Buenos alcaldes

Publicado el 27 enero, 2020
Categoría: Eficacia
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 El próximo domingo elegiremos alcaldes y miembros de los consejos municipales. Desde que elegimos alcaldes en el 2002, se ha modificado mucho el panorama político-electoral. Entonces estábamos más cerca del bipartidismo y pienso que esos partidos tenían mucho más significado en la decisión de voto de los ciudadanos.  ¿Cuáles criterios deberíamos considerar a la hora de escoger alcaldes hoy?

Sabemos que es preferible una persona sin título que un título sin persona. Pero empecemos por señalar algunos requisitos en el campo de los conocimientos. No necesitamos doctores en gestión pública, pero no deberíamos votar por personas que lo ignoraran todo en esa materia. El mundo cambió. La mayor parte de nosotros nos enfrentamos al mundo de hoy con los conocimientos de ayer. Los mejores candidatos a alcalde son los que hacen el esfuerzo por abrirle la puerta a este presente tan novedoso.

Podríamos leer los programas de acción, pero nos hace desconfiar aquella constatación de la sabiduría popular que dice que el papel aguanta lo que le pongan. Podríamos asistir a un debate y escuchar las exposiciones para ver quién es la persona más persuasiva, pero sabemos que hay una diferencia entre imaginar, pensar, hablar y hacer, y lo que querríamos de la persona que ejerza la alcaldía es que produzca resultados beneficiosos para la comunidad y no que haga hermosos manifiestos o discursos.

O sea que un rasgo importante para tomar nuestra decisión es la capacidad de acción del candidato o candidata. Esa capacidad de acción no es exclusiva de ninguna profesión, sino que es más bien un conjunto de rasgos de la persona, de los cuales nos hablan las realizaciones que haya tenido. Por ejemplo, ha demostrado más su espíritu emprendedor la señora que tiene éxito con una pulpería en la cochera de su casa que muchas personas que han tenido cargos de alto nivel y bajos logros en una gran empresa. En todas las comunidades hay personas que han tenido éxito sacando adelante a un equipo deportivo, organizando un torneo, introduciendo cambios en la comunidad, robusteciendo las instituciones educativas del cantón, organizando a la comunidad para atender emergencias, para promover mejoras o para realizar gestiones ante instituciones o ministerios. Los candidatos mejores son quienes puedan mostrar logros y realizaciones, privados o comunales.

¿Cuáles serían los rasgos principales que definen la capacidad de acción? Empecemos por ver si la persona se apega a los hechos de la realidad, si tiene los pies sobre la tierra. Se disipa mucha energía quejándose sobre cómo es la realidad o intentando hacer cosas que, según esa realidad, resultan imposibles. Después veamos la actitud que tiene ante los problemas. Quien los ve más como calamidades que como retos, que no vaya a la alcaldía. Quien se amilana ante los problemas está a gran distancia de quien se siente acicateado por ellos. Conviene enfrentarse a los problemas con un cierto método, o sea que es importante la fuerza, pero primero debe estar la maña. No se trata de llegar milagrosamente a soluciones, sino de seguir un camino para elegir las mejores. Querríamos saber sobre su integridad como persona: ¿Es veraz? ¿Es justa? ¿Entiende el cargo como oportunidad de servicio o lo busca como una necesidad de su ego? ¿Está dispuesta a rendir cuentas? ¿Sabe asumir responsabilidades? ¿Tiene suficiente humildad para pedir y escuchar consejos? ¿Tiene capacidad para cuestionarse a sí misma?

Y sobre su reciedumbre: ¿Sabe soportar presión? ¿Sabe exigirse a sí misma igual o más que a los demás? ¿Se toma en serio las cosas o vive de modo superficial?

La comunidad se beneficia de que el alcalde sepa ver por encima de las circunstancias cotidianas hacia dónde se está moviendo la humanidad y el país. Por tanto, debe tener visión de futuro y visión de conjunto, esto es, que no crea que el mundo se termina en los límites del cantón ni que la realidad que el cantón enfrenta hoy permanecerá así por los siglos de los siglos. Ha de tener por tanto una visión sistémica, entender que prácticamente todo depende de todo, ser sensible, promover y utilizar conexiones y redes. Hay enormes cantidades de energía en los habitantes y en las empresas y entidades de la comunidad. El alcalde debe ser el líder del desarrollo de la comunidad, con programas de impacto. Las comunidades crecen en aspiraciones, conocimientos, sensibilidad, solidaridad. Los alcaldes deben contribuir a ese crecimiento. ¿Qué hará esta municipalidad sobre cambio climático? ¿Le parece que sería beneficioso que los estudiantes sean más responsables? ¿Puede mejorar la eficacia de los maestros? ¿Puede la municipalidad mejorar la salud física y mental de la comunidad?

Y como no estamos buscando a supermán ni a la mujer maravilla, sino a alguien que sea capaz de entusiasmar a otros para lograr resultados, nos gustaría ver la habilidad que tiene para trabajar con otros. Un buen alcalde es una persona que es exitosa gestionando acuerdos con personas y entidades externas a la municipalidad. Pero también sabe influir en el consejo municipal. El alcalde no es el mandadero del consejo. Ambos órganos deben trabajar sinérgicamente. Queremos un ejecutivo que ejecute lo que decide el Consejo, pero que haya influido de manera inteligente en esas decisiones, mediante iniciativas, información, razonamientos. La eficacia del consejo municipal debe beneficiarse de la influencia del alcalde.

Un propósito que un buen alcalde debería hacerse es dejar a la municipalidad, dentro de cuatro años, con mayores capacidades que las que tiene hoy. A eso se le llama desarrollar la organización y tiene que ver con el ambiente de trabajo que logre crear, con los talentos que logre atraer y con los métodos y sistemas que establezca.

Este artículo originalmente fue publicado en el periódico La Nación el 28 de octubre de 2002 con ocasión de la primera elección de alcaldes y ha sido corregido y aumentado para los lectores de esta columna, en enero de 2020.
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