Confinamiento en libertad

Publicado el 20 abril, 2020
Categoría: Desarrollo
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Libertad y racionalidad. Ambas limitadas. Ambas condicionadas. Pero ambas distintivas de la naturaleza humana. Estas limitaciones de circulación y contacto que la pandemia nos ha impuesto, nos llevan a pensar en la libertad. Si libertad es hacer lo que queremos hacer, la pandemia nos ha reducido la libertad: nos ha creado nuevas obligaciones y nuevas restricciones. No iremos a donde solíamos ir ni nos relacionaremos como nos gustaba relacionarnos.

¿Pierde libertad quien se casa? ¿El religioso que profesa? ¿Quien se adhiere a un grupo formal? No la pierde, la transforma. Limitar la libertad mediante un acto libre, no es perderla. En algunos casos es sacri-ficarla, esto es, transformarla en algo de una naturaleza superior: hacerla sagrada, dice la etimología de sacri-ficio. La madre podrá decir que es esclava del hijito recién nacido, pero bien visto, reina más bien en su libre albedrío y elige desvivirse por él. Mandela tiene en prisión, la libertad para liberar a su pueblo y Cervantes la suya para escribir El Quijote.

Una maravilla de la naturaleza humana es cómo hemos logrado enriquecer el confinamiento: nuevas formas de emplear el tiempo, nuevas formas de mirar la realidad, nuevas formas de relacionarnos, nuevas tareas que tenemos que asumir en una vida diaria tan transformada, nuevas nociones de lo que somos capaces de hacer y que desconocíamos.

Podríamos decir que la prueba de nuestra libertad está en si seguimos siendo capaces de elegir. La manifestación de libertad por excelencia es, ¡Ahora yo elijo! Y elegir es un acto callado. No es un acto vociferante de rebeldía. La rebeldía es un reconocimiento de que hay alguien fuerte ante quien queremos manifestarnos. La libertad, la elección, es una comprobación de que el fuerte somos nosotros y que al elegir lo podemos hacer silenciosamente porque no tenemos nada que demostrarle a nadie. Elegimos silenciosamente acatar el confinamiento, porque nos beneficia y es beneficioso para otros. Elegimos tener una actitud positiva ante las circunstancias adversas porque quejarnos o subirnos por las paredes, son gastos insensatos de energía. Elegimos beneficiar a aquellos con quienes convivimos. Elegimos ocupar bien el tiempo. Elegimos agradecer los dones, esas circunstancias que no hemos fabricado nosotros y que nos hacen la vida más agradable o eficaz. Elegimos realizar unas buenas prácticas que mejoren nuestra calidad de vida, no para un puro disfrute hedonístico sino para transitar con éxito por esta crisis. Elegimos hacer planes para cuando termine todo esto, para que ese nuevo día no nos sorprenda desprevenidos.

Con estas privaciones, con estas limitaciones aceptadas, hemos aprendido mucho sobre la libertad. ¿Cuánto de esto que hemos aprendido seremos capaces de trasladarlo a la nueva normalidad? ¿Y para cuánto podría servirnos en la construcción de esa nueva normalidad?

 

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