El gordo navideño

Publicado el 23 diciembre, 2019
Categoría: Convivencia
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El lunes después del gordo navideño es para muchos, día de lamentos: de casi casi; de yo iba a comprar el número tal; de siempre juego el 15, pero esta semana no. Pero también es día de reflexiones, como esta que me envía un amigo: Cada día todos pegamos el gordo de la existencia, de la conciencia, de la voluntad, de la creatividad, de poder apreciar lo bueno, bello y verdadero; del don de poder amar, de ejercitar la hermandad, la inclusión y la compasión con todos; de ver la manifestación de lo divino en todo lo existente; y de infinidad de posibilidades…

A lo cual comento: Sí. Todos los días pegamos el gordo. Tiene usted razón. En ese sorteo de cada día la probabilidad de pegar el gordo es muy alta. Tal vez se podría decir que todos los que compran un número, pegan un premio. Y podríamos decir más: que si estamos conscientes de esa lotería, ni siquiera es necesario comprar un número. Que los números están disponibles y que no es necesario entregar nada a cambio, o sea, que el juego es gratis.

Pero no todos juegan, aunque es gratis. Hay quienes ignoran la existencia de esa lotería. Por ejemplo quienes piensan que el oro vale pero la amistad no.  Hay quienes teniendo números en ella, no saben cómo gestionar los premios. Por ejemplo quienes teniendo cerca de sí seres a quienes amar, los aman sin darse cuenta. Eso equivale a pegar la lotería y no saber qué hicimos con los pedacitos que compramos. O quienes obtienen los premios pero no los llegan a hacer efectivos. Como quienes recibiendo amor, no lo perciben por tanto ruido como hay en sus vidas. Ganaríamos mucho si se nos recordara periódicamente que todos los días se juega esa lotería.

Empecemos por deleitarnos intensamente con lo que nos gusta. Como esa taza de café. No la tomemos de prisa, mientras revisamos la lista de pendientes. Deglutir es una cosa; disfrutar es otra. Y deleitarnos es poner atención plena en el disfrute. Disponemos de tantas cosas que su utilidad marginal es baja. Truco: imaginemos que no disponemos de tanta ropa, tanto alimento, tanto confort. La utilidad marginal sube. Comer recordando las escenas de la película “El Pianista”, le agrega satisfacción a cada bocado. Como decía Facundo Cabral, tú no estás deprimido. Estás desatento.

Agradezcamos las maravillosas señales que nos da nuestro organismo: el cansancio, el sueño, el hambre, el entusiasmo, el temor, el dolor, el afán de lucha.  Señales como estas han hecho sobrevivir a la humanidad.  Valoremos los bienes gratuitos como la amplitud del parque, la sombra de un árbol, el frescor de la brisa, el rumor del arroyo, el canto del pajarillo, los destellos del plumaje del colibrí, la expresión de algunas personas, cuando el rostro refleja su espíritu: optimismo, laboriosidad, alegría, sorpresa, bondad.

Valor es la capacidad de las cosas de producirnos satisfacción. Precio es lo que tenemos que pagar por algunas de ellas, no por todas. Cuidado con merecer el dicho de Machado: todo necio, confunde valor y precio.

 

Alvarocedeno.com

 

Ver también https://alvarocedeno.com/2004/02/02/transductores/

 

 

 

 

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