Singularity University

Publicado el 24 febrero, 2020
Categoría: Desarrollo
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El impresionante evento desarrollado por Singularity University los días 19 y 20 de febrero en el Centro de Convenciones, está llamado a representar un hito en la vida de Costa Rica. Casi una veintena de expositores muy reconocidos por su inserción en el mundo de las ideas y las realizaciones, sonaron alarmas, encendieron luces, mostraron posibilidades, formularon llamados y despertaron entusiasmos en torno a una serie de temas de gran importancia para las personas, las empresas y el país. Intento mencionar, de memoria, y acudiendo a mis propios significados, los conceptos subyacentes en todos los componentes del evento.

Hay un macro cambio en marcha en el mundo. Se le podría llamar genéricamente Cuarta Revolución Industrial como se le bautizó hace años en el Foro Económico Mundial. A diferencia de la primera revolución industrial, el impacto del macro cambio que está en marcha es exponencial. Los telares que se pusieron en funcionamiento al inicio de la primera revolución tenían más o menos la misma productividad que los que se pusieron en marcha lustros después. Digamos que los primeros tenían productividad 2, los de segunda generación, productividad 2 y los de tercera, productividad 2.  Hoy, la revolución no es mecánica como en el caso de los telares, sino que es digital. Mire su teléfono celular. Llamemos 2 a la productividad del primero que usted tuvo. Recordará el segundo y su productividad, la cual quizá era el doble de la del primero, o sea 4. La del tercero fue el doble de la del anterior, o sea 8. Este crecimiento de productividad, como ya lo habrá adivinado, es exponencial porque toma la base 2 y la eleva a potencias 1, 2 y 3. Pero la dinámica de este macro cambio no termina ahí, porque también recordará que su primer teléfono celular tuvo un precio mucho más alto que el último que ha adquirido. Y esto es cierto de toda esta revolución tecnológica cuya explicación está en la conocida Ley de Moore.

Esta realidad tecnológica le ha dado ubicuidad a las tecnologías digitales: están presentes en la mayoría de nuestras actividades comunes y su presencia solo tiende a aumentar. Y eso se ha convertido en fuente de bienestar para grandes segmentos de la población. Solo imagine la disponibilidad de información con la que contamos hoy y las posibilidades de esa información de convertirse en mejoras en nuestro bienestar. Uber, los MOOCs (cursos libres, abiertos), la telefonía totalmente accesible (dos celulares por habitante, en Costa Rica), son herramientas de alto potencial, solo en espera de que vayamos aprovechándolas.

A Singularity University le he escuchado reiteradamente dos conceptos. Uno, el de la abundancia, otro el del impacto de los cambios sobre billones de personas. Los entiendo así: el impacto tecnológico del macro cambio inevitablemente producirá abundancia. En San José, durante muchos años tuvimos tres o cuatro bibliotecas. Hoy cada teléfono celular, gracias a la Internet es una biblioteca con una eficiencia y una amplitud superiores a lo que nunca soñamos poder obtener en las bibliotecas tradicionales. Eso es abundancia. Cuando la CCSS introduzca los diagnósticos médicos realizados por sistemas digitales inteligentes, eso equivaldría a elevar a potencia el número de médicos que atienden la consulta externa en todo el país. ¿No es eso abundancia? Y en cuanto al impacto, imagine un sistema educativo mundial, en el cual las mejores lecciones de los mejores profesores puedan llegar en sus respectivos idiomas a todos los niños y jóvenes del mundo. Y donde todos los participantes tengan oportunidad de ser maestros de sus condiscípulos. Repare en la diferencia entre esto y producir un libro excelente y tendrá un ejemplo de lo que es un impacto millonario.

Singularity University está en Costa Rica. Es una oportunidad para conectar nuestro aprendizaje, nuestro entusiasmo, nuestras esperanzas, a su mensaje, sus investigaciones, su visión. Ha llegado la hora de apostarle en serio al siglo XXI en educación, productividad y gobernanza. Debemos abrir las ventanas de esas actividades para que entren aires nuevos. Es tiempo de remozar los sueños. De dejar de mirarnos el ombligo. De abrir espacio a las nuevas mentalidades. A las nuevas formas de visualizar la realidad. A las metas desafiantes. De emprender nuevos caminos. Los rasgos singulares de nuestro país podrían estar a punto de ponernos rumbo a las estrellas. Y esto es algo que no solo depende de quienes nos gobiernan sino de la responsabilidad con la que cada uno de nosotros -habitantes, ejecutivos públicos y privados, formadores de opinión- nos tomemos estas oportunidades.

alvarocedeno.com

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