La próxima huelga

Publicado el 19 agosto, 2019
Categoría: Artículos, Política

El pasado lo conocemos. Para muchos, el gobierno le aflojó indebidamente a los sindicatos en la huelga de hace quince días. El razonamiento lleva buena dirección, pero no es exacto. Se habla de lo que se perdió –porque como sociedad, salimos perdiendo- pero no de los costos que hubiéramos tenido, si el gobierno no hubiera aflojado.

El mismo término que estoy utilizando –aflojar- indica que se trataba de un pulso. Y sí. Se trataba de un pulso. Más que de un pulso, donde se supone una cierta fuerza semejante entre los contendientes. Esto no fue un pulso. Algunos lo han calificado de extorsión. De violación de derechos de la mayoría. Lo mismo que la huelga de transportistas y cuatro estudiantes.

En la huelga de transportistas y estudiantes, las autoridades disolvieron los bloqueos por la fuerza. Dos cosas a aprender: no es prohibido usar la fuerza. No es prohibido que el estado utilice la violencia. ¿Por qué solo se utiliza la fuerza después de que los violadores nos han causado daños por días? La Sala Cuarta ha dicho que el gobierno debe solucionar esas violaciones.

Hay una cuestión de términos que nubla nuestro pensamiento. Y le quita energía a las fuerzas que estánen la acera de enfrente de los extorsionistas. Llamarle bloqueo a las acciones que impiden la libre circulación, es como llamarle traslado de posesión a un robo. Llamemos a la cosas por su nombre. ¡Me robaron el celular! No fue que el celular cambió de manos. ¡Me extorsionaron para no llegar a Limón! No fue que se pararon en la calle a mirar el paisaje. ¡No fue que se perturbó el programa de cirugías en los hospitales! Fue que se extorsionó a la mayor parte del personal médico y paramédico, para que no pudieran atender las largamente esperadas citas de los pacientes. ¡No fue que los pacientes se vieron sometidos a una reprogramación! Fue que un grupo que está muy lejos de ser mayoritario, perturbó su calidad de vida, presente y futura.

Verdad de Perogrullo: sobre el pasado, no podemos accionar. Así que lo que dejo mencionado tiene sentido de futuro. Sobre el pasado podemos culpabilizarnos o lamentarnos, pero eso solo sirve si atiza el aprendizaje con sentido futuro. Los pudo-haber-sidos son de baja eficacia. Los será, sí que pueden tenerla alta.

¿Alguien en el Gobierno se está ocupando de qué se va a hacer en la próxima huelga? Porque no hay que ser adivino para saber que el trámite del proyecto de ley de empleo público, llevará a confrontaciones. Ni hay que ser García Márquez para saber quiénes serán los actores y cuáles las acciones. Démosle valor a la derrota que sufrió la institucionalidad en la última huelga. Preparémonos para que esta vez los extorsionistas no se salgan con la suya.

¿Qué se podría hacer? Una fuerza de tareas (task force) dentro del gobierno, debería estarse diciendo lo siguiente:

La huelga será más pequeña y débil, si la desalentamos. Si dañamos sus raíces. Si la hacemos más costosa para sus actores. ¿Cómo se hace esto?
Este afortunadamente es un país de paz, así que nos cuesta entender los intercambios previos a las guerras. Pero en países con ejército, antes del conflicto, hay que enseñar los dientes, a fin de que se vea que no todo va a ser coser y cantar si usted ataca a su vecino. Mostremos los dientes.
Hay que preparar una explicación apegada al derecho que concientice a sindicatos y víctimas, de la naturaleza y circunstancias de la situación que vamos a vivir.
Hay que tener  preparadas contundentes acciones judiciales para acusar a los participantes activos.
Hay que preparar la fuerza con la cual se intervendrá para proteger a los habitantes de la extorsión.
Demos desde ahora el ultimátum. No días después de que comience la huelga. Esto además de ponerle costo a la huelga, movilizará el apoyo de las mayorías perjudicadas.
Preparemos medidas de mitigación de impacto. Ejemplo: una situación de todos los hospitales paralizados, es peor que una en la cual la mitad de los hospitales estén funcionales. Dediquemos esfuerzos a hacer posible mantener algunos hospitales en funcionamiento. (Y ya que lo digo, directores de hospitales: hagan un inventario de vulnerabilidades para no llevarnos sorpresas tipo Recope-se-perdió-una-válvula-y-no-opera-el-equipo).
Preparemos una campaña de comunicación que le suba el costo político, social y emocional a los extorsionistas.
Establezcamos formas de visibilizar a los perjudicados. Los pacientes, los estudiantes, los habitantes que no se presentan a reclamar sus servicios, dejan de mostrar el costo que estos eventos tienen. Y además pueden transmitir la falsa idea de que no solo hay aceptación resignada, sino solidaridad con la violación de la cual se es objeto.

Aquí, según se ha visto en los últimos eventos, no se trata de gobierno frente a huelguistas. Se trata de mayoría perjudicada y silenciosa, frente a minorías que defienden privilegios. Busquemos formas de que no solo prevalezca el derecho de las mayorías, sino que el vigor de su posición se haga visible.  Demostremos como mayoría que el gobierno no está solo, por más que no nos guste como a veces procede. Que independientemente de nuestra tibieza con el gobierno, no haya ninguna duda de nuestro apoyo a la institucionalidad.  

Alvarocedeno.com

Si esta nota fue de su interés, le ruego la circule en sus medios sociales.

Deje una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.