Eficacia de las universidades   

Publicado el 1 junio, 2020
Categoría: Política
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En el horizonte financiero de las universidades públicas, se ven estos densos nubarrones:

  • La ausencia de una demostración completa, fehaciente, sobre los resultados de su operación. El país tiene derecho a preguntarse sobre la contribución nacional de los recursos que utilizan las universidades y si sería preferible que parte de ellos se utilizaran en otros fines.
  • La existencia de un sistema de remuneraciones a sus funcionarios académicos y administrativos, que se considera desproporcionado.
  • Una nebulosa jurídica sobre lo que significa la autonomía universitaria. Para algunos, es el derecho constitucional que tienen las universidades para conducir sus actividades académicas sin intervención de ningún ente externo. Para otros, se ha dicho coloquialmente, es un privilegio de soberanía, esto es, no hay forma de que el estado costarricense interfiera con las universidades en ningún asunto.
  • En vista del estrés fiscal presente y futuro que la pandemia ha producido al fisco, y considerando el cambio de circunstancias ocurrido por el paso del tiempo, la Contraloría General de la República, recomienda reconsiderar las asignaciones presupuestarias que tienen asiento constitucional, por ejemplo, educación y poder judicial.
  • La proporción como se distribuye el FEES entre las universidades públicas, no satisface a algunas de ellas.
  • La alta proporción del gasto total que representan los salarios y pluses de las universidades.
  • La evolución de los medios y necesidades de formación producida por la revolución tecnológica.

Este panorama da lugar a pensar que las universidades la van a tener cuesta arriba cuando se sienten a la mesa de negociaciones con el gobierno, para negociar su nuevo subsidio estatal ¿Qué deberían hacer? A las universidades en el pasado les ha resultado productiva la táctica de hacer presión callejera. Ningún ministro de hacienda, ningún presidente de la república quería una huelga universitaria. Pero esa táctica podría haber perdido eficacia. Estamos curados de espanto. La huelga de maestros del año pasado, y los efectos del confinamiento de este año, han de haber cambiado la sensibilidad de la opinión pública, del Ejecutivo y de la Asamblea. Ha habido una gran cantidad de personas y empresas perjudicadas económicamente por la pandemia y la simpatía que tradicionalmente han sentido por la actividad universitaria, podría haberse reducido. Además, el estado de las finanzas públicas, que seguramente siempre se ha utilizado como argumento de negociación por parte del gobierno, ahora sí que es crítico. Entonces ¿Qué deberían hacer las universidades?

Todo proceso productivo se puede modelar como una función de producción, según la cual, el producto es una función de distintas cantidades de insumos y de la tecnología de producción. Se pueden producir tomates según distintas funciones de producción: en unas se dedica más tierra, más mano de obra, menos agroquímicos. En otras, menos tierra, más infraestructura, por ejemplo, para climatizar el cultivo, más agroquímicos. Las cantidades y calidades producidas son diferentes en distintas funciones.  Desde un punto de vista económico, hay una o algunas funciones de producción que producen los mejores resultados.

Entiendo muy bien la diferencia entre producir tomates y producir investigación, acción social y aprendizaje, pero no veo ninguna razón como para que el concepto de función de producción no pueda ser aplicado a las universidades. Se podría pensar por ejemplo en metodologías en las cuales los estudiantes gestionen más su propio aprendizaje. En cambiar el objetivo de las “clases” para enfocarlo más al aprendizaje que a la enseñanza. En formar a los estudiantes más como aprendientes. En ofrecer más apoyo y entusiasmar más al estudiante. En incorporar al mayor número de estudiantes a la enseñanza, no como asalariados sino como parte de su formación o como parte de la retribución por las becas que reciben.

Las funciones de producción de las universidades no podrán cambiar de la noche a la mañana. Por ejemplo, no todas las escuelas universitarias han tenido el mismo éxito utilizando la educación virtual en esta pandemia. Pero se vería bien que las universidades formulen un nuevo trato, sensible a la situación fiscal, apegado a tecnologías eficaces de enseñanza aprendizaje, el cual muestre metas más deseables a ir alcanzando por ejemplo año con año en los próximos cinco u ocho.

¿Qué se necesita? ¿Una consultoría internacional millonaria de cinco años de duración? ¡Atención! Las universidades han de tener núcleos de acción que funcionan muy bien. Utilicen el conocimiento de esos, estén en la universidad en la que estén, para mejorar los núcleos que funcionan regular o mal, también, estén donde estén. Pero hagan esta tarea con un enfoque de sistema y no desde compartimientos sampedranos o cartagineses. ¿Se ha cuantificado la mejora de eficacia si las universidades públicas funcionaran como un sistema?

¿Por dónde se empieza? Como decía Jan Carlzon de la aerolínea SAS cuando empezó a hablar de servicio al cliente:  Se empieza con un loco en la cumbre de la organización que se tome esto en serio.

¿Es esto difícil? Sí. Tan difícil como va a ser el camino para todos los costarricenses cuando se empiecen a sufrir las consecuencias de un país sobre-endeudado, lento en su reactivación económica y siempre con un ojo puesto en el regreso del virus.

 

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