Creencias y comportamiento

Publicado el 2 septiembre, 2019
Categoría: Artículos, Comportamiento
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Las creencias gobiernan nuestro comportamiento. Son afirmaciones que damos por ciertas. Si creemos que no se debe comer ciertas frutas por la noche, nunca las comeremos. O si creemos que lo que está pendiente el viernes, mejor comenzarlo con toda gana el lunes, nunca iniciaremos nada los viernes. Esas creencias no están por ahí en un archivo mental a donde vamos a consultarlas. Están más bien como en la sala de máquinas a donde casi nunca bajamos.

Todos queremos que nuestro comportamiento esté conducido robustamente. Conviene entonces examinarlo para determinar cuánto tiene fundamento racional, cuánto tiene fundamento en creencias sensatas y cuánto en creencias insensatas.

Supongamos que alguien cree que para inventar algo hay que ser ingeniero. O que para participar en una media maratón hay que ser un atleta. Si no es ingeniero o nunca ha asistido a un gimnasio, no intentará buscar soluciones o practicar la carrera. Se estará limitando a sí mismo, con base en una creencia insensata.

Alguien puede creer que el poder es para usarlo. La creencia tiene sentido: alcanzar un puesto es parte del desafío, pero la otra parte más importante es ejercerlo con éxito. Entonces, la creencia a secas deja sombras que si no las iluminamos, conducirán a comportamientos perjudiciales. Iluminamos la creencia cuando la analizamos y examinamos las consecuencias de sus elementos componentes. Por ejemplo: ¿Conllevan los puestos la responsabilidad de producir resultados? ¿Deben esos resultados procurar el bien común? ¿Basta con lograr el bien personal? ¿El uso del poder tiene un límite? ¿Se tiene conciencia de lo que es la arbitrariedad? ¿Se puede ejercer el poder con la única guía del beneficio a corto plazo o hay que procurar la sostenibilidad? Si no nos hacemos esas preguntas, el uso que hagamos del poder será menos óptimo que si nos las respondemos adecuadamente.

Cuando hacemos matemática o ciencias, no podemos ir dejando áreas en la sombra. Igual cuando queremos que nuestro comportamiento sea robusto, deberíamos hacer este esfuerzo de reflexión, de análisis, de aclaración, de enriquecimiento de lo que creemos y de examen de sus consecuencias, porque creer algo, siempre tiene consecuencias. En eso consiste el proceso de crecimiento personal.

El método está claro. El tiempo para hacerlo es difícil encontrarlo. Pero lo más difícil es considerar que esto es un asunto de importancia. Drucker, en un libro cuyo título se puede traducir por “La gestión de sí mismo” recomienda ese esfuerzo permanente por aprender de sí mismo, de la propia experiencia. Y eso es atendible porque él no fue un autor de auto-ayuda, sino alguien cuyo interés primordial fue la eficacia.

 

Alvarocedeno.com

 

2 Comentarios
  1. Sobre el “fundamento racional”, asistí al IV Coloquio sobre Psicopedagogía (UNED, 16-17-18 de agosto 2019). Quedó claro: somos seres emotivos y pretendemos pensar en esos “términos racionales”. Es una batalla entre el cerebro y las amígdalas. Y, es cierto, somos susceptibles de ser cooptados por personas tóxicas, quienes nos plantan creencias insensatas; el cerebro nos da una orden, y, hacemos otra cosa. Esas patologías deben ser reconocidas y atendidas. Pero, contradicción, el cerebro es esencialmente “emotivo”, claro es posible aprehender y aprender creencias sensatas, pero, siempre un pero, en “la sala de máquinas”, podría ser que ganen las creencias insensatas.
    Como referencia reciente, en La Nación se han publicado dos artículos: “¿Volvió el capitalismo de las partes interesadas?, Joseph E. Stigliz, 31-08-19; y, “Friedman y la razón de ser de las empresas”, Thelmo Vargas. Uno critica al Ingeniero Friedman, y, otro lo ensalza. En forma y fondo, es un enfrentamiento entre creencias, una sensata y otra sacada de la bruguería economicista. Cada cual etiquete según sus creencias.
    Sobre el fondo de este asunto, el 26 de marzo presente año, en el Colegio de Economistas de Costa Rica, un grupo de españoles de la academia, como una cortesía, nos brindaron unas conferencias sobre la Economía del Comportamiento. Al final, un fanático de la Escuela Clásica, atacó con sus creencias sensatas e insensatas lo planteado, fundado en el hecho de que la escuela clásica es la única “ciencia económica”. Cuando se iba a discutir eso con los presentes, el moderador cortó, se llevaron la bola. Y, costó mucho diligenciar la entrega de esas presentaciones.
    Conozco un deporte donde la capacidad de ejecutarlo se demuestra llevando las personas a su completo agotamiento; se condiciona una forma de aprovechar al máximo la capacidad mental y física, ésta comprobado, en esas condiciones de agotamiento: no se requiere un hábito para hacerse de monje.
    Lo que vale, tal y como lo señala el artículo, es el método. “El método está claro”, y, básico :“La gestión de sí mismo”.
    Recuerdo, en sus clases, enfatizaba: los mejores gerentes son aquellos sin educación universitaria, por lo tanto sin posibilidad de ostentar títulos.

  2. Un adicional.
    El caso de La Argentina, es una demostración de un mal método, llevó al desconocimiento de la realidad familiar, y la suplantación de creencias sensatas por insensatas.
    La ocurrencia, ,de creerle todo a los hechiceros del FMI,, es insensato. Y, ahora una pérdida no sólo para La Argentina, sino para Latinoamérica.
    Soy de ascendencia argentina, y, partidario de Macri (no voto…); considerando aquello de ser mejor el “menos malo”.
    Fue un choque de creencias sensatas e insensatas, …no, fue un problema de ausencia de método adecuado, tal como lo señala el artículo. El método regula las creencias, y, les puede cambiar de signo.
    Desoyeron a los principales afectados,no los tomaron en cuenta, y, los perdieron. No ha sido el único caso, la historia se replica y repite.
    Nuevamente, gracias.

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