Capacitación y crecimiento

Publicado el 16 diciembre, 2019
Categoría: Desarrollo
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Para muchos de nosotros, se acercan unas lindas vacaciones. El clima es agradable y bellos los recuerdos asociados a la época. Todo llama a enfocarnos en la familia y las relaciones afectivas cercanas.

Nos alejaremos del trabajo habitual y sentiremos cuán valioso es el ocio y posiblemente pensaremos en cuán grato sería disponer habitualmente de más tiempo libre. Tal vez un día las ciencias que tienen que ver con el uso de nuestro tiempo y nuestra energía nos traigan ese regalo.

El trabajo, como el ocio, nos provee de frutos valiosos. Tenemos compañeros con quienes nos vinculamos estrechamente. Colaboramos en empresas que aumentan nuestra seguridad personal y en algunos casos, permiten que nos sintamos orgullosos de ellas. Encontramos en nuestro trabajo desafíos cuyo trámite nos permite auto-realizarnos y robustecer nuestra autoestima, y por último, pero no menos importante, obtenemos un ingreso.

Además, así como las buenas empresas año con año aumentan su capacidad para enfrentar retos, que es lo que llamamos desarrollo organizacional, también los buenos colaboradores, se desarrollan como personas, a veces independientemente de su trabajo, pero en algunos casos, con ocasión de su trabajo.

Las empresas hacen esfuerzos de capacitación. Esos esfuerzos son miopes si solo se dirigen a obtener un aumento de la productividad de su personal y todas harían muy bien en darle a esos esfuerzos de capacitación, el propósito adicional -y trascendente- de promover el desarrollo humano de los colaboradores, esto es, apuntar a que ellos se vayan convirtiendo, con ocasión del trabajo y de la capacitación, en mejores personas.

Un mejor ser humano es un ciudadano más responsable; un vecino más considerado; un miembro de su familia que tiene una estrategia deliberada para buscar el bien de sus parientes; una persona que aprovecha bien su tiempo y su energía; que gestiona su propio crecimiento personal; que sabe gestionar su propia felicidad. Y desde luego, un colaborador responsable con la empresa.

Esta debería ser la aspiración de todos los así llamados programas de capacitación de las empresas. Estarían de esta manera robusteciendo su capacidad competitiva y cumpliendo una de las dimensiones de la responsabilidad social corporativa. Programas con esa perspectiva motivan a los participantes, de manera que no se sientan “matriculados” en el programa sino invitados a vivirlos intensamente, porque en ello va envuelto su propio beneficio personal.

La empresa socialmente responsable, se ve a sí misma, no solo como parte de un sistema proveedores-empresa-clientes, sino como parte de una constelación en la cual participan los colaboradores, sus familias, la comunidad y otros grupos de interés.

 

Alvarocedeno.com

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