada una de las veces que siento el deseo intenso de que no fuera la hora que es.

¿Cómo conciliar el afán de modificar la realidad con su aceptación?  ¿Son utilizables la ansiedad o la culpabilidad?  Sí. Pero solo cuando las convertimos en fuente de energía orientada hacia el futuro. Mañana nos levantaremos más temprano. O no veremos las noticias mientras desayunamos. O nos disculparemos si alguien interrumpe nuestra agitada rutina de salir de casa. En vez de ¿Por qué, por qué? lo cual nos preguntamos mirando al pasado, formular la frase de me propongo, me propongo, con la mirada puesta en el futuro. Futuro el cual comienza mañana.

Y aquí es donde viene la síntesis: en nuestra vida habitual necesitamos ser un poco ingenieros: modificar la realidad para mejorarla, para ajustarla a nuestros objetivos. Y un poco contemplativos: aceptar la realidad, como primer paso. Después de este primer paso deberíamos intentar saborearla tal y como es y agradecerla.

 

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