Esperar la eclosión

Publicado el 13 abril, 2020
Categoría: espiritualidad
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El pueblo cristiano conmemoró ayer domingo la Pascua y ciento-diecinueve países la siguen conmemorando hoy lunes. Veo esta Pascua como la posibilidad de renacer, de descubrir nuevos brotes en el tronco viejo, de florecer, de descubrir nuevas posibilidades en nuestras zonas de confort, de iniciar caminos nuevos, de emprender en nuevos proyectos. Metanoia significa transformación profunda de corazón y mente. Es un examen de toda actividad vital y una transformación de la manera como se ven y aceptan los hombres y las cosas. En Pascua, y en todo momento, podemos emprender por una metanoia.

Hay situaciones personales que nos conmueven tanto, que de tal manera nos impactan, que precipitan en un corto período de tiempo, cambios muy grandes en nuestra manera de ser. Eso ocurre, por ejemplo, ante un serio quebranto de salud, ante un accidente, ante un cambio de estado civil, ante una crisis familiar. Sin esos grandes eventos, apenas cambiamos en pequeños pasos.

¿De qué manera nos afectará esta severa pandemia que tan profundamente y durante tanto tiempo ha cambiado nuestras rutinas, nuestras expectativas y sin duda nuestro futuro? ¿Volveremos a la salida del confinamiento a nuestros viejos hábitos, a nuestras ilusiones de siempre? Podríamos. Podríamos hacerlo así. El cambio es costoso. La memoria es flaca. Los propósitos se borran. El ideal cansa.

Tenemos una energía y un tiempo limitados. Ese tiempo que parece no se va a acabar nunca, esa energía inagotable que nos mueve, son limitados. El tiempo y la energía que dedicamos a tantas banalidades lo podríamos estar utilizando por ejemplo en cultivar un pasatiempo desafiante y placentero. Eso sería gastar bien el tiempo y la energía. Pero podríamos ir más allá. El tiempo y la energía podríamos, no gastarlos, sino invertirlos. Invertir es aumentar nuestra capacidad productiva. Todos tenemos una determinada capacidad productiva. Y no aludimos solo a nuestra capacidad para producir unos resultados, que el mercado compensa proveyéndonos un ingreso. Pensemos en esa, pero no excluyamos nuestra capacidad para aportar al bien común. Intercambiando afectos. Dando consejo, o buen ejemplo. Planteando retos fecundos a quienes nos rodean -familiares, colaboradores, jefes, conocidos-. Apoyando o estimulando las buenas propuestas. Difundiendo la idea de que se puede vivir en serio. O agregando trazos al diseño de una nueva realidad que bulle en la mente de algunos que apenas logran entreverla, pero que palpita en esa ansia indefinida de bien en casi todos.

Ayer fue el día de los huevos de Pascua. Un huevo es un ave en camino. Ningún huevo lo será por los siglos de los siglos. Un huevo ya es una maravilla, pero su transformación en ave, es una explosión de ser. Animemos a todo huevo y esperemos seguros esa explosión de ser, que llenará al mundo de nuevas aves. Cada uno de nosotros, cada familia, cada grupo que esté vivo, es un nido. Ahí proyectos. Ahí creaciones en ciernes. Ahí anhelos. Ahí ideales que aún no logran perfilarse. Ahí voces que buscan la armonía con otras voces. Todo a la espera de que amorosamente hagamos lo que hay que hacer para que ocurra la eclosión. Podemos elegir el qué me importa o ir sumando voces al coro.

 

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