Políticas públicas

Publicado el 17 agosto, 2020
Categoría: Artículos, Política
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Hay tiempos señalados y tiempos corrientones. Este es señalado. El impacto económico de la pandemia será profundo. Todavía no sabemos cuánto. Del otro impacto, llamémoslo cognitivo o emocional, se habla poco, pero también será profundo. Recuerdo relatos de familias que aprendieron a no dejar ningún resto de comida en el plato, porque habían vivido hambrunas. Esta pandemia nos ha hecho sentir vulnerables, nos hemos sentido en peligro, y eso dejará alguna huella.

Pienso que si la pandemia hubiera terminado en mayo, los Bonos Proteger hubieran sido una solución suficiente para la perturbación económica en los más desaventajados. Posiblemente para las empresas perjudicadas, excepto en la industria turística, hubiera bastado con algunos programas crediticios de readecuación y nuevos proyectos. Pero no terminará en agosto y no sabemos si terminará en este año 2020. Entonces no basta, para conducirnos como país en la post-pandemia, con medidas aisladas, sino que es necesario formular una política comprensiva, amplia, multi-dimensional.

Algunos de los propósitos de esa política imagino que serán:

  • El robustecimiento de nuestra identidad y visión como país.
  • La afirmación y desarrollo de nuestra institucionalidad.
  • La estimulación de una actitud nacional esperanzada, de lucha y no depresiva.
  • La atención de las unidades familiares más vulnerables.
  • El manejo de la brecha educativa creada por la pandemia, en todos los niveles, desde prescolar hasta las universidades.
  • El reposicionamiento del sistema educativo público como mitigador de la desigualdad.
  • La aceleración de la educación técnica.
  • La reconstitución de las capacidades del sistema de salud pública, porque la pandemia podría regresar, u otra nueva podría visitarnos.
  • Poner a flote la situación fiscal principalmente para que no afecte el costo financiero de la deuda pública. Esto inevitablemente se relaciona con el gasto, pero la solución no se encuentra solo ahí. Será necesario un impuesto especial progresivo (que obtenga más de los que más producen y de los que más tienen).
  • La reactivación de la economía y consecuente reducción de la desocupación, empezando por asegurar las áreas en las cuales el país es exitoso.
  • La mitigación de problemas de exclusión, equidad, productividad.
  • El alineamiento con una solución eficaz de la crisis climática. Esta crisis no la va a poder resolver el país por sí solo, pero tenemos que utilizar nuestro liderazgo moral para dar un mensaje al mundo.
  • La estimulación de creación de bienes públicos que mejoren el bienestar de la sociedad.

Para todo esto es necesario concebir una política pública. Esto se diferencia de un parche o varios parches en lo siguiente:

  • Se debe aceptar que estamos ante un problema el cual demanda pensamiento complejo, porque no se puede manejar con métodos corrientes. Edgar Morin dice que el pensamiento complejo refiere a la capacidad de interconectar distintas dimensiones de lo real, cuando surgen hechos o fenómenos multidimensionales, interactivos y con componentes aleatorios o azarosos.
  • Lo anterior hace indispensable recurrir al pensamiento interdisciplinario y sistémico.
  • Se deben analizar y criticar cuidadosamente todas las consecuencias de la política.
  • La buena política consiste en gestionar el bien común.
  • Esto no es una legislación común y corriente. Es para la emergencia, la guerra, la crisis. La disposición de los ciudadanos tiene que estar permeada por el bien común, más que por la defensa de su propio patrimonio o ingresos.
  • Se debe procesar en los órganos políticos de manera diferente a como se lo hace tradicionalmente.
  • La participación de los políticos y de los grupos de presión debe ser muy visible y estar sujeta a una evaluación explícita por parte de órganos de la sociedad civil.
  • Hay que proteger preferentemente a quienes están cerca de la línea de supervivencia.
  • Importa más la ocupación que la productividad, porque el trabajo es fuente de auto estima y dignidad.
  • La participación de la opinión pública debe apegarse al realismo y a la responsabilidad y estar inspirada en una visión de largo plazo. Tal vez no estemos listos para eso, pero podemos aprenderlo.
  • Ejecutar esta política no es tarea para un solo gobierno, y menos si solo le quedan 20 meses de vigencia. Hay que convertir esto en una política de estado debidamente consensuada y con suficientes garantías de cumplimiento.
  • Es preferible perjudicar ganancias que perjudicar capital productivo.
  • Es preferible perjudicar capital improductivo que productivo.
  • Hay que repasar lo que ha resultado exitoso hasta ahora y construir sobre fortalezas.
  • Si se va a gravar la riqueza, hay que distinguir la riqueza líquida o liquidable de la riqueza a secas.
  • Como la emergencia climática está ahí y no desaparecerá con la pandemia, los proyectos que contribuyan a mitigarla deben tener preferencia.
  • Hay que aprender a ver con ojos nuevos. Pensar en el 2030 y no en devolverse al 2019. Distinguir cuáles elementos del 2019 no conviene resucitar y cuáles son imposibles de resucitar.

 

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