Cómo sacudir los laureles

Publicado el 25 mayo, 2020
Categoría: Eficacia
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El artículo denominado “Sacudir los laureles” publicado el día 18 de mayo, se refiere a la necesidad de hacer esfuerzos personales, grupales, nacionales, para estar a la altura de la imagen que Costa Rica tiene en este momento, con motivo del excelente manejo de la pandemia y de la invitación a pertenecer a la OCDE.  Un amigo me hizo la observación retadora de que hubiera sido bueno que esa nota señalara algunas formas que deberían tener esos esfuerzos y este es el resultado preliminar.

En mi trabajo de desarrollo de la acción humana eficaz, he logrado identificar unos ciento cincuenta rasgos de conocimientos, destrezas o actitudes que si se practican, elevan la eficacia de la acción. Pero no es esta la ocasión para hablar de todos esos rasgos, aunque sí pienso que convendría hablar de los de mayor impacto o hablar de otros que no están en la lista, que sean fundamentales, de síntesis, inicio de encadenamientos, disparadores de otros (los podríamos llamar rasgos mecha). Kant acertó con su imperativo categórico y acuñó una regla de comportamiento según la cual, mejorará el bien común: proceder de tal manera que sería conveniente al bien común que todos procediéramos así (no es textual. Pero así la entiendo mejor). A lo mejor está por formularse un imperativo categórico de la acción humana eficaz.

Pienso que si cultivamos los siguientes elementos, acabaríamos acercando la realidad a la imagen de Costa Rica que tanto se elogia: En primer lugar, apegarnos a la realidad. Dejar de contarnos historias para maquillar la realidad. Pugnar por descubrir qué es lo real, entender sus consecuencias, aceptarlas, ser sobrios sobre nuestra apreciación de lo que se puede y no se puede modificar.

En segundo lugar, nuestra intención debería ser siempre constructiva y orientada hacia el bien común. Cuando accionamos, opinamos, reclamamos, apoyamos, nos oponemos, hacerlo siempre con intención constructiva. Dejar de estar afilando hachas ocultas. Dejar de estar pensando en efectos de carambola que no sean transparentes,

En tercer lugar, deberíamos descubrir sus posibilidades y ejercer nuestra proactividad. Es cómodo quedarnos como espectadores, pero lo queramos o no, en esta trama, somos actores. No hay forma de salirse del escenario y sentarnos en la luneta a observar. Por así decirlo, tanto en el problema de la seguridad del barrio, como en la emergencia climática, somos actores. No podemos ser espectadores y cuando lo pretendemos, no lo logramos, solo acabamos siendo malos actores.

En cuarto lugar, tres rasgos del buen pensar. Uno la lógica. Otro la ciencia, entendida como conocimiento basado en evidencias y en pensamiento crítico. Y el buen juicio, que es prudencia, sensatez.

Posiblemente esto esté incompleto, y por eso son bienvenidas los comentarios. Pero más importante que completarlo es pensar en cómo sacar adelante una agenda como esa. Si pensara como pensaba en el siglo XX, diría que había que hacer lobby para que el MEP adoptara esos temas como parte de sus programas. ¡Ciao, siglo XX!  Al final del primer quintil del siglo XXI, pienso que conviene que vayamos poniendo en práctica estos elementos, en la familia, la empresa, la comunidad, el gobierno.  ¡Ciao, primer quintil del siglo XXI! En lo que sigue del siglo, más pronto que tarde, alguien inventará una constelación de juegos, metáforas, textos, articulados por inteligencia artificial, que puedan correr en los teléfonos celulares, con unos elementos didácticos, lúdicos, que contribuirán a viralizar los contenidos y a hacer eficaz su aprendizaje y puesta en práctica. Maestros, ciudadanos, MEP, todos veremos cambiar la sociedad. Ojalá eso no nos agarre viendo p’al ciprés.

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