Manejo de impulsos

Publicado el 28 octubre, 2019
Categoría: Artículos, temperamento
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¿Se ha dado cuenta de cómo un estado de ánimo apacible y hasta de disfrute, ante una circunstancia muy puntual, muy solucionable, se puede convertir en un estado de zozobra, de ansiedad, y hasta de ira? Ejemplo: usted sale de una cena en un restaurante, donde fue bien atendido, disfrutó de la comida y valora el intercambio que tuvo con sus acompañantes, y cuando llega al parqueo, encuentra que una de las llantas de su auto, está desinflada.

Pero esto no es una lección de hágalo usted mismo. Es más bien una reflexión sobre cómo conviven en nosotros dos fuentes distintas de comportamiento: la jovialidad, la razonabilidad, de pronto se ven nubladas por el pesimismo, el malestar, la ira. Vivimos expresándonos en dos canales. Llamémoslos Canal I y Canal II.

Ese jefe optimista, constructivo, entusiasmante, de pronto se nos asusta con un resultado y se pone ansioso, regañón, hiriente. O esa madre afable, cariñosa, de pronto entra en emergencia y empieza  a ver todo de color oscuro.

Hoy no queda duda de que nuestro comportamiento civilizado y agradable, se origina en los núcleos pre-frontales de nuestro cerebro, ahí donde articulamos y razonamos. Es el Canal I en vivo y a todo color. Y en cambio nuestros temores, nuestra agresividad, nuestra ira, nuestra sensación de que nos pueden estar preparando una trampa o de que se han confabulado contra nosotros, tienen su origen en núcleos evolutivamente más primitivos de nuestro cerebro. Es el Canal II con sus tremendos programas.

El Canal II tiene una función, al igual que todo el cerebro. Su función es ayudarnos a sobrevivir. Si no tuviéramos temor, sucumbiríamos en el primer peligro real que enfrentáramos. Si no desconfiáramos de lo que nos ofrecen, andaríamos de pérdida en pérdida. Si no nos sintiéramos a veces llenos de ira y agresividad, no podríamos enfrentar los desafíos externos canalizando todo nuestro ser hacia la lucha. El problema está en no saber controlar esas explosiones y pasarse en un permanente estado de lucha o de temor.

Si estamos en peligro, conviene operar en Canal II. Entonces hay que decidir si luchamos o huimos. Cuando estamos bajo ataque, el corazón va más de prisa, nuestra fuerza física aumenta, la voz se torna amenazante. Pero a veces ni estamos en peligro ni bajo ataque, pero nuestros hábitos o nuestra imaginación nos hacen sentir así y reaccionamos como si lo estuviéramos.

Cuando un colaborador comete un error, nos enojamos como si lo hubiera hecho por molestarnos. Cuando alguien no cumple una orden, imaginamos que lo hizo por creer que se podría salir con la suya. Y nuestra reacción es agresiva, a veces irrespetuosa.  Hablando se entiende la gente, solemos decir, pero a veces recurrimos más a la regañada. Esto tanto en la casa como en la empresa.

Pongamos atención a ver cuáles son las cosas que nos hacen perder la dulzura de carácter. Nada más démosnos cuenta de cuáles son las razones por las cuales se nos dispara el Canal II. ¿Qué es lo que suponemos cuando nos enojamos? ¿Cuáles son las raíces de lo que tememos? ¿Qué es lo que hay detrás de nuestro estrés o de nuestra frustración? Si nos damos cuenta de esto, de manera automática se iniciará un proceso de mejoramiento personal. Nuestro yo interior, al darse cuenta, tomará nota y dará pasos de mejoramiento. Observar las fuentes de nuestro comportamiento es parte del viejo llamado a conocerse a sí mismo y es el paso uno de todo cambio personal.

Visite la página web  Alvarocedeno.com. Si desea leer más sobre el tema de esta nota, aquí le dejamos estos vínculos:

https://alvarocedeno.com/1997/06/09/luchar-o-huir/

https://alvarocedeno.com/2004/06/07/mal-caracter/

https://alvarocedeno.com/2015/12/28/juan-cachos/

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