Hacia un pacto social

Publicado el 27 julio, 2020
Categoría: Artículos, Política
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Anda circulando la idea de que para formular el conjunto de políticas que se requiere para enfrentar la post pandemia, es necesario llegar a un gran acuerdo nacional o un pacto social como también se le suele llamar.

¿Cuál sería el propósito de ese pacto o acuerdo? Imagino que agregar viabilidad política a las iniciativas del Poder Ejecutivo o del Congreso. Ambos poderes, podrían tener alguna dificultad para saltarse una propuesta consensuada procedente de un órgano ad hoc prestigioso. También se podría estar pensando en agregarle razonabilidad. Los ciudadanos podrían pensar que, en grupos adecuados, podrían tener una visión más amplia y quizá hasta unos conocimientos concretos más útiles. Además, pensarían los ciudadanos, que hay más probabilidad de que exista el virus politiquero en el Congreso y en el Poder Ejecutivo, que en la llanura donde ellos se encuentran. Pienso que tenemos claro que un pacto o acuerdo no es equivalente a una promulgación de leyes ni decretos. El país ha delegado su soberanía en los poderes constituidos.

Una dificultad es que tanto el Ejecutivo como el Congreso disponen del tiempo y los recursos humanos y de información para hacer estas tareas, mientras que los grupos de ciudadanos no.

¿Cuáles son requisitos importantes de esos grupos? Primero representatividad. No podemos crear un grupo con 3.5 millones de empadronados. Tampoco se debería escoger a 5 personas a dedo. No creo que deberían estar representados todos los segmentos de la población. Bastaría con que hubiera representantes de segmentos muy amplios, por ejemplo, empresarios y gerentes, trabajadores privados, trabajadores públicos, académicos y pare de contar. Esto para no tener que darle representación a las personas que fueron beneficiadas por El Timbre La Feria, o a los viejos aficionados al Club Sport La Libertad.

¿De dónde partir? En lo concreto, el trabajo debe utilizar un conjunto de ideas que el Presidente de la República dice que ha venido recibiendo. Pero antes de entrar a esa fase concreta, se debería contar con opciones de lineamientos generales. Un lineamiento general es el que ha producido el gobierno cuando ha dicho, al inicio de la pandemia, la salud primero y aquí nadie padecerá hambre, que pienso es la finalidad del Bono Proteger. Pero faltan lineamientos. Aunque a lo mejor, personas entendidas en legislación constitucional, podrían extraer dichos lineamientos de la Constitución. Uno que me parece interesante subrayar y poner sobre la mesa es el artículo 50, el cual cito parcialmente: El Estado procurará el mayor bienestar a todos los habitantes del país, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza. Toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. El Estado garantizará, defenderá y preservará ese derecho.

Otras opciones de lineamientos generales son las siguientes: ¿Vamos a tener en cuenta al formular estas políticas la inminencia de la emergencia climática? ¿Vamos a tratar de abatir deliberadamente la inequidad? ¿Vamos a tratar de restaurar la situación pre- pandemia o a intentar insertarnos en el futuro inmediato? Por ejemplo, en materia de educación, tecnología, productividad, competencia. O esta otra que le escuché a José Manuel Salazar, la de evitar daños a la democracia o a la paz social.

Sabemos que a quienes se convoca, no serán ángeles. Pero de antemano, saquémosle tarjeta amarilla a varias actitudes destructivas, por ejemplo a las siguientes:

  • Traer “línea” preestablecida u agenda oculta. Venir a afilar hachitas políticas. Hagámoslo de manera trasparente. Y tal vez convendría que antes de escoger a las personas, los candidatos dijeran con candidez a qué irían a la actividad.
  • Mirar hacia el pasado en son de queja o de culpabilización.
  • Venir en plan de “sí, pero …”. Lo conveniente es una permanente proactividad, visión hacia delante, urgencia por caminar, conciencia de que lo perfecto es enemigo de lo bueno, o sea, cultivar una actitud de “sí, y además …”
  • Venir a discutir, a obstaculizar, a jugar “combate naval”. Más bien se trata de venir a gestionar acuerdos. Todos los participantes deben recibir un breve entrenamiento sobre cómo hacerlo. Que nadie se sienta con derecho a que su idea sea aprobada. Entender muy bien el concepto de intercambios necesarios (tradeoffs). No venir a exigir unanimidades que no las habrá en materia tan compleja.
  • No pretender atacar síntomas. Buscar las causas raíces.
  • Más que venir a poner en la mesa las soluciones previamente imaginadas, lo que se requiere es aportar pensamiento crítico, escudriñar consecuencias ocultas. Tener claro cuándo nos podríamos estar disparando en el pie, cuándo saldrá más caro el caldo que los huevos, o cuándo estaremos cambiando la primogenitura por un plato de lentejas. Saber distinguir cuándo estamos ante una caja de soluciones y cuándo ante una Caja de Pandora. Primum non nocere. Primero, no causar daño, como dice el viejo precepto médico.
  • Venir a hacer poesía. No. Más bien, cuantificar, aterrizar, viabilizar. Traer muy claro lo que es la eficiencia. Lo que es la eficacia. La idea del costo beneficio. Y que no hay almuerzo gratis. Que no todo es soplar y hacer botellas. Y que nada produce resultados inmediatos.
  • Venir a ver qué ventajas sacamos para nosotros o los nuestros. No se trata de un reparto de obsequios. En estas circunstancias se trata más bien de repartir sacrificios, cargas. Venir dispuestos al dolor.

 

Por supuesto, hay otros puntos que quedan sin tratar. Hay experiencias nacionales e internacionales, eficaces o no. Aprendamos de ellas.

 

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