Gobierno y responsabilidad individual

Publicado el 10 agosto, 2020
Categoría: Artículos, Convivencia
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No basta con promulgar una medida. Hay que divulgarla adecuadamente. Hay que educar para que la libre conducta de cada uno esté en concordancia con la medida. Es preferible promover. A veces eso no basta y entonces hay que reprimir sin autoritarismo.

Cuando el gobierno autoriza por ejemplo que se reciba clientes en un restaurante, no está asegurando que los clientes tienen seguridad 100% de no infectarse en su visita.  El gobierno no sustituye el buen juicio del habitante. Que esté permitido circular no significa que es obligatorio. Es el habitante quien debe decidir si la importancia de su viaje supera al riesgo. Y cuando lo haga debe tomar todas las medidas preventivas.  La primera vez que se aflojó el martillo y vino una semana de baile, los números de personas de viaje y en las playas, mostraban que el mensaje gubernamental había sido interpretado en el sentido de que se podía salir sin ninguna restricción.

Eso se puede deber a una concepción mágica del gobierno. Es la misma que utilizamos cuando esperamos que nunca se equivoque. O cuando pensamos que es todopoderoso en materia económica y puede gastar aquí y allá sin que importen los ingresos.

No podemos esperar que el gobierno sustituya nuestra prudencia. A estas alturas de la pandemia deberíamos saber cuáles son las situaciones de riesgo y las buenas prácticas de mitigación de esos riesgos. El gobierno da lineamientos. Debe basarlos en cuidadosos protocolos y metodologías, pero puede equivocarse. El habitante responsable debe elegir cuándo y cómo cumple con esos lineamientos, y cuándo se pone lineamientos personales o familiares más estrictos. No se vale que una familia le reclame al estado porque su hijo llegó a tener una conducta censurable. La obligación de educación es de la familia. El estado provee servicios educativos, pero no sustituye a la familia en su responsabilidad. Igual, en la conferencia del medio día, las autoridades de salud nos dicen cuáles son las reglas mínimas de buen cuidado, pero cada uno de nosotros debe elegir su propia estrategia de cuidado familiar y personal.

La nuestra es una democracia representativa. No participativa. Quienes toman las decisiones son nuestros representantes.  Hace bien el gobierno en basar sus lineamientos en información objetiva, en conocimientos sobre epidemiología, en monitoreo constante de la realidad específica. Que donde no llega la ciencia, haya buen juicio. Aumente el gobierno si fuera necesario, el número y calidad de sus asesores.

La finalidad de las políticas ha de ser el bien de las mayorías.  A algunos sectores, eso les causa perjuicio. Difícilmente una política beneficia a todos. Hay ganadores y perdedores. O en el caso de esta crisis, unos salen más perjudicados que otros.  Si aplicamos el baile, las empresas que se abren con esa razón estarán mejor a corto plazo. Si aplicamos el martillo, se ven perjudicadas. Por eso a veces se siente que los grupos empresariales reclaman y empujan por un poco menos de martillo y más de baile. Ese es su comprensible interés particular. Pero el gobierno tiene la obligación de velar por los intereses de la mayoría. Quien quiere recibir clientes en su negocio vela por su interés económico. El gobierno debe emitir lineamientos que no se refieren solo a objetivos económicos, sino, en vista de las circunstancias, a intereses de salud, de supervivencia.

Se vale criticar las disposiciones gubernamentales. Pero no se vale ser un criticón a tiempo completo. Y el gobierno no debe olvidar que aún la exclamación biliosa, irreflexiva de algunos en las redes sociales, puede contener algo de valor. Hace bien en rectificar cuando se lo convence de su error, porque se vale devolverse, especialmente en materia tan compleja. Comunicar no es solo emitir mensajes sino recibir la opinión de las personas comunes. Eso que llamamos opinión pública, tiene múltiples motivaciones y formas de ver las cosas. No se vaya a creer que todo es politiquería, pero tampoco ha de ignorarse que algo sí que lo es.

Estos razonamientos no solo operan para las medidas de confinamiento. En el congreso hay una serie de proyectos que tienen que ver con la mitigación del impacto económico de la pandemia. Ahí también hay ganadores y perdedores. Y ahí también, esperamos del gobierno que sus propuestas estén fundamentadas en evidencias, en conceptos ampliamente aceptados. Eso es la ciencia. Un conjunto de conceptos ampliamente aceptados o robustamente basados en evidencias.

No hay que cansarse de repetir cuáles son los propósitos y las consideraciones que sustentan la política gubernamental. Que algo haya sido dicho no lo convierte en saber compartido por la comunidad.

Se nos pasan años en que todo es pura vida pero de pronto nos llegan situaciones como esta, en que conviene tener claro qué es lo que significa ser miembros de esta comunidad costarricense. Y elegir conductas basadas en los mejores intereses de la mayoría de los miembros de esa comunidad. Algunas de esas conductas duelen. El confinamiento duele. Los cierres de negocios duelen. Los impuestos duelen. Miremos este dolor sin dejar de contemplar las múltiples ventajas pasadas, presentes y futuras, de ser habitantes de este país.

 

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