Propósitos

Publicado el 13 enero, 2020
Categoría: Aprendizaje
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Pregunto a la chica que me atiende qué espera para el año nuevo. Responde: seguir acumulando conocimientos. Ah, qué bueno. ¿Dónde estudia? Le pregunto. Y me responde con un dejo de minusvaloración.  No. Yo sola. Online. En mi tiempo libre. Entiendo el dejo: la educación formal, institucionalizada, ha estrujado al autoaprendizaje, a la educación informal, a la actividad cognitiva de todos que tiene curiosidad, se plantea preguntas y se alegra cuando obtiene respuestas. Siempre me ha sorprendido lo que saben y la forma como discurren quienes tienen una educación formal muy reducida y me lleva a pensar en la capacidad natural de aprendizaje que tenemos todos. Pasamos de la educación para unos pocos, a la institucionalización de la educación, lo cual la hizo posible para grandes mayorías, con gran eficiencia. ¿Quedamos tan deslumbrados con el cambio que dejamos de pensar en que hay otras formas posibles?

A ella, y a todos, jóvenes y mayores, quienes valoran ir agregando conocimientos de manera informal, quiero dedicar estas reflexiones.  Se puede obtener conocimientos valiosos informalmente. La Internet está llena de posibilidades de adquirir conocimientos. Nuestra capacidad de agregar conocimientos, o sea, nuestra capacidad de aprender es susceptible de ser mejorada. No somos como una máquina de aprender de capacidad limitada, sino que nuestra capacidad, si la atendemos debidamente, puede aumentar con el uso (Carol Dweck).

 ¿Qué se necesita para aprender por uno mismo? En primer lugar, hay que congratularse de que la información llega hoy hasta nuestros teléfonos celulares. Pero llega en tal abundancia que, si no discriminamos, lo que vamos a tener es una indigestión cognitiva. He visto por ahí que la variedad y la velocidad con la cual se leen contenidos en la red, hacen difícil la recordación. Conviene entonces renunciar a ser enciclopédico y mantener unos cuantos temas sobre los cuales, en vez de pasar los ojos sobre los textos, se haga algún esfuerzo por entresacar lo importante. En torno a esos temas se puede ir conectando información, encontrándole sentido y convirtiéndola en conocimiento.

Un cristal puede crecer a partir de otro cristal muy pequeño, introducido en una solución donde se encuentren moléculas de la sustancia requerida. O sea que las moléculas disueltas en el líquido se van ordenando en torno al cristal semilla, de manera que luego el cristal aumentado tiene las mismas características de forma que el que fue su punto de partida. Entonces cuando hablo de focos de interés, quiero decir intereses semilla. Pueden ser disciplinas (medicina, ingeniería, economía). O pueden ser temas dentro de esas disciplinas (cáncer de piel, estructuras, inflación). O podrían ser mucho más específicos (exposición al sol, cerchas, déficit fiscal). O más específicos aún (vitamina D, madera apropiada, carga impositiva)

¿Y dónde pondremos lo que entresacamos?  Habrá que tener una carpeta sobre cada foco de interés. ¿Y si leemos algo que nos parece muy interesante, pero sobre lo cual aún no tenemos una carpeta abierta? Podríamos tener un cuaderno de vida, en el cual anotemos la fecha en la cual leímos sobre el tema, una frase resumen y el vínculo que en el futuro nos podría llevar de regreso a ese contenido.

Leer no es ir pasando la vista sobre un contenido. Hay que identificar las ideas. Ver cuáles son las principales. Y, sobre todo, relacionarlas con algo que ya sepamos. La vieja recomendación de repetir lo que hemos entendido, sigue siendo válida según los nuevos aportes de la neurociencia. Es laborioso pero eficaz. Para ello hay que ser paciente. No tengamos la fantasía de que vamos a crear conocimiento de la noche a la mañana, pensemos más bien en el silencio y con el ritmo con los cuales va creciendo el cristal.

No le pude decir todo esto a la señorita mientras hacía la factura. La probabilidad de que  vea este artículo es bajísima. Pero usted lo está viendo y a alguien que usted conozca le podría ser útil. Hágaselo llegar.

 

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