Creación de entes públicos

Publicado el 6 julio, 2020
Categoría: Artículos, Eficacia
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Esta nota se refiere al proyecto de ley de Fomento socioeconómico local, expediente No.21970, cuyo propósito es el financiamiento de empresas comunales, municipales y cooperativas. El objetivo es fomentar la reactivación y el desarrollo socioeconómico local del país desde la base productiva, para generar nuevas fuentes de ingresos y empleos a nivel territorial y crea un fondo de desarrollo socioeconómico local, para financiar organizaciones de base asociativa sin fines de lucro que privilegien su contribución a la cohesión social, el trabajo y al compromiso con el territorio donde se instalan.

Crear una entidad pública o privada requiere de diseño. Diseñar es descubrir una necesidad y crear una serie de reglas de juego, para que unos recursos produzcan la satisfacción deseada de esa necesidad. ¿Está claro en el proyecto cuál es la necesidad y de qué manera la nueva institución resuelve esos problemas? Utilizo una expresiva metáfora ajena: no se puede esperar que un torbellino recorra un depósito de materiales y al final de su recorrido deje armado un flamante avión jet.

Una vez creada una entidad pública, usted puede asegurar que seguirá ahí por los siglos de los siglos. En el medio público, está terminantemente prohibido morir. Vea cuánto le costó morir al Bancrédito. El fracaso del proyecto CERRAR lo demuestra. Los años perdidos en vender o cerrar empresas de CODESA, también. Una entidad privada está sometida a unas reglas de juego que hacen que, si no alcanza un determinado nivel de eficacia y eficiencia, desaparece. En el sector privado no está prohibido morir, y el temor a la muerte es un gran incentivo.

En el sistema público costarricense, estas razones conspiran contra la eficiencia y la eficacia. En primer lugar, la prohibición de la muerte. En segundo lugar, la tendencia de todas las burocracias del mundo de “volver el rótulo hacia adentro” y dedicar una parte de la energía a proteger su territorio y a proteger el confort que todos intentamos fabricar en nuestro propio beneficio. (“Volver el rótulo para adentro” es lo que hacen los dueños de una cantina cuando ellos mismos se convierten en sus mejores clientes)

Si se va a crear un órgano, una entidad de acción, una fuente de productos o servicios, lo primero que hay que hacer es demostrar que existe la necesidad. Esa demostración no es trivial. Es básicamente demostrar que algo está haciendo falta para lograr un determinado resultado. Si existen una serie de agentes (personas o grupos que accionan) los cuales no logran alcanzar sus objetivos porque por alguna razón no disponen de crédito para sus proyectos, la necesidad es esa: crédito. Y la solución, hacer disponible el crédito. Pero el diagnóstico diferencial debe hacerse rigurosamente. Hay que demostrar que lo que realmente les hace falta es crédito y no capacidad emprendedora o peor, demanda por los bienes y servicios que están deseosos de proveer. Deles crédito cuando no es crédito lo que se necesita, y la inacción continuará. Este es un problema de eficacia: estamos poniendo una escalera para que suban, pero la escalera está puesta en la pared equivocada. Sirve para subir, pero nadie querrá subir. Si las cooperativas u otras entidades del sector de economía solidaria no se desarrollan por falta de crédito, abrámosles oportunidades de crédito. Si no florecen por razones diferentes, ese es otro cantar.

Aun cuando se logre demostrar la eficacia, queda la cuestión de la eficiencia. Hay distintas formas de lograr los mismos resultados. En el caso de la pared y la escalera, hay distintas formas de subir. Se puede subir mediante una escalera, un plano inclinado, un elevador, una catapulta, una polea, un cohete de propulsión. En la etapa de diseño, la búsqueda de eficiencia consiste en determinar cuál de estos medios es el que tiene una mejor relación de costo-beneficio.  ¿Es el proyecto de ley el mejor medio para resolver el problema?

Ni la eficiencia ni la eficacia ocurren por casualidad. Se deben al conjunto de reglas de juego, de incentivos, que hacen que las acciones produzcan los resultados deseados. ¿Están claros en el proyecto esas reglas de juego, esos incentivos? Si no están claros, estamos utilizando el pensamiento mágico: esperando que unas acciones produzcan unos resultados con los cuales no tienen relación.

En estos tiempos de angustia fiscal deberíamos extremar el cuidado con los fondos públicos.

 

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